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El vecino municipio vallecaucano reportó la lamentable pérdida de tres vidas en medio del fuerte terremoto del pasado lunes 10 agosto.

En las calles de Sevilla, Valle del Cauca, el aire todavía huele a polvo de ladrillo y a esa incertidumbre que solo dejan los grandes sismos. Pero sobre ese aroma a tragedia, empieza a imponerse otro: el del sudor de un pueblo que, liderado por su alcalde Manuel Felipe Quintero Ceballos, ha decidido que no se va a dejar vencer por la tierra.

Desde el primer segundo de la emergencia, cuando el estruendo del sismo sacudió las entrañas de este municipio que es, en esencia, un hermano entrañable del Quindío, el alcalde Quintero no ha soltado el megáfono ni la bota de trabajo. Sevilla no es solo un punto en el mapa del Valle; es uno de los vecinos más cercanos de los quindianos, un lugar donde las familias se cruzan en las fronteras invisibles, donde el comercio fluye como la sangre y donde ser sevillano es casi lo mismo que ser hijo del ‘Corazón de Colombia’. Por eso, el dolor que hoy siente Sevilla se siente con la misma intensidad en Armenia, en Calarcá y en cada rincón del Eje Cafetero.

Tres ausencias  

Detrás de las cifras frías, hay historias que se cortaron de tajo. El reporte oficial confirma tres víctimas fatales, tres nombres que hoy son un vacío profundo en la comunidad.

María Edilma Gutiérrez de Muñoz, de 81 años, y su esposo Aristóbulo Muñoz Restrepo, de 83 años, ambos naturales de esta tierra, dejaron su vida en el lugar que más amaban. Sus rostros, marcados por los años y el trabajo en esta zona cafetera, son hoy el símbolo de la fragilidad ante la fuerza de la naturaleza. Junto a ellos, la partida de Hermira Luz Mery Cartagena, de 53 años, natural de Balboa, Risaralda, nos recuerda que la tragedia no conoce fronteras y que Sevilla es un hogar de puertas abiertas para todos los hijos de esta región montañosa.

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“Desde la Administración Municipal expresamos nuestras condolencias a sus familias y seres queridos”, dice el alcalde con la voz cansada pero firme, reiterando que el municipio no dejará solos a quienes hoy lloran a sus muertos en medio de la reconstrucción.

Un panorama de valentía frente a la destrucción

El balance es duro, de esos que aprietan el corazón. 240 casas quedaron reducidas a escombros y cerca de mil viviendas presentan afectaciones que han cambiado para siempre la vida de sus habitantes. Más de 4.200 familias damnificadas hoy miran al cielo esperando que la lluvia no llegue, mientras 58 heridos se recuperan del susto y las lesiones.

Incluso el último descanso se vio perturbado. Un bloque de 35 bóvedas en el cementerio San Luis Gonzaga colapsó, obligando a la secretaría de Salud a iniciar un penoso pero necesario proceso de reubicación de restos. “No se trata de fallecidos por el sismo”, aclara la administración para dar tranquilidad, sino de un proceso de respeto hacia quienes ya habían partido años atrás.

“Sevilla somos todos”

Manuel Felipe Quintero Ceballos no ha sido un alcalde de escritorio durante esta crisis. Se le ha visto en los barrios más afectados, como el Municipal, supervisando que los postes de energía que se vinieron abajo sean reemplazados por el equipo de Celsia. “Sevillanos, un afectuoso saludo cargado como siempre de esperanza y de muchas ganas de salir adelante como pueblo”, es su mensaje constante.

El alcalde ha destacado el comportamiento ejemplar de sus ciudadanos, esa cultura ciudadana que aflora cuando el vecino se queda sin techo. Ha coordinado un equipo de ingenieros, arquitectos y voluntarios que recorren las calles evaluando estructuras, señalizando peligros y pidiendo a la gente que camine con cuidado, pues las tejas de barro —tan hermosas como tradicionales— pueden ser una trampa tras el sismo.

En cuanto a los servicios básicos, el trabajo ha sido incansable. Mientras Celsia recupera la energía en los sectores urbanos y rurales como El Manzano, Palomino y El Venado, Acuavalle ha logrado mantener el flujo de agua, un servicio vital para mantener la dignidad en medio del desastre.

La solidaridad que cruza fronteras

El Coliseo Municipal se ha transformado en el epicentro de la esperanza. Allí, en el centro de acopio, se reciben las donaciones de personas de gran corazón de Sevilla, de otras ciudades y hasta de distintos países. Para poner solo un ejemplo, en un solo día, 330 familias recibieron kits de alimentos, elementos de aseo, colchonetas y frazadas, y la meta del alcalde es que no se quede nadie sin ayuda y atención.

La ayuda no es solo para los humanos. En un gesto que resalta la humanidad del alcalde y su equipo, se han rescatado perros y gatos, entregando alimento a cuatro fundaciones y al albergue municipal. “Todos los sevillanos importan”, afirma Quintero, incluyendo a los que caminan en cuatro patas.

Sin embargo, en medio de la urgencia, el alcalde lanza una advertencia necesaria: “evitar posibles estafas”. La única vía oficial para donaciones económicas es la cuenta de ahorros número 588-32166-1 del Banco de Bogotá, denominada “Sevilla Somos Todos”. No hay Nequi, ni Daviplata, ni intermediarios sospechosos; la transparencia es la prioridad para que cada peso llegue a quien lo perdió todo.

Un futuro que se construye a pulso

Sevilla, el ‘Balcón del Valle’, ese pueblo que mira de frente al Quindío, está herido, pero no vencido. El alcalde Quintero Ceballos lo sabe y por eso apela al sentido de pertenencia de su gente. La reconstrucción será larga, pero el compromiso de llegar hasta la última vereda, San Antonio, Cumbarco, Corozal y todas las demás, sigue intacto.

“Reconstruir a Sevilla depende, Dios mediante, de esta gran tarea que todos vamos a hacer“, concluye el mandatario con un mensaje que resuena en las montañas. Sevilla somos todos, y hoy más que nunca, ese lema es el motor que mueve los escombros para dejar salir, nuevamente, la luz del sol sobre este rincón cafetero.