Lunes, 11 Nov,2019
Cine / NOV 03 2019 / hace 1 semana

47 metros agarra, pero suelta muy fácil

La película 47 metros el segundo ataque tiene un comportamiento similar al del gran escualo en la parte final de la cinta: caza, pero no come.

47 metros agarra,  pero suelta muy fácil

Mucha agua y sangre ha corrido y muchos tiburones se han criado, han crecido, se han multiplicado y han muerto en el intento de, al menos, aproximarse a Tiburón, la pieza maestra de Steven Spielberg, exhibida en 1975. 

A la gran pantalla han llegado tiburones prehistóricos, gigantes, mutantes, blancos y grises, y no han podido destronar al rey, al de Spielberg. Con el director estadounidense pasó como con los grandes atletas, impuso con el gran blanco, el que amenazaba a los turistas de las playas de Amity Island, una marca que hasta ahora no ha sido batida. Fue tan aterradora la historia de Tiburón que logró reunir millones de espectadores en las salas de cine y ahuyentar por un buen tiempo a miles de bañistas en diferentes partes del mundo.

Uno de los logros de ‘47 Metros el segundo ataque’ es evocar, como ejemplo de lo que sí se debe hacer, la cinta setentera de Spielberg con la que se puede confirmar que un largometraje de tiburones no puede reducirse a cuatro palabras: un tiburón matando gente. El tiburón de mediados de los setenta tiene ataques mortales y aterradores, pero no es lo único, hay una historia basada en hechos reales, los personajes evolucionan a lo largo de los 124 minutos que dura el filme, la banda sonora es memorable y lo más importante, también hay tensión fuera del agua.
 

La fórmula no es sencilla, producir una película de este tipo no es simple ni barato, para lograr lo que Tiburón hizo se necesita credibilidad, sorpresa y una tensión permanente que no siempre debe descargarse en el animal acuático de turno. Aunque la sola imagen de una aleta surcando el mar provoca estrés, el suspenso y el terror pueden desvanecerse cuando se subestima el espectador creyendo que lo único que se necesita para provocar sobresaltos son dientes afilados. Tal vez por eso la fórmula, creada por el gran Spielberg, solo la han podido preparar, no con la misma sazón, Jeannot Szwarc en Tiburón 2 y Chris Kentis con Mar Abierto.

Lastimosamente 47 metros está a varios kilómetros de Tiburón en calidad, su historia es demasiado simple y la música acompaña, pero no sorprende; las actuaciones, incluida la de la hija de Sylvester Stallone, no despiertan admiración; uno puede llegar tarde a la sala de cine, media hora para ser exacto, y no se pierde nada. Hay sí, planos subacuáticos bien hechos y bonitos paisajes. Aún lejos, muy lejos de Tiburón 2, que no fue mejor que Tiburón, la primera parte de 47 metros supera el segundo ataque.

Para rescatar, el esfuerzo del guionista por poner suspenso y emoción hasta la última escena, y parece lograrlo, con ataques inesperados que producen emoción, pero con desenlaces que provocan decepción. En conclusión, la película 47 metros el segundo ataque tiene un comportamiento similar al del gran escualo en la parte final de la cinta: caza, pero no come.

 

Ficha técnica

Título original: 47 meters down: uncaged
Año: 2019
Duración: 90 minutos
País: Reino Unido
Director y guionista: Johannes Roberts
Música: Tom Andandy
Fotografía: Mark Silk
Reparto: Nia Long, John Corbett, Sistine Rose Stallone, Corinne Coxx, Sophie Nélisse
Género: Terror

 

Ernesto Acero Martínez
@ernesto_acero 

LA CRÓNICA


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