Inicio / Al descubierto / JUN 01 2020 / 1 mes antes

El capitán de los bomberos de Armenia que venció al coronavirus

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Autor : Héctor Javier Barrera Palacio

El capitán de los bomberos de Armenia que venció al coronavirus

El capitán Fernando Salazar Torres salió de la UCI, en medio de aplausos del personal de la salud, el pasado 7 de abril.

Fue uno de los fundadores del Sindicato de Bomberos de Armenia. Tras superar este complejo episodio de su vida, anunció que está próximo a jubilarse. 

“¡Chao, mi vieja!”, fue lo que le dijo, con el corazón en la mano, el capitán de los bomberos de la ‘Ciudad Milagro’, Fernando Salazar Torres, a su adorada esposa el pasado 25 de marzo. Se despidió así de ella mientras el personal de la salud lo montaba en una ambulancia, tras salir positivo para la COVID-19. 

Lo llevaban para el hospital San Juan de Dios de Armenia y el capitán, que es instructor nacional de bomberos, se sentía tan mal de salud, que sospechaba que, posiblemente, no volvería a abrazar al amor de su vida, a la mujer con la que tuvo 3 hijos. Al tener que partir él, su único apoyo, su confidente y su compañero de vida, para estar internado en aquel sitio, al que nadie desea llegar, le angustiaba también el hecho de que su mujer quedara sola en la casa y más, cuando ella sufre de una discapacidad física que le impide valerse por sí misma. 

Por fortuna, reveló él, unas amigas la apoyaron en su ausencia. Dios le puso ángeles en el camino para llevarle compañía a su pareja en esos días en los que las aguas de la existencia se vislumbraban turbias y ambos parecían naufragar en este inesperado oleaje y quedar como el título de una canción de Diómedes Díaz: “Sin saber que me espera”. 

Desde que llegó a Armenia con síntomas, el 20 de marzo proveniente de España, el experimento bombero estuvo aislado de ella en su propia casa para protegerla de un posible contagio. La separación fue física, pero su corazón siempre estuvo a su lado. 

El primer día del mencionado mes, Salazar Torres viajó a Europa para participar de unas capacitaciones bomberiles. Aunque en algún momento se rumoró que, a lo mejor, se había infectado en el avión que lo trajo de regreso a tierras quindianas, hoy cree que el contagio lo pudo adquirir del 13 al 19 de marzo en Valencia, España. 

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Por esos días, los problemas para respirar y otras afecciones, propias del virus, empezaban a afectar su salud. Pero los médicos de ese país europeo, al mejor estilo de las EPS colombianas, le recetaron medicinas para una simple gripa. “Como no me dio fiebre no me lo diagnosticaron como un posible contagio”, rememoró el capitán, quien lleva 45 años en el oficio de salvar vidas en la capital quindiana. 

Pero los síntomas del coronavirus se le agudizaron a su arribo a Colombia, por lo que quienes lo movilizaron en la ambulancia lo dejaron en la sala de urgencias del mencionado centro médico y, según él, hasta ahí recuerda. 

Se quitó el tubo y apareció la luz de la curación 

“Su pronóstico era muy desfavorable, tenía todas las variables hemodinámicas alteradas, la función pulmonar comprometida y entró en falla multiorgámica”, declaró Wílder Castaño, coordinador de la UCI de ese hospital, a un medio de comunicación nacional.  El capitán Fernando Salazar Torres fue el primer paciente diagnosticado con COVID-19 en el Quindío que estuvo en la Unidad de Cuidados Intensivos. 

El líder bomberil permaneció inconsciente del 25 de marzo hasta el 4 de abril, día en el que milagrosamente despertó de nuevo a la vida. Era como si hubiera regresado de la muerte, pero al abrir los ojos se vió intubado y supo que estaba en la UCI. Sin embargo, ignoraba si era de día o de noche, si era jueves o de pronto domingo. Había perdido por completo la noción del tiempo. Además, no se hallaba, estaba tan desesperado, impotente y lleno de zozobra que él mismo se quitó el tubo, aun corriendo el riesgo de abandonar este plano terrenal porque aquel aparato que lo incomodaba también, de alguna manera, le estaba ayudando a vivir. 

Hoy, cuando está sano en su casa de Armenia, todavía se pregunta: ¿Cómo hizo aquello si estaba atado de pies y manos? “Ese impedimento que uno tiene para moverse ahí, me hacía sentir que no estaba en un hospital, sino secuestrado”, recordó el bombero y describió ese episodio como un momento crítico, pero también de transición a lo que sería su recuperación. Para escalar los peldaños de la vida, a veces, es necesario enfrentarse a los peligros. El que Salazar Torres enfrentó, al poner en juego su propia existencia, se convirtió en una luz al final del túnel. 

Los profesionales de la salud le pusieron un respirador artificial. “De ahí me tomaron unos rayos X y la prueba para coronavirus salió negativa por primera vez”. Ese dictamen lo llevó, en medio de aplausos de los médicos, a cuidados intermedios el 7 de abril y el sol de la curación le seguía mostrando su resplandor y hasta le traía buenas noticias. 

Al segundo día de estar en esa sección del centro médico le dieron la buena nueva de que su esposa había salido negativa para COVID-19. Eso, aseguró él, aceleró aún más su proceso de recuperación, fue como un aliciente para seguir vivo a pesar de los pesares. En esos instantes la imagen de su querida mujer le hacía mella en la cabeza, quería saber de ella. Tiempo después Salazar Torres supo que mientras él pasaba por todo ese trance, su hijo menor se comunicaba a diario, desde España, con ella para contarle sobre su evolución, tras recibir el diagnóstico, por medios virtuales, de uno de los médicos encargados de tratarlo. 

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La máquina que sus compañeros usan para apagar incendios o hacer rescates en alturas, fue utilizada el pasado 10 de abril por uno de ellos para asomarse por la ventana de la habitación en la que permanecía Salazar Torres y pegar allí, en un papel, un mensaje de aliento que lo sorprendió y le llenó el alma de alegría: “Gracias Señor por la vida del capitán Fernando Salazar Torres. Te saluda el Cuerpo Oficial de Bomberos de Armenia”. Alumnos, a los que en el pasado capacitó, también le hicieron sentir que lo recordaban con aprecio, al darle ánimos para salir avante de esa compleja situación, de esa pesadilla llamada coronavirus. 

El 13 abril el personal de salud del San Juan de Dios hizo una calle de honor en los pasillos del hospital para despedir al quinto paciente que se recuperó del coronavirus en el Quindío. El capitán Fernando Salazar Torres era dado de alta en ese momento y salía en una silla de ruedas en medio de los aplausos. El pasado 10 de mayo tuvo la bendición de cumplir 65 años de vida y poder celebrarlos en su casa, al lado del amor que tanto extrañó mientras padecía todo este viacrucis. 

“La vida es un momento, un instante que a veces creo que no lo apreciamos lo suficiente. Lo importante es dejarle un legado de responsabilidad, de transparencia y honradez a la sociedad y a la familia”, concluyó Salazar Torres, ahora que está próximo a cerrar otro ciclo de su paso por este mundo: el de bombero.



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