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La Rana, una locura que duró 40 años

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Autor : LA CRÓNICA

La Rana, una locura que duró 40 años

La cafetería cerró sus puertas el lunes 22 de junio de 2020. 

La crisis económica derivada de la cuarentena se llevó uno de los puntos de encuentro más emblemático de la ciudad.  

El distanciamiento social, obligado para los tiempos de la pandemia del coronavirus, acabó con uno de los  tradicionales puntos de encuentro de Armenia, la cafetería La Rana.  

Aquellas instalaciones donde una ranita vestida de chef daba la bienvenida a ese salón blanco, colmado de mesas blancas y sillas verdes y donde se disfrutaban de las más ricas viandas, permanecerán en el recuerdo y las historias de muchos armenios.

Hablar de La Rana es hablar de familias enteras, como la Villanueva López, una estirpe de emprendedores locales que fundaron varios de los negocios más tradicionales de la ciudad. Es pensar en don Justiniano Villanueva, el patriarca de la familia, que superó 3 quiebras y sacó a flote sus negocios de ropa para caballeros, desde las cenizas de varios incendios. Su Almacén N° 1 aún se mantiene, fruto de ese reinventarse y esa resiliencia que él mismo experimentó antes de que el término fuera acuñado para generaciones centennials.

Doña Blanca López de Villanueva, fundadora de La Rana en 1980 —q. e. p. d.—

También es hablar de doña Blanca López de Villanueva, la matrona que fundó La Rana en 1980, y que gracias a su generosidad, don de servicio y calidad humana, posicionó aquel local de la carrera 16, entre calles 18 y 19, como un punto de referencia.

Por supuesto, también es hablar de Elio Fabio Villanueva López, que a los veinti tantos años embarcó a su familia en esa quijotada.

“Mi madre fue la gestora de este proyecto, de esta locura, de querer, yo, montar un negocio en aras de emular a mi padre. Yo fui quien le puso el nombre tratando de que fuera sonoro, corto, breve y fácil de recordar”, relata don Elio luego de que el pasado 22 de junio decidiera cerrar.

Claro que era fácil de recordar, por los platos típicos que pronto llamaron la atención y colmaron el apetito de muchos comensales, procedentes de todas partes.  

“Estuvimos 40 años en los paladares de todos, en los gustos de mucha gente de la ciudad, por nuestras empanadas, por los tamales, que eran famosos en los municipios y en otros departamentos. Nuestros desayunos con calentado, chicharrón y chorizo también fascinaban y eran buscados cada día del año, porque nunca parábamos, sin importar si fuera Navidad o Año Nuevo”.

La cafetería llegó a ser conocida como el consultorio ‘sicólogico’ del centro de Armenia, puesto que muchos compradores aprovechaban la visita para compartir sus penas, desdichas y alegrías. Un lugar especial que también era frecuentado por periodistas, alcaldes, gobernadores y obispos.

Pensar en La Rana es también recordar la vida de sus empleados, esa otra gran familia. Gente honesta, trabajadora que, con constancia y dedicación, logró progresar. “Muchos de ellos aprendieron el oficio de la pastelería y se fueron a trabajar a otras ciudades”.  

40 años de la historia de Armenia fueron marcados por esta sencilla, pero acogedora cafetería que, al igual que el desaparecido Punto Rojo, retumbará por mucho tiempo en la memoria de generaciones que crecieron oyendo, visitando y viendo ese sitio de la ranita de sonrisa amable.  

“No sé si volveremos abrir. De pronto serán los sobrinos —tercera generación de la familia—. Vamos a ver qué va a pasar, es una decisión muy difícil, que golpea mucho el corazón, la mente, han sido 40 años de lucha, de querer emprender, de tener un negocio, de generar un bienestar para la familia, para Armenia”.

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Luis Alfonso Enciso Escobar laboró como pastelero en La Rana entre 1987 y 2019. Originario del Valle del Cauca llegó a Armenia a trabajar en Punto Rojo, pero luego fue reclutado para la competencia.  
Allí, bajo el liderazgo de doña Blanca López y don Elio Fabio Villanueva, vivió todo el apogeo de una época brillante en que la cafetería permanecía repleta de compradores.  
En 2001, por ejemplo, convenció a sus patrones de preparar 2.000 pasteles para la celebración del día de la Madre, aunque el escepticismo inicial fue mucho, la satisfacción final fue total, porque vendieron toda la producción.
“A La Rana le debo mi esposa —allí la conocí trabajando como cajera—, le debo mi casa, mi negocio y mis 4 hijos. La familia Villanueva no solo me alentó para abrir mi propia pastelería, sino que todavía está pendiente de mí”, relata.
Pero no solo él lamentó la desaparición de La Rana, sino gran parte de la ciudadanía, ya que con La Rana se acabó un gran tertuliadero.

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Escuche aquí a Elio Fabio Villanueva

Escuche aquí a Luis Alfonso Enciso

 


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