Al descubierto / MAY 17 2020 / 2 weeks before

“Los templos volverán a ser los mismos”: monseñor Luis Albeiro Cortés

Autor : Héctor Javier Barrera Palacio

“Los templos volverán a ser los mismos”: monseñor Luis Albeiro Cortés

Monseñor Luis Albeiro Cortés Rendón, obispo auxiliar de la diócesis de Pereira

El religioso nació en Quimbaya y vivió hasta los 7 años en la vereda El Chaquiro. 

Luis Albeiro Cortés Rendón es natural de Quimbaya, donde estuvo hasta los 7 años de vida en la vereda El Chaquiro. Gracias a su vocación sacerdotal es más lo que ha vivido en otras zonas de Colombia, ejerciendo su oficio de guiar a los fieles y a las nuevas generaciones de sacerdotes y de diáconos. 

Sin embargo, su tierra natal, como un imán, lo atrae y con alguna regularidad vuelve a estos lares quindianos a rememorar su infancia o aquellas ocasiones en las que iba de la mano de su abuela a misa de las 5 a. m., cada domingo, en el majestuoso templo del ‘Municipio Luz´. 

Asegura que desde niño siempre sintió esa inclinación por el servicio espiritual y más cuando su abuela le enseñó el catecismo y las oraciones.  Cuando regresa, como oveja a su rebaño, le gusta darse, como él lo dice, ‘el vueltón’ por el pueblo, por su cementerio y no le puede faltar su andadita por Armenia. 

Monseñor Cortés Rendón, quien desde hace más de 4 años ejerce como obispo auxiliar de la diócesis de Pereira. A sus 68 años de vida asegura que después de que pase esta pandemia los fieles volverán a colmar los templos, como viene sucediendo en otros países europeos, porque estos son un referente y un refugio de la fe para el ser humano. El purpurado quindiano relató un poco de su trayectoria y de sus recuerdos que lo trajeron, de nuevo, a Quimbaya. 

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Cuéntenos un poco de su origen y de su trayectoria sacerdotal... 

Nací en una vereda que se llama El Chaquiro de Quimbaya. Mis abuelos habían llegado de Antioquia y compraron una finquita allá. Estuve muy poco en ese municipio, por ahí hasta los 7 años, solo hice el primer año de primaria en una escuela que queda en el barrio El Rocío. Después, a mi papá, que era obrero del ferrocarril, lo trasladaron a La Virginia, Risaralda. Allá estudié la primeria y la secundaria, que la terminé en 1971. De ahí pasé al Seminario Mayor de Manizales, donde estudié filosofía y teología. 

Me ordené como sacerdote en 1978 en la diócesis de Pereira. Prácticamente toda mi infancia fue en esta región, claro que en esa época esto era un solo departamento todavía, el Viejo Caldas. 

Tras mi ordenación, comencé a trabajar en varias parroquias como vicario, estuve en Benalcázar, Caldas; en Santuario, Risaralda; en Supía, Caldas; en Belénde Umbría, Risaralda. Luego me fui a estudiar a un instituto de pastoral en Brujas, Bélgica, y también estuve estudiando en la Universidad Católica de Lyons, en Francia. 

Retorné a Colombia como párroco de Anserma, Caldas. Más adelante volví a Belén de Umbría y de ahí pasé a trabajar con la Curia Episcopal, donde estuve 6 años. En 2002 fui nombrado como rector del Seminario Diocesano María Inmaculada de Pereira. Estando ahí, el 14 de mayo de 2003, el papa Juan Pablo II me nombró como el primer obispo de Vélez, Santander, a mí me tocó fundar esa diócesis. Allá estuve 12 años y medio. 

Fue poco lo que vivió en Quimbaya...

Sí, fue poco lo que viví en el Quindío, pero los parientes míos algunos viven aún en Quimbaya y otros en Armenia. Por parte de mi mamá tuve un primo hermano que fue párroco de Montenegro, el padre Octavio Alzate, allá murió. Actualmente tengo un familiar allá, el padre Hugo Osorio, que está en la parroquia del Espíritu Santo. 

¿Qué ha sido para usted lo más satisfactorio de estar en el servicio religioso en todo este tiempo? 

Para mí lo más gratificante ha sido el trabajo pastoral con los laicos, toda mi vida me he dedicado a la formación laical. En los últimos 25 años he estado orientando el proceso de evangelización, desde la diócesis lo he promovido a nivel nacional. El proceso que llamamos la Nueva evangelización, eso salió desde acá, de Pereira, cuando yo era vicario pastoral y estaba como obispo monseñor Fabio Suescún, que fue uno de los grandes promotores de este trabajo. 42 diócesis en el país llevamos ese mismo modelo de labor evangelizadora. 

¿Cuál es su labor como obispo auxiliar de la diócesis de Pereira? 

Estoy dedicado a la formación de los diáconos y del proceso diocesano en la pastoral. Ha sido una experiencia interesante porque uno va viendo el conocimiento de los laicos de la doctrina, en la fe, en el conocimiento de la doctrina magisterial sobre todo en la tradición, la palabra de Dios y el magisterio.  

¿Cómo se vislumbra el relevo generacional del sacerdocio? 

En Pereira, generalmente son 15 los jóvenes que empiezan a estudiar en el seminario. Eso también depende mucho del trabajo de los grupos juveniles, del acompañamiento que les hacen. Cada diócesis tiene un encargado de hacer esa pastoral vocacional. 

¿Cuáles considera que han sido las mayores dificultades en los procesos de formación que ha impartido? 

No he tenido como muchos problemas, porque, por ejemplo, con los diáconos permanentes el trabajo que tengo es con gente ya muy adulta, en especial, profesionales que quieren prestar un servicio en la iglesia, muchos de ellos tienen profesiones distintas. Entonces aparte de que tienen a su esposa y a sus hijos dedican su formación para prestar un servicio como diáconos permanentes. En este momento tengo un grupo muy bueno de 30 alumnos.

¿Le trae recuerdos andar por algunos lugares representativos de Quimbaya? 

Sí, porque de niño siempre fui amante del campo. Mis abuelos me fueron formando porque me enseñaban las letras, las oraciones, en ese tiempo mi abuelita siempre me enseñaba en la pizarra, que era un tablerito negro con una tiza blanca, ahí aprendí las letras con ella. 

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¿Usted cree que el uso de las tecnologías para evangelizar, como tocó hacerlo en la Semana Santa, puede afectar en algo las creencias de las personas? 

Estoy convencido de que una vez pasada la pandemia y se  reabran los templos otra vez, como se está haciendo en algunos lugares del mundo, como Italia y Alemania, la gente retornará, porque la fe está viva en su pueblo y el templo sigue siendo un referente de reunión familiar de los cristianos en oración. Los templos volverán a ser los mismos.



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