Inicio / Región / MAR 29 2020 / 3 meses antes

Pandemia, tan grave como la globalización económica

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Autor : Diego Arias Serna

Pandemia, tan grave como la globalización económica

Los rostros de la pobreza hacen visibles en todas partes del mundo una ‘pandemia’ quizás más cruel que el propio coronavirus: la inequidad social fruto de injustos modelos económicos.

“El bodrio era un caldo que antiguamente se impartía en la trasera de las catedrales y conventos a la hora del ángelus a la cuerda de mendigos que esperaban remediar el hambre”, Manuel Vicent.  

Estos días de cuarentena y alarma han servido para que los cantautores o simples cantantes se inspiren y le canten al coronavirus; también la musa de poetas y escritores los ha impulsado a la reflexión e interpretación del fenómeno. En la red circulan mensajes interesantes de William Ospina, así como de Gustavo Bolívar, quien en Twitter tituló: ‘Queridos habitantes de la Tierra’, del que presentaré apartes en este artículo.

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Al unísono los ‘profetas’ de la economía alertan de la crisis que se avecina por efecto del COVID-19, pero no dicen nada de la catástrofe que ha causado el neoliberalismo y su hermana gemela: la globalización de la economía. Antes de plantear lo que al respecto han dicho expertos, incluyendo a un Nobel de Economía, leamos lo que expresó Manuel Vicent, escritor y columnista del periódico El País de España, el 21 de octubre de 2012, en artículo que tituló: ‘El bodrio’.

“(…) Si la crisis económica persiste con esta virulencia, la sociedad quedará dividida en tres partes incomunicadas: unos pocos ricos serán cada vez más ricos; la clase media se verá reducida a la pobreza; los pobres de toda la vida bajarán otro escalón y se convertirán en mendigos. Los ricos se harán invisibles en sus yates y en los clubes financieros insonorizados; (…). La clase media comenzará a contar los euros uno a uno hasta los céntimos de cobre para congraciar el sueldo o el subsidio con las necesidades básicas”.

España ingresó al club de la Unión Europea al inicio de los 80, por lo tanto, la población recibió los apoyos del Estado benefactor, así que la mendicidad fue mínima hasta inicio de este siglo. Por eso Vicent expresa: “Dado que la justicia social ha sido suplantada por la caridad, estarán enhorabuena las antiguas damas del ropero parroquial y los ricos de buen corazón, porque se va imponer de nuevo el placer de la limosna”. Por eso él reivindica y explica esa vieja palabra: bodrio.

Termina afirmando: “Hoy, una legión de verónicas y samaritanos ejerce también la misericordia de dar de comer a los hambrientos. Pero los hambrientos deberán aceptar su destino. Para ellos solo habrá una disyuntiva: si son buenos, tendrán sopa; si se rebelan, rebotará en su espalda la verga de la policía”. ¿Qué dicen los expertos en economía?

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La desigualdad es otra pandemia

Joseph E. Stiglitz, Nobel de Economía 2001, en su libro publicado en 2012: El precio de la desigualdad. El 1 % de la población tiene lo que el 99 % necesita, planteó: “Los apologistas de la desigualdad —y hay muchos— rebaten con el argumento de que dar más dinero a los de arriba beneficia a todo el mundo, en parte porque da lugar a un mayor crecimiento”. 

Agrega: “Se trata de una idea denominada teoría económica del goteo. Tiene un largo pedigrí y hace tiempo que está desacreditada. Como hemos visto, una mayor desigualdad no ha dado lugar a más crecimiento y, de hecho, la mayoría de los estadounidenses han visto cómo sus ingresos disminuían o se estancaban. Lo que Estados Unidos ha venido experimentando durante los últimos años es lo contrario de la teoría económica del goteo: las riquezas que se han acumulado en lo más alto se han producido a expensas de los de más abajo”.   

¿Qué emerge de esta injusta desigualdad?  Stiglitz afirma que las consecuencias son conocidas: altos índices de criminalidad, problemas sanitarios, menores niveles de educación, de cohesión social y de esperanza de vida. Además, muestra cómo los mercados por sí solos no son ni eficientes ni estables y tienden a acumular la riqueza en manos de unos pocos más que a promover la competencia. Asimismo, indica que las políticas de gobiernos e instituciones son propensas a acentuar esta tendencia, influyendo sobre los mercados en modos que dan ventaja a los más ricos frente al resto.           

Por otra parte, Jeffrey Sachs, en su texto: Economía para un planeta abarrotado, con su primera edición en 2008, plantea la urgente necesidad de un desarrollo sostenible. Es considerado una autoridad mundial en economía y política sanitaria; ha sido docente en las universidades de Harvard y Columbia y crítico de la forma como se está destruyendo el medio ambiente y se contamina. Plantea la necesidad de una estrategia sostenible con tres cambios fundamentales: “(…) En primer lugar, tendremos que desarrollar y adoptar a escala global, y en un tiempo breve, las tecnologías sostenibles que nos permitan combinar altos niveles de prosperidad con la reducción del impacto ambiental”.

Añade: “En segundo lugar, tendremos que estabilizar la población mundial, y sobre todo la población de los países más pobres, con el fin de aunar prosperidad económica y sostenibilidad ambiental. Y en tercer lugar tendremos que ayudar a los países más pobres a salir de la trampa de la pobreza. Esos tres objetivos básicos —sostenibilidad ambiental, estabilización demográfica y fin de la pobreza extrema— constituyen lógicamente la esencia de las promesas del milenio”. Si no se cambia la forma como se están explotando los recursos naturales, si se siguen destruyendo los bosques, contaminado el aire y el agua, etc., entonces seguiremos creando condiciones ambientales propicias para pandemias peores.

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“Queridos habitantes del planeta”

Esto nos dice Gustavo Bolívar refiriéndose al COVID-19: “(…) Muchos piensan que soy parte de una campaña de terrorismo biológico contra una de las principales potencias económicas del mundo. No es cierto. Creyentes en teorías de conspiración piensan que fui creado en el laboratorio de una multinacional farmacéutica que desarrolló previamente una vacuna. No es el caso. Solo soy un producto de la expansión humana. Yo no habitaba dentro de ustedes. Pululaba dentro de animales selváticos, sin ninguna intención de causar daño a los humanos. Me sacaron de donde estaba y encontré en sus sistemas respiratorios hábitats propicios para convertirme en un contagioso virus asesino”.

Después de afirmar que los países que tengan mejores sistemas hospitalarios tendrán menos víctimas, expresa: “Pero no todo es malo y no lo digo con cinismo. Leyendo el momento histórico, el caos y la destrucción ambiental que provoca el cruel sistema económico que practican, a la larga terminaré dejándoles importantes lecciones. Tal vez los habitantes de hoy no lo piensen así, pero los niños del futuro, los que no han nacido, leerán en sus libros de historia que un virus terrible, por allá en 2020, los salvó de recibir un planeta decadente, insostenible y a punto de colapsar”. 

Añade: “(…) Aprenderán que, en momentos tan difíciles como este, la soberbia humana y el dinero no son determinantes. (…). Después de mi paso por sus vidas, les quedará claro que las naciones que invirtieron más en hospitales que en armas, más en educación que en aviones militares, podrán soportar con mayor éxito una futura amenaza”. (…).  Att: El coronavirus COVID-19, 25 de marzo de 2020.    


Diego Arias Serna
Profesor-investigador universidad del Quindío
[email protected] / [email protected]



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