Opinión / SEP 16 2020

Abuso de autoridad

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Las fuerzas militares tienen y deben tener una investidura de autoridad, son la representación simbólica de la norma que ejercen nuestros padres cuando niños y la posibilidad de generar un proceso de freno de la acción o la conducta representado en una estructura de poder y respeto. 

En muchas partes del mundo pertenecer a las fuerzas militares es sinónimo de orgullo y prestigio, en Colombia esto se ha desdibujado por diferentes factores que tienen que ver con el abuso y la corrupción dentro de las mismas instituciones.

Hace días el país tuvo que vivir una crisis de seguridad protagonizada por unos miembros de la policía, esto sacude el pensamiento y el simbolismo generando una representación de miedo y ansiedad, los que deben protegernos nos agreden.

Simbólicamente se pierde la autoridad y aumenta la ansiedad y el temor, lo mismo que ocurre cuando los padres generan maltrato a sus hijos perdiendo la investidura de autoridad y asumiendo un abuso.

Al reflexionar sobre esto podemos deducir que hay un gran problema en la concepción de la milicia y los procesos al interior de las fuerzas militares, dentro de ellas se dan unas estructuras de poder muy fuertes que afectan la sicología de cada uno de sus miembros, desde que ingresan a las escuelas los reclutas son tratados de una forma muy fuerte, hay golpes, volteos, palabras ofensivas y muchos castigos. La estructura jerárquica es tan importante que todo aquel que esté por encima tiene derecho de atentar contra tu ser.

Esta problemática es una “tradición” que viene desde la misma concepción de las fuerzas militares y que como toda tradición debe cambiar si queremos que cambie el mundo y el equilibrio del mismo. Formar con miedo no genera disciplina sino que aumenta la rabia y el resentimiento, es posible que estas personas generen delirios y fenómenos psicológicos para compensar lo que han vivido al interior de su institución, estos fenómenos no solo son llevados a sus casas, donde están sus esposas, hijos y familias, también son llevados a las calles donde estamos nosotros.

Lo que pasó en Bogotá es solo una muestra de lo que puede pasar si no se genera un cambio en el mismo entrenamiento, si dejan de entrenar con resentimiento, si dejan de condicionar para el odio o la rabia, si no generan más poder dentro del poder, humillando y con estructuras jerárquicas propias del siglo XIX.

Siempre digo que la mejor transferencia en las relaciones es la del padre educador, esa es la transferencia que debería tener cada miembro de nuestras fuerzas militares, ser ejemplo de rectitud, castigar como se debe, no sobornar, no aprovecharse de su poder y permitir que con esto podamos creer y sentir que nos representan y cuidan.


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