Opinión / MAY 22 2020

Cuidadoras de vida

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

Nos ha quedado claro que el encierro hizo más violentos a los hombres frente a sus compañeras de confinamiento. El virus de la intolerancia infectó a millares de familias que se vieron cara a cara con los machos de siempre. 

En muchos países, además de configurar verdaderas habitaciones de pánico para los más vulnerables, también vimos cómo las líderes mujeres, distintas, llevaron a sus naciones a dominar la crisis de manera oportuna y eficiente. 

Si bien de los 193 países miembros de la ONU, solo 20 están dirigidos por mujeres, en los parlamentos del planeta ya resuena casi un 25 % de participación femenina. Se ha avanzado, pero es insuficiente.

7 mujeres, Mette Fredeiksen, de Dinamarca; Katrín Jakobsdóttir, de Islandia; Sanna Martin, de Finlandia; Angela Merkel, de Alemania; Jacinda Ardem, de Nueva Zelanda; Erna Solberg, de Noruega, y Tsai Ing- Wen, de Taiwan, han demostrado que sus medidas oportunas y diferenciadas combatieron con eficacia los efectos comunes del coronavirus.

En esas naciones, los presupuestos tienen 5 prioridades, según los expertos: familia, niños, jóvenes, adultos mayores y discapacitados; problemas sociales, medio ambiente, empleo y educación, y, claro, la igualdad de género.

En la crisis, las mujeres líderes reaccionaron rápido, se aliaron con los epidemiólogos y los ‘influencer’ de moda y algunas apelaron a hablarles directamente a los niños, para transmitir sus mensajes colectivos. 

Su decisión de cuidadoras y su sensibilidad las llevaron a convencer a sus pueblos de autoprotegerse. Hablaron rápido, directo y con una convicción propia de quien ampara de verdad la vida.

En Calarcá, por ejemplo, Beatriz Elena Aristizábal y Cristina Arbeláez, jóvenes concejalas, evidenciaron, con su valentía personal, que la esperanza en medio de tanta confusión es viable cuando existe honradez y deseo de servicio. Ellas, líderes del movimiento animalista en la localidad, trascendieron sus intereses sectoriales y demostraron su afecto por la comunidad entera. 

No es gratuito, entonces, que Claudia López parezca prefabricada para la crisis de salud que padecemos aún. Las mujeres entienden bien el camino cuando la oscuridad nos ciega. Ellas, casi siempre, nos guían hacia intemperies seguras y fiables. Nos alejan de las lógicas de la destrucción o del decaimiento.

En los hospitales, en la primera línea de servicio, más de la mitad del personal es femenino. Lo mismo pasa en los hogares y en los centros de adultos mayores.

Esta pandemia nos ha desnudado de cuerpo entero. El consumismo se puede parar, y eso se hizo práctico. Los centros comerciales e iglesias modernas dejaron de ser el templo de nuestros deseos. Podemos vivir con cierta austeridad y simpleza que nos parecían imposibles. 

El machismo y la violencia también lo vivimos, siguen ahí como fieras despiertas y activas en contra de la convivencia pacífica.


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