Sabado, 14 Dic,2019
Opinión / DIC 02 2019

De la primavera, viejo

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

Yo vi la ciudad, la vi florecer en cada esquina, en cada plaza, en cada calle, floreció bajo el sol, floreció bajo la luna. Floreció en los zapatos de la madre que gritó porque su hijo de quince años, tiene que trabajar y la universidad es un horizonte demasiado lejos. 

Floreció en los pasos del padre empujado por los abusos bancarios, por su casa hipotecada, por el hambre de sus hijos. Floreció en las faldas de la muchacha que tiene que vender su sexo, para que su madre coma. Floreció en el delantal del médico, de la enfermera, que tienen que ver que su paciente muere mientras turistea la EPS. La ciudad floreció en las sandalias del indígena, en el sudor del campesino, en el cuaderno del estudiante, en la pala del arenero, en la agupanela del niño. Florecieron los postes y las alcantarillas, se vencieron los miedos, floreció la esperanza, retumbaron las sonrisas. En medio de la marcha vi muertos florecidos, vi al padre Ulcué Chocué, a Arturo Alava, a Correa de Andreis, vi a Garzón de las manos de Galán, vi a Camilo Torres al lado de Gil Colorado, vi a los muertos del palacio de justicia, vi a los soldados, y a los guerrilleros, muertos en la guerra, todos obrerocampesinos; llevaban una pancarta escrita con flores de sol “Solo queríamos vivir”   

Las flores de la marcha, hasta la iglesia salió a regarlas. Fueron muchas las voces, todas decían “no más suicidios por deudas, no más neveras vacías, no más casas hipotecadas, no más estudiantes sin universidad, no más enfermos sin médico, no más tambores de guerra, toda bala es perdida, no más cianuro en los ríos, no más droga en las calles, que sean las Manuelas Beltrán nuestra única heroína, no más niños sin techo, no más corruptos con chalet por cárcel, ni un indígena, ni un líder más, asesinados”. Cuando pasó la marcha, fue la ciudad la que pasó, fue la esperanza cantada con rabia, fue la rabia liberada ese día,  fue, como en el tango de Julio Sosa “el desfile de las inclemencias, con mis pobres ojos llorosos y abiertos”. En cada voz que gritaba, en cada paso que se daba, cantaba el tanguista uruguayo “Fui modelando en barro, en miseria, en las amarguras que da la pobreza, en llantos de madre, en la rebeldía del que es fuerte y tiene que cruzar los brazos, cuando el hambre viene”. Al paso de la marcha, florecieron los descamisados y las bailarinas.

Gritar la rabia, la miseria, la esperanza, querer estudio, salud, vivienda para todos, no me hace terrorista, me hace más humano utilizar el verbo, la tinta, no la sangre, la sangre la utiliza el opresor para ahogar el grito. Podrán asesinar a un líder, pero hay miles, podrán asesinar a un policía, pero hay miles, el asesinato no soluciona el llanto del niño porque no hay tetero, ni el grito del joven porque la universidad es un sueño.  De eso te hablo, viejo.

 

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