Opinión / SEP 16 2020

El hilo de la venganza en un país violento

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Todo comienza un día en el que agentes de la Policía pertenecientes al CAI cercano al edificio de Javier Ordóñez, llegaron al lugar para requerirlo por violación a normas de convivencia ciudadana desde su lugar de vivienda.  Ordóñez se ofendió por este y otros requerimientos que le fueron hechos y se salió de casillas hasta desconocer la autoridad.

La torpeza de los agentes almacenó venganza hasta la noche de la  juerga  que dio lugar a la brutalidad policial y que le abrió el pasó a los momentos de terror  que vivió  Bogotá y otras ciudades del país. Los amigos o compañeros de Ordóñez no hicieron nada por evitar la violencia. Eso sí,  grabaron, y multiplicaron por miles el video que generó violencia en un país de facilismos para hacerla. 

El video no tomó el rumbo requerido en una primera etapa pacifista. Pienso que de haber sido llevado a las instancias de dirección correspondientes de la Procuraduría, la Policía Nacional y la Fiscalía, las sanciones administrativas, disciplinarias y penales hubieran tenido el efecto sancionatorio merecido por los torpes policías, sin los resultados letales que  nacieron en el ánimo  siempre listo y escondido en el negro corazón de los violentos.

Los medios de comunicación emplearon el testimonio visual y oral del horrendo hecho criminal y por el  deber de informar y el derecho de los colombianos a ser informados, se masificaron las actuaciones violentas. Ya no fue  una sola víctima, sino muchas que inocentemente pagaron con sus vidas la indolencia y falta de capacidad para convivir de unas personas, la ineptitud de una patrulla de la Policía, el afán de otros, la chiva por la que todavía se desvelan algunos medios de comunicación, pero especialmente porque Colombia ha construido caminos para la venganza en un país mal acostumbrado y permanentemente atizado para que no se apaguen las llamas de la violencia.

Los violentos le cobraron a Armenia, como si nuestra ciudad fuera culpable de los malos hábitos nacionales y como si fueran pocos los sufrimientos por la corrupción, por la inexistencia de gobierno, desempleo, pobreza, narcotráfico, miseria humana agobiante, como si por tanto aguante fuéramos merecedores de golpizas sociales  como las que volvieron a ser comunes en los suelos de la patria.

Levantémonos, con civismo, para exigirle al ministerio público colombiano que cumpla con el deber de velar por el ejercicio diligente y eficiente de las funciones administrativas. La ciudad necesita alcalde, la interinidad sin juicio ni consideración a que ha sido sometida Armenia por el ministerio público, lo hace ser culpable de que aquí no se tenga gobierno, que todo esté manga por hombro y en un  desgreño administrativo político y social como nunca antes en la historia de la capital de los quindianos.

No más reuniones inoperantes que han demostrado ineficiencia. El medidor nacional tiene subrayado el formato tantas veces empleado en una postura que margina a la sociedad y que ignora por completo la capacidad de aportar que tienen los ciudadanos de Armenia.  Para hacer eso, invito a levantarnos con respeto y con la máxima caballerosidad,  pero también con el valor civil que la crisis de la ciudad está exigiendo.


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