Opinión / MAR 26 2020

Ghetto

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

Comenzó por considerarse dueño de la fauna y la flora que le prodigaban el sustento en la tierra que pisaba; luego decidió someter a sus congéneres más débiles, convirtiéndolos en sus propios ejércitos. Cuando fue dueño de todo, empujó a los desposeídos hacia panales de cemento mutándolos en una masa consumidora, presos en un gueto de cosmocentros comerciales.

Friedrich Nietzsche en, Sobre verdad y mentira en sentido extramoral, comienza diciendo: “En un apartado rincón del universo donde brillan innumerables sistemas solares, hubo una vez un astro en el que unos animales inteligentes descubrieron el conocimiento. Fue el minuto más engreído y engañoso de la «historia universal», aunque, a fin de cuentas, no dejó de ser un minuto. Tras un breve respiro de la naturaleza, aquel astro se heló y los animales inteligentes hubieron de morir” —1873 —.

Esta fábula, como la denomina el filósofo, puede ser la lápida cósmica que dejará el hombre grabada en la faz de la Tierra, por si en otras auroras en tiempos hiperreales, seres inteligentes de dimensiones desconocidas la descifran y tal vez se pregunten ¿cómo pudieron llegar a tal estupidez? Durante miles de millones de años la naturaleza fue tejiendo formas de vida originadas en las bacterias, hasta lograr la proeza de forjar una estructura capaz de consciencia, como intuye Schopenhauer: la naturaleza es voluntad y representación. Persistencia de la vida inyectada a formas que el animal inteligente pudo leer e interpretar abandonando su estado natural, erigiéndose en la dominadora bestia astuta que elegiría el camino de su propia autodestrucción.

Comenzó por considerarse dueño de la fauna y la flora que le prodigaban el sustento en la tierra que pisaba; luego decidió someter a sus congéneres más débiles, convirtiéndolos en sus propios ejércitos. Cuando fue dueño de todo, empujó a los desposeídos hacia panales de cemento mutándolos en una masa consumidora, presos en un gueto de cosmocentros comerciales.

Los Joseph Goebbels, disfrazados de pastorcitos mentirosos, anunciarían la llegada del lobo en forma de un meteoro, invasiones extraterrestres, ataques terroristas, pandemias virulentas, fake news que lograrían el pánico en las colmenas, desabasteciendo los supermercados. De este modo, la naturaleza vuelta mercancía, resulta un saqueo irracional a las fuentes de vida, consiguiendo un irreversible desequilibrio ecológico que produce monstruos, como los pintados por Goya, amenazando la propia existencia, quizás a una próxima extinción.

Los virus son formas de vida, parte de la voluntad de la naturaleza ensayando reproducirse y permanecer, algunos encuentran en los humanos sus vehículos, convirtiéndose en amenazas reales, que son efectivas debido al hacinamiento. Además, cada vez inteligentemente mutan desafiando el aparato inmunológico humano viéndose este en dificultades para controlarlos. Es de inferir que toda esta alteración ecológica en las sociedades contemporáneas conducirá, inevitablemente, a pandemias permanentes.


COMENTA ESTE ARTÍCULO

En cronicadelquindio.com está permitido opinar, criticar, discutir, controvertir, disentir, etc. Lo que no está permitido es insultar o escribir palabras ofensivas o soeces, si lo hace, su comentario será rechazado por el sistema o será eliminado por el administrador.

logo-copy-cronica
© todos los derechos reservados
Powered by: rhiss.net