Lunes, 11 Nov,2019
Opinión / NOV 08 2019

Imaginarios del café

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Las imágenes y las frases que se usan hoy  para hablar del café le resbalan a su esencia. ¿Es  un artificio para las neuronas y el espíritu? Es correcto que se destaquen las regiones cuando se dice café de origen, el sentimiento de identidad regional, poderoso en Colombia, surge cuando se dice café de Pijao. Está bien que se explayen en las calidades del tostado y del sabor, señala a  un refinamiento en el tratamiento de la bebida que no existía en Colombia. 

El café es una bebida urbana de civilización. Es resultado de un quehacer con saberes culturales en las laderas donde se cultiva. Una taza de café como lo demuestra  la ciencia, influye en la estructura más evolucionada del ser humano: el cerebro, la mente y en la memoria. Así que  su estructura química y molecular es isomórfica de manera bienechora para procesos de creación de imágenes  e ideas. Es una bebida que no te aumenta kilos y establece una nueva disposición de las sinapsis o enlaces  neuronales. 

El café poca relación guarda con una mula. Más bien con metáforas de la música y  la creación intelectual. El trabajo del productor del café es un eslabón en la creación de una materia refinada para el intelecto y la energía humana, que se despliega en actividades exigentes de la vida urbana. Yo tengo la sensación que pisamos el umbral de un nuevo discurso sobre el café. La pregunta ¿Qué hace el café en la mente humana?

 Es una cuestión que  concibe mejor el influjo de sus estructuras moleculares  sobre el intelecto. Es una experiencia que tienen todos los que beben café, produce ideas y locuacidad. No es arbitrario que los sitios de Colombia donde la gente se reúne a conversar sean cafés. La palabra y las ideas bullen con las estructuras químicas de la bebida. Mi propuesta es a renovar el imaginario del café. 

Muchos siglos antes pensadores y poetas con su sagaz imaginación tuvieron intuiciones esenciales  del café. Veamos unas. Desde la relación amorosa el aroma cautivante del café llevó a Cortázar a escribir en su relato Las armas secretas: “beben el café, como se beben los filtros que atan para siempre”. El significado inicial de filtro es pócima o veneno embrujante.

 Así se creía en el siglo 18 cuando se masificaba su consumo, Voltaire el ponzoñoso satírico que murió octogenario y feliz escribía “ si el café es un veneno, lo es de manera lenta pues llevo más de medio siglo muriendo”. Es famosa la adopción que hicieron del café como bebida favorita creadores de obras de gran belleza, algunos  escribieron como el gran músico vienés Strauss, héroe de Viena, la civilizada capital del Imperio Austrohúngaro:

 “Para inspirarme únicamente necesito un piano, el silencio y una taza de café. Del aroma nacerá la música, el silencio me permitirá escucharla y el piano hará que se materialice”. El café no es una bebida no es un licor, es la metamorfosis  de un líquido y un fluido que transforma  la mente e impulsa la creación.

 


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