Editorial / MAR 26 2020

Infodemia

Información real y útil para salvar vidas queda oculta entre tanta basura mediática, multiplicada por irresponsables y delincuentes de las redes sociales y la pasividad de incautos receptores.

La sobreabundancia de información, mucha de ella falsa, hizo que la propagación del coronavirus tomara una aceleración adicional. Como suele suceder en asuntos trascendentales para una región, una nación o un continente, la falsa información empieza a llegar, muchas veces, antes que la información real y casi siempre en mayor cantidad.

Hoy es necesario volver la vista atrás y recordar los errores cometidos para salir fortalecidos de esta pandemia. Y ya puesta la mirada en el retrovisor, hay que criticar que hayan dedicado tantos y tantos minutos a hablar del mercado de los tapabocas y hacer sondeos de opinión sobre si le parecían caros o no a los compradores y haber entrevistado todos los días —a mañana, tarde y noche— a dependientes de farmacias para preguntarles si contaban o no con este tipo de artículos para la venta. Bien pudo haberse invertido una buena parte de ese esfuerzo mediático en hacer énfasis sobre quiénes debían usar tapabocas y quiénes no, en el lavado de manos, el distanciamiento social y la protección de los adultos mayores, esas si medidas urgentes y útiles para atenuar el número de contagiados.

En medio de tanta falsa noticia, tanta precocidad mediática, tanto rumor, tanta especulación y tanto meme, queda oculta la información valiosa, la que educa audiencias y salva vidas. Claro que puede haber tiempo para el chiste virtual, pero ese no puede ser el principal uso de las redes sociales en tiempos de tanta información vital. En el adecuado uso de las redes sociales —grupos de Whatsapp, principalmente —, también se mide la solidaridad. No es tiempo para la basura mediática, bastante hay con los comediantes y delincuentes virtuales confundiendo con sus mensajes como para agregar chistes.

Antes de reenviar mensajes anónimos, lo cual raya en lo delictivo, hay que preocuparse por confirmar su origen y veracidad. No es hora de llenar el teléfono celular de sus contactos con chistes flojos, videos sin contexto o noticias falsas. Ha circulado toda suerte de tonterías. Los irresponsables desocupados se han encargado de promover el ajo y el zumo de limón en ayunas como la cura milagrosa para el coronavirus, se han inventado saqueos en donde nunca los ha habido, han confundido a las personas sobre las
excepciones al aislamiento obligatorio, han descubierto cualquier cantidad de medicamentos y vacunas contra la pandemia y han contribuido a perturbar la ya estresada vida de las familias colombianas.

La mirada y los sentidos de los colombianos deben estar puestos en diarios, emisoras y canales tradicionales, esos que no se inventarían noticias. En la prensa escrita tradicional, por ejemplo, el lector encuentra textos confirmados y apoyados en fuentes reconocidas, fotos reales, cifras con contexto, la explicación de los decretos gubernamentales, Etc. Lo propio hacen las cadenas radiales y canales de televisión reconocidos. Hay que poner más atención y dedicar más tiempo a los medios de comunicación que ya se han ganado un nombre y que cuentan con una nómina de periodistas responsable que en cadenas y mensajes anónimos de Whatsapp o Facebook.

También es una elemental muestra de responsabilidad consultar los medios oficiales de la presidencia de la República, de los ministerios, de las gobernaciones y alcaldías. Allí sí hay información de fiar. Las páginas del ministerio de Salud y del Instituto Nacional de Salud tienen información que se puede consultar y compartir.

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