Sabado, 14 Dic,2019
Opinión / DIC 02 2019

Lo que mal comienza…

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

A  pesar de no participar de la polarización hirsuta, estéril y mediocre a que nos tiene acostumbrados la política colombiana, creo oportuno hacer algunos comentarios.

Mientras soplan vientos borrascosos de insatisfacción, protestas, paros que desbordan todas las expectativas de este país pacato e indolente, cuando la gente ha manifestado en la calle de manera franca y amplia una inconformidad total que hace saltar en pedazos los diques y las previsiones de gobernabilidad del presidente Duque, no podemos olvidar que fueron sectores de su partido, en el período anterior, los generadores de un alud monumental de interpretaciones catastróficas tendenciosas y amañadas, que invitaban a marchar, a salir a protestar por el desarrollo de los acuerdos de paz que, supuestamente, entregaban a Colombia al castrochavismo, con la aviesa afirmación que las Farc, no solo no se desmovilizarían, sino que obedecían un acuerdo bajo la mesa con Santos para tomar el control  del país y convertirlo en otra Venezuela.

Como olvidar las famosas fake news con las que pretendieron enlodar todo lo que se hacía en el gobierno por los acuerdos de paz, confundiendo a la gente, por ejemplo en los temas del plebiscito, aceptado incluso por el gerente de la campaña del ‘No’, Juan Carlos Vélez, quien reconoció que apelaron a las redes sociales para generar una serie de noticias falsas, de mentiras camufladas, la famosa estrategia de tergiversaciones y exageraciones  con evidente mala fe para engañar al elector y generar un ambiente de zozobra manipulando a ciudadanos desavisados que terminaron por creer, indignados, que la reconciliación era un salto al vacío de la disolución y al cataclismo institucional. 

Todo este estropicio torticero generó un clima de confrontación y pugnacidad cuyos frutos  están tratando de recoger a pedacitos el gobierno y sus áulicos que terminaron por cosechar hoy lo que sembraron ayer. Si bien es cierto que las razones que sacaron a la gente a las calles corresponden a problemas estructurales que no tiene relación directa solo con este gobierno, quedó claro que tampoco Santos acabaría el país con el proceso de paz, como lo pregonaba esa estrategia provocadora. 

No hay duda que si a la furia de la calle, atiborrada hoy de colombianos inconformes de todas las condiciones, le agregamos el contagio que genera la primavera latinoamericana que tiene incendiados hoy a países como Bolivia, Chile, Venezuela,  el distanciamiento de un Congreso adverso, unos ministros que no representan a nadie y le sumamos el desplazamiento del péndulo que ahora se devuelve en contra del Centro Democrático, tal como quedó demostrado en las últimas elecciones de alcaldes y gobernadores, tendremos entonces que los acusadores terminaron convertidos en sindicados, máxime cuando estas movilizaciones sin dueño, son la expresión significativa del multitudinario empoderamiento ciudadano. 

Pregunto: ¿Ahora que se acabaron los días azules del gobierno Duque, dónde van a encontrar un Santos para justificar los demonios que ellos mismos desataron?

 

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