Editorial / SEP 16 2020

Los ‘buenos vecinos’ del Teatro Azul

Teatro Azul hizo un ejercicio de sanción moral bastante sencillo pero profundo por las conclusiones que deja y que confirma que la falta de solidaridad y amor por Armenia crece como espuma. 

Los ‘buenos vecinos’ del Teatro Azul

El ejercicio, cuyo producto es un video que se puede apreciar en las redes sociales de la compañía de teatro y en las de este medio de comunicación, confirma lo que tanto se ha dicho: no puede haber una mejor ciudad si no hay buenos ciudadanos.

Se le volvió costumbre a una buena parte de la población reclamar por todo, echarle la culpa de todo lo que pasa a los poderes ejecutivo, legislativo y judicial, sobre todo al primero.  Poco afinan el ojo los críticos de oficio para mirarse y admitir que gran parte de esos males que aquejan a la ciudad, que ellos ven inviable, tienen su origen en personas que como ellos exigen mucho pero no aportan nada.

Teatro Azul se dio a la tarea de registrar en video la entrada principal de su sede durante varios momentos de un día. La cámara apunta a una pequeña caneca de basura, instalada en el andén a pocos metros de la puerta principal de la colorida edificación, y que está hecha para dejar allí basura de mano. Muy temprano en la mañana una persona del teatro lava la parte del andén en donde fue instalada la caneca que a esa hora del día está desocupada, el punto queda limpio. Entrada la tarde aparece una señora, vecina del teatro, y deja dos grandes bolsas de basura que por supuesto no caben en la caneca pero eso a la dama no le importa y se aleja; tal vez la señora no quiere ver las bolsas en frente de su casa y por eso las tira en frente de la casa del vecino.

En escena otro vecino del Teatro, un señor de camiseta verde al que también le estorba la basura de su casa y no puede esperar a que el carro recolector de EPA anuncie su paso, y por eso resuelve ir y tirar, ya no en la caneca porque no cabe, sino en el andén del Teatro, su basura. Luego aparece un habitante en situación de calle, atraído por la incultura de los vecinos del Teatro y rompe las bolsas. Avanza el desastre. Dos vendedores ambulantes detienen sus carretas frente a la misma caneca y vacían allí sendas bolsas de residuos orgánicos, que por supuesto también caen al andén. 

Sigue la función, llega la noche, una joven a la que seguramente también le duelen las injusticias del país y que vive a menos de una cuadra del Teatro, lleva dos bolsas de basura que deja, literalmente desparramadas en el andén  de sus vecinos y con las que no deja paso a los peatones; se sacude las manos como queriendo decir que ese no es problema suyo y se aleja. Minutos después llega otro buen vecino del teatro, algo encartado con unas tablas y cartones sin empacar y los tira en el andén, el andén de sus queridos vecinos, los del Teatro Azul, y se aleja, tal vez renegando por la suciedad que invadió a Armenia. Siguen llegando los habitantes en situación de calle y todos hacen los mismo, escarban la basura, se roban las bolsas y esparcen el contenido de las mismas sobre el andén.

Interviene otro actor, no es un habitante en situación de calle pero actúa igual que ellos, es otro de los buenos vecinos del Teatro que también decide aportar a la causa de ver la ciudad hecha un basurero. No se sabe, porque el video no capta el audio, pero puede ser de los que también reniegan por los problemas de la ciudad.

Horas después hay una montaña de basura justo encima del pedazo de andén que en horas de la mañana había lavado con agua y jabón la colaboradora del Teatro Azul. Por supuesto aparecen los superhéroes de esta película, los operarios de aseo de EPA que ya no solo deben recoger las bolsas sino barrer y recoger toda la inmundicia de quienes se apuraron a tirar la basura en el andén del Teatro para que nada les interrumpa la comida, el programa de televisión o el sueño. 

Al otro día Teatro Azul madrugará, otra vez, a lavar su andén y los ´buenos vecinos´, otra vez, esperaran que el punto esté limpio para volver a tirar allí la basura varias horas antes de que pase EPA y poder estar bien desocupados para renegar y criticar el estado de la ciudad en la que viven.

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