Opinión / SEP 16 2020

Poder militar

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Sin duda alguna, el poder militar se encuentra estrechamente relacionado con el poder político, sin embargo, tienen diferencias que son trascendentales y es por esto que me permito citar a William Westmoreland, quien fue general del Ejercito de los Estados Unidos y participó como jefe de operaciones en la guerra de Vietnam entre 1964 y 1968, “Los militares no comienzan las guerras. Los políticos comienzan las guerras”. 

A lo largo de la historia, los países con mayor riqueza son quienes han formado los más grandes ejércitos y construido o comprado las armas con mayor tecnología, con el propósito de demostrar a la comunidad internacional su poder militar y de alguna manera intimidar a todo aquel que pretenda estar en contra de sus intereses.

El sitio especializado Global Firepower en el presente año elaboró un listado basado en criterios que abarcan: 1. unidades de combate; 2. personal activo, y 3. presupuesto, ubicando en el podio mundial a Estados Unidos con un presupuesto militar de 750 mil millones de dólares, seguido por Rusia con 48 mil millones de dólares —más equipamiento aéreo y naval—  y finalmente China con una inversión anual de 237 mil millones de dólares. 

Lo anterior evidencia la asombrosa destinación de recursos para fuerzas militares de cada uno de estos países, que son actores principales de la política mundial y pretenden hacerse ver como grandes potencias en eventuales confrontaciones, las cuales no se pueden descartar debido a las ansias de cada uno de estos Estados por justificar que su modelo de gobierno es el mejor para el mundo. 

En dicho ranquin, Colombia ocupa el puesto 37 a nivel mundial, con una inversión de 10.600 millones de dólares, con la diferencia que actualmente poseemos uno de los conflictos armados internos más antiguos del mundo y que a lo largo de la historia se ha demostrado que la única manera de poder terminarlo es a través de un acuerdo que permita evitar la perpetuidad de la guerra en el territorio, sobre todo en las regiones más apartadas en donde el Estado colombiano no hace presencia de ninguna manera y favorece la conformación y presencia de nuevos actores armados ilegales.  

Finalmente, es importante dejar de precedente, tal y como lo dijo John Steinbeck, “toda guerra es un síntoma del fracaso del hombre como animal pensante”.


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