Sabado, 04 Abr,2020
Opinión / MAR 26 2020

¿Quizás una segunda marcha del silencio?

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¡Sí!, esa misma piedad pedimos para los cientos de asesinatos de líderes sociales, que han ofrendado sus vidas en los territorios. Como activista por la paz y la defensa de los derechos humanos, propongo desde este breve espacio, a quizás poder convocarnos en una segunda ‘Marcha del Silencio’, para decirle a este gobierno, que cese la horrible noche y que nos resistimos a volver al oscurantismo de ese pasado horrendo.

(...) La violencia generada por el partido Conservador, concebida como oposición beligerante a la ‘chusma’ —como definían al campesinado— da origen en la década de los años 40 a la organización de grupos irregulares armados, llamados chulavitas o también conocidos como, que operaron junto con la Policía con una clara orientación del partido Conservador y la bendición de la Iglesia Católica. Las tierras o los lotes que quedaban ‘limpios’ de liberales, los conservadores las daban a los chulavitas como forma de pago, mientras a los campesinos desplazados les quedaban tres opciones: ir a las ciudades a convertirse en trabajadores, colonizar la montaña, ampliando la frontera agrícola o ‘enmontarse’ y proteger la vida (...).

Es con este breve antecedente, que extraigo de un extenso ensayo, que hice para varios medios de comunicación alternativos, hace diez años; que urge la necesidad de convocar una nueva ‘Marcha del Silencio’, las vías del diálogo en ese entonces del gobierno ultraconservador de Mariano Ospina Pérez, conocido también como ‘la mano negra’, se habían agotado, los campos y ciudades se convertirían en un hervidero de muerte y terror. El desplazamiento de miles de familias campesinas en la época hizo que la esquizofrenia política del país se convirtiera en una caldera de terror.

Fue entonces que el gran caudillo Jorge Eliécer Gaitán convocó la ‘Marcha del Silencio’ —7 de febrero 1948—, más de 300.000 personas de todo el país se congregaron en Bogotá, con antorchas y camisas negras, para decirle en ese entonces al gobierno que parara la ola de sangre azul y roja. El mensaje del caudillo fue contundente en su famosa oración por la paz: “Bajo el peso de una honda emoción me dirijo a vuestra Excelencia, interpretando el querer y la voluntad de esta inmensa multitud que esconde su ardiente corazón, lacerado por tanta injusticia, bajo un silencio clamoroso, para pedir que haya paz y piedad para la patria”.

¡Sí!, esa misma piedad pedimos para los cientos de asesinatos de líderes sociales, que han ofrendado sus vidas en los territorios. Como activista por la paz y la defensa de los derechos humanos, propongo desde este breve espacio, a quizás poder convocarnos en una segunda ‘Marcha del Silencio’, para decirle a este gobierno, que cese la horrible noche y que nos resistimos a volver al oscurantismo de ese pasado horrendo. Es un clamor por la vida, la esperanza y por el futuro de una Nación que reclama a gritos una
paz con justicia social.

Señor presidente Iván Duque, es preferible una bandera solitaria en la cumbre de la paz, que mil banderas tendidas en los campos de la muerte. “¡Señor presidente: aquí no se oyen aplausos, solo se ven banderas negras que se agitan”!, Gaitán.

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