Sabado, 14 Dic,2019
Opinión / DIC 02 2019

Salud con alma

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

Uno de los asuntos más álgidos del país tiene que ver con el servicio de salud. 

La crisis es general… entidades que niegan procedimientos, demora en intervenciones y tratamientos, falencias en la formulación de medicamentos, tardanza en las entregas, citas que se postergan, personas que padecen dolor e incluso muerte por la negligencia de algunos… La lista de ‘males’ del sistema es infinita…

Sin embargo, como toda oscuridad guarda algo de luz, en medio del océano de dificultades se erigen algunas islas, que hacen la diferencia y mantienen el humanismo.

Tal como lo negativo debe denunciarse, lo bueno tiene que evidenciarse, pues algo que debemos evitar es ese pesimismo que a veces se convierte en epidemia y lleva a pensar que todo está perdido y nada funciona.

Se presentó un accidente en casa —de aquellos con los que nadie cuenta y para los que no se está preparado—. Lesiones dolorosas, preocupación por la presencia de una fractura, angustia por la vida en riesgo… Una rápida atención, inicialmente del servicio de medicina domiciliaria, que condujo a la paciente a la clínica La Sagrada Familia de Comfenalco. Aunque existía congestión, desde el primer contacto hubo cordialidad y disposición de servicio. Desde el personal administrativo de recepción hasta las enfermeras, existía amabilidad, muy buen trato.

Luego el contacto con el médico, una doctora de pocos años y gran profesionalismo. Sensibilidad y dulzura, paciencia en la auscultación y diligencia en el proceso de ordenar  exámenes. La EPS SOS era la responsable. Todo fue excelente.

Había muchos enfermos, sin embargo, se generó la mayor comodidad que era posible – dadas las circunstancias – y prontitud en la aplicación de los exámenes. 

Por las lesiones musculares y nerviosas, el dolor era agudo. Los camilleros y operarios, se mostraron comprensivos e hicieron un esfuerzo por minimizar el padecimiento.

El traslado de un piso a otro, el cambio de la camilla a los sitios para exámenes, estuvieron colmados de bondad.

Luego, la orden de hospitalización y ante la ausencia de camas disponibles, preocupación por generar soluciones y atender de la mejor manera.

Definitivamente la actitud es la que hace la diferencia, por eso, el personal de la caja de compensación que presta sus servicios en esa IPS creó una realidad distinta, un oasis en la mitad del desierto por el que atraviesa la salud.

Constituye un deber ciudadano contar estas cosas, decir —con criterio informado y conocimiento de causa—, que no todas las EPS son espantosas y no todas las clínicas son un desastre… Hay gente buena, competente, dando lo mejor, mitigando el dolor, entregando bondad y salvando vidas, construyendo la excelencia en todo lo que hacen… Todavía quedan pequeños rincones de patria, donde la salud conserva el alma.

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