Editorial / MAY 31 2020

#COLOMBIA

Ninguna revolución fue posible sin una dosis de sacrificio, todas las transformaciones implican esfuerzos, un mar en calma no hace buenos marineros, los buenos pilotos no se forman en cielos despejados.

#COLOMBIA

Un precio bien alto ha tenido que pagar la humanidad por cuenta de un microscópico enemigo que fue capaz de cruzar el Atlántico y el Pacífico en solo días e ingresar a la mayoría de países del mundo sin ser invitado y ha vulnerado casi todas las barreras que le han puesto. La tragedia ha sido de proporciones mayores, de nuevo quienes menos tienen han sido los que más han perdido, cada hogar es una angustia diferente. Eso está claro. Pero hoy qué tal levantar la mirada para reconocer que también la tragedia trajo algunos regalos y desempolvó otros que, aunque extraordinarios, se habían dejado ocultos a los sentidos y la conciencia.

Uno de los mejores regalos, el más necesario y útil, fue volver a tener el planeta un poco más limpio. Por voluntad propia o por el camino que iba la especie humana habría sido imposible limpiar un poco los mares, los ríos, las montañas, los valles y el aire. El cielo volvió a verse azul y en donde ya se había olvidado el color natural de los rayos del sol, la contaminación del aire rebajo para poder ver el astro rey sin filtros.

Otro premio a tan grande sacrificio fue para los seres vivos menos evolucionados. La especie más inteligente de todas los tenía acorralados y no contenta con haber provocado la extinción de muchas especies, hacía su mayor esfuerzo para seguir destruyendo territorios, cazando por deporte y por placer y negándole a muchos animales un lugar en el planeta. Hubo tregua, es necesario que perdure. 

La familia también ganó. Quienes han sabido aprovechar estos días de confinamiento recuperaron el tiempo que no habían querido compartir con los hijos, padres, hermanos y pareja. Quienes optaron por renovar sus votos de amor en esta cuarentena, tienen muy claro que protege y vale más un buen hogar que la casa más lujosa.

Las ciudades también ganaron, las calles de nuevo volvieron a estar y durar limpias, el ruido disminuyó y los sentidos se volvieron a alimentar con la polifonía que vuela de árbol en árbol y que había sido silenciada por los exostos, las pastillas de frenos desgastadas, los alegatos y los pitos desesperantes de conductores angustiados. Hubo cosecha de mangos y guayaba dulce en los árboles sembrados en el separador vial de la avenida Centenario. El gris también le dio una tregua al verde.

Casi todos los indicadores de violencia disminuyeron. Menos atracos, menos homicidios y suicidios, rebajaron los hurtos, las riñas callejeras, la estafa, los muertos y heridos en las vías. También las mentiras han sido menos, muchos insultos quedaron aplazados y tanta expresión violenta innecesaria se quedó sin pronunciar porque no encontró destinatario.

Sí, hay problemas. Pero también hay un nuevo chance, otra oportunidad. Por eso hoy los medios de comunicación del país nos unimos y sobre todo para recordar que Colombia es propiedad, futuro y tarea de todos.

 

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