Opinión / JUN 03 2020

Escuela en casa

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

Como modelo pedagógico de contingencia, a partir de la crisis actual, en las instituciones educativas se ha adoptado la escuela en casa con metodologías virtuales o interactivas que permiten que los estudiantes continúen con el desarrollo de sus procesos sin salir de casa. Es una estrategia que ya existía desde antes, pero que muchas personas rechazaban porque sentían que no era tan buena o que no cumplía con los estándares requeridos para el aprendizaje.

Muchos estudiantes se ven hoy obligados a permanecer de 6 a 8 horas en el computador, ven clases de 40 a 60 minutos y tienen tareas y trabajos que deben realizar en los tiempos de descanso. Sin lugar a dudas es un gran reto, ya que deben permanecer atentos a pesar de los estímulos del ambiente: familiares hablando, trabajando o estudiando a la vez, ruidos de la calle, los vecinos o el barrio.

También para los profesores lo es, ya que constituye un factor novedoso, no nos digamos mentiras: la mayoría está improvisando en el camino, tratando de elegir las estrategias más sanas y acordes para compensar la falta de presencialidad, sin embargo, en la mayoría de los casos estas se quedan cortas y no cumplen con la expectativa de los padres, directivos ni los mismos niños.

Debemos bajarle al drama y entender que el cambio incluye un proceso de adaptación y que es verdad que los niños son nativos digitales pero la motivación en la era digital es lo interactivo y lo que estamos haciendo ahora es tratando de incluir en estas interfaces algo puramente productivo que no motiva de la misma forma, es decir, puede que el niño quiera estar jugando todo el día en el computador, pero no quiere estar viendo actividades que incluyan producción intelectual, volviéndose desgastante hasta conseguir que se aumente la ansiedad.

Cuando hablo de bajarle al drama quiero decir que como educadores y padres debemos aterrizar la expectativa frente a los logros educativos en este año de crisis, tal vez sea mejor que los niños aprendan bajo un modelo de un ritmo más lento, y no generar un aumento en la ansiedad y el estrés que se sume a toda la información sobre la crisis que están recibiendo día a día, deteriorando su bienestar mental.

Debemos ser aterrizados frente al desarrollo mental del niño, hay padres que me dicen que su hijo de 3 años esta viendo clases virtuales y yo me pregunto: ¿Cómo puede hacer un profesor para que un niño de esa edad se concentre en una clase más de 5 minutos? cuando su desarrollo implica que debería estar en una fase de experiencia e interacción que no incluya nada productivo y donde el contenido es puramente lúdico. ¿Cuáles son las experiencias que estarán almacenando que desarrolle realmente sus mecanismos neuropsicológicos?

Aterricemos y entendamos que en este año de transición el aprendizaje más importante es la consolidación del núcleo familiar y con ello a que esa familia se vuelva partícipe del proceso educativo.

 


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