Editorial / JUN 03 2020

Matarife

Fuerte prueba que medirá la madurez de una audiencia y que de momento sigue impulsando las redes sociales, no como puntos de encuentro y reflexión, sino como tribunales y trincheras y a los usuarios de las mismas como jueces. 

Matarife

Con el fallo de tutela a nuestro favor, dice Daniel Emilio Mendoza Leal, creador de la serie web Matarife, mi cliente —el periodista bogotano Gonzalo Guillén— y yo y toda Colombia quedamos autorizados para tratar de matarife, asesino, paramilitar, corrupto y narcotraficante a este señor. Y ese señor es el exgobernador de Antioquia y expresidente de Colombia, Álvaro Uribe Vélez. Ya van dos capítulos de seis minutos cada uno, con gran audiencia, mucha prensa y editoriales que como este se escriben para provocar una reflexión sobre el producto audiovisual y su impacto para el país.

A quien hoy llama abiertamente matarife el director de la serie, que además escribe y es abogado criminalista y defensor de derechos humanos y libertad de expresión, es hoy un senador de la República, con muchos cuestionamientos por su actuar como gobernador antioqueño y como presidente de los colombianos, con varias investigaciones de alto corte pero inocente hasta hoy y libre. Matarife es, además de una denuncia abierta y frentera, un juicio anticipado y sobre todo una condena anticipada y eso es lo que tiene que generar un profundo análisis.

La serie tiene como chispa de arranque el proceso fallado en favor de Guillen ante una tutela interpuesta por el señor Uribe Vélez exigiéndole a su detractor que se retractara de las acusaciones y señalamientos públicos en su contra. El producto audiovisual, además de novedoso y bien logrado desde el punto de vista estético y narrativo, supone una gran prueba de madurez para la audiencia colombiana.

La serie provoca y es fuerte, muy fuerte. No está presentada ni planteada como una serie de ficción, Matarife es una denuncia pública. Desde el logotipo usado, pasando por el eslogan —un  genocida innombrable— y las acusaciones directas en contra del expresidente Uribe, el seriado corre el riesgo de generar odio antes que reflexión, violencia antes que análisis, además que es la puerta de entrada, como lo afirma el creador del producto, para condenar por los delitos más atroces a alguien que, otra vez, no ha sido ni siquiera enjuiciado. 

Que esté libre el senador del Centro Democrático no quiere decir que lo vaya a estar siempre o que pronto ya no lo esté, simplemente que es un colombiano más al que hoy no se le ha demostrado ninguno de los delitos que le endosa la serie y aun así se le está linchando mediáticamente. Resulta un poco pretensioso afirmar, como lo hace Mendoza Leal, que si él y Guillén puede gritarle a Uribe paraco, mafioso, asesino y matarife, también lo pueda hacer cualquier colombiano. No. Las cosas en sus exactas proporciones, como debe ser. Hay también muchos colombianos que piensan lo contrario y eso también debió ser tenido en cuenta a la hora de escribir el guion de la serie.

A la vicepresidenta actual de Colombia y al exministro Fernando Londoño, también hoy libres, el libretista los une en la serie con un hilo rojo como sinónimo de complicidad en lo que es titulado como un gobierno criminal y al que se le compara con una mafia. 

Avanza Matarife, un editorial audiovisual crudo con una pantalla abierta que debe ser visto en compañía de una mente responsable, sin fanatismo político para que no se quede solo y peligrosamente en una simple y común incitación al odio y la violencia, la misma que condena su creador.

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