Al descubierto / ENERO 15 DE 2021 / 1 mes antes

Alexa Helimet Cortés, la soprano quindiana que encontró su tono de vida en Medellín

Autor : Héctor Javier Barrera Palacio

Alexa Helimet Cortés, la soprano quindiana que encontró su tono de vida en Medellín

Alexa Helimet Cortés Gálvez es la hermana menor del tenor quindiano Kirlianit, quien es director del coro de Los Niños Cantones de Viena, en Austria. Foto : Cortesía

Este talento quindiano fugado de la tierra, habló con LA CRÓNICA sobre su trayectoria y sus vivencias entorno a esa pasión que la mueve. 

 

Una soprano y docente de canto lírico quindiana que es tan única como su nombre: Alexa Helimet Cortés Gálvez. Tiene la música en sus genes, ya que algunos de sus parientes, de origen campesino, tocaban tiple, guitarra y hasta piano de manera empírica cuando ella era tan solo una niña.                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                     Su padre, el docente Orlando Cortés, descubrió que ella tenía talento para el canto. Tuvo el privilegio de contar con grandes tutores como los maestros de la música Bernardo Sánchez Carmona, Rubén Vicente Olave Lentini y María Teresa Mendoza Saldaña. Pero una vez terminó su bachillerato en la capital quindiana se fue a buscar un mejor futuro y se formó como cantante lírica en la Universidad de Antioquia. En Medellín hace parte del grupo musical A 4 voces. De allí partió para Barcelona, España, donde hizo una maestría en gestión cultural y otra en realización de espectáculos. En 2012 fue docente de canto en el Instituto de Bellas Artes de Armenia y estando ahí la llamaron para que diera clases de canto lírico y popular en las universidades de Antioquia, en Bellas Artes y en la Eafit, todas en la capital antioqueña. 

En esa labor, asegura, continúa aprendiendo. Por estos días está de visita en la ‘Ciudad Milagro’, y está próxima a ‘fugarse’ a Barranquilla, donde es docente en las universidades del Norte y del Atlántico. 

 

 

¿Qué motivó su gusto por la música? 

Mis hermanos Kirlianit y Magda hicieron parte del grupo Gen’s. Él me lleva como 6 años. Cuando mi padre vio que él tenía mucho talento para el canto se preguntó que si su hija menor también lo tendría. Me puso a cantar una canción y vio que sonaba bonito, entonces empezó a darme clases, el primer profesor que tuvimos de canto fue mi papá, aunque no era cantante, desde la intuición nos enseñó vocalización y nos ponía a calentar la voz. 

Recibí clases del maestro Bernardo Sánchez y de María Teresa Mendoza, quien ha estado encargada de acompañar esos procesos de muchos músicos en el Quindío y ella nos conseguía talleres, clases, asesorías con ese maestro, quien fue mi guía en el canto, ya que siempre me incliné por ese arte. Con él estuve muchos años en el Instituto de Bellas Artes de la Universidad del Quindío. 

Empecé el bachillerato en el colegio Inem, que fue donde hice parte del grupo Gen’s y allí me encontré con Diana Hernández, quien es la hermana de Victoria Sur. Después mi hermano se fue a estudiar a Medellín y yo tenía entre mis posibilidades hacer la carrera de canto, estudiar odontología o fisioterapia. Al final me decidí más por la música y me fui para la capital antioqueña y allí me gradué como maestra en canto lírico con una gran influencia del docente Detlef Scholz.  

Vea también: María Teresa Mendoza, una voz conocedora de la música en el Quindío

¿Cómo fue el proceso con Rubén Olave? 

Creo que Rubén Olave nos daba rabia a todos porque él tenía un carácter muy fuerte, pero también lo entiendo porque trabajaba con un montón de adolescentes necios que a veces no respetábamos la autoridad y él simplemente quería sacar un proyecto adelante, pero nosotros por estar molestando no se lo permitíamos. Él nos regañaba muy feo, pero aun así hizo muy buena labor con su dirección del grupo Gen’s. 

¿Cómo le ha ido en esa labor de docente de canto lírico y popular? 

A mí eso me parece muy gratificante. No sé si eso de ser pedagogo es una cosa de sangre o simplemente es vocación, pero mi padre fue profesor de física y matemática toda su vida. Siempre vi que era muy bueno enseñando. En ese sentido creo que había un espejo. A veces uno quisiera que los procesos funcionaran a cierta velocidad. Hay cosas que no aprendí como estudiante, pero que he ido aprendiendo con mis alumnos en esa exploración del cuerpo, de cómo se enseña y se aprende. Ha sido como mezclar un poco ambas cosas, ahora estoy transmitiendo mis conocimientos, pero sigo siendo estudiante porque con ellos también aprendo. 

¿Todavía existe el grupo musical A 4 voces? 

Aún seguimos, lo que pasa es que por lo de la pandemia los recursos para la cultura están demasiado quietos y 2 compañeros, Jenny Saldarriaga Morales y Jhonnier Ochoa Céspedes —son pareja—, viven en Medellín y mi esposo y yo, que somos los otros miembros, estamos en Barranquilla, entonces ahora es un poco más complejo reunirnos. A 4 voces nació hace 4 años y es un grupo que empezó haciendo música andina colombiana porque Jenny y Jhonnier hacían ese ritmo y vimos que sería bueno unirnos para ver qué proyecto chévere podía salir de ahí. Tenemos la suerte que mi esposo es muy bueno como guitarrista y Jhonnier, aparte de ser bueno en eso, es un compositor maravilloso. Tuvimos la fortuna de hacer cosas propias y unos arreglos que no tiene nadie para nuestro formato. También hacemos música para Latinoamérica, no nos cerramos a la idea de hacer melodías de otros países. Ahora estoy con mi esposo a punto de sacar una producción de música andina colombiana y entonces le marchamos a los 2 proyectos, pero A 4 voces es el bebé que tenemos en este momento y es algo que me encanta, me parece maravilloso trabajar con ellos. 

 

 

¿En Medellín se le abrieron las puertas que en el Quindío no encontró? 

Efectivamente. Me siento muy quindiana y no puedo negar que soy de acá, pero mi segundo hogar es Medellín, amo esa ciudad y volvería a ella las veces que sea necesario. Los aspectos que me alejan de la ‘Ciudad de la Eterna Primavera’ van ligados a la tranquilidad porque es un entorno más grande, pero tiene unas posibilidades culturales y laborales mucho más amplias. Allá fui estudiante y tuve la oportunidad de ser docente y mi hoja de vida está abierta desde que estudié en esa tierra, entonces tengo mucho que agradecerle. 

 



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