Al descubierto / NOVIEMBRE 19 DE 2020 / 2 meses antes

Dominic se sintió maravillado con la amabilidad de los quindianos

Autor : Héctor Javier Barrera Palacio

Dominic se sintió maravillado con la amabilidad de los quindianos

Dominic Fabián Wolf pretende promocionar los atractivos turísticos del departamento. Foto : Archivo cortesía

Está de paso por el Quindío y este miércoles subió al túnel de La Línea.

“El único riesgo en Colombia es querer quedarse”, ese eslogan, que hasta hace algún tiempo utilizaban en una campaña para promocionar los destinos turísticos del país, es la misma frase que hoy tiene como un dogma de vida el youtuber alemán Dominic Fabián Wolf y que replica con pasión y convicción en su canal de Youtube y en sus redes sociales. Para que se hagan a una idea de la cantidad de personas que lo ven, en Instagram cuenta con 269.000 seguidores, mientras que en Facebook tiene 604.987.

Eso lo ha logrado en los 5 años que lleva radicado en Santander, Colombia, donde se graduó como administrador de empresas, después de haber obtenido el título profesional en Negocios Internacionales en Bielefeld, Alemania, su tierra natal. En este país fundó una agencia de viajes para promocionar con los extranjeros los paraísos que tiene Colombia en cada región. Acá se enamoró de la calidez y de la sonrisa de sus pobladores, al punto que dice sentirse más colombiano que alemán porque reconoce que en su país de origen la gente es muy fría y distante.

“Si uno hace una broma lo miran raro porque solo socializan con los que conocen, si eres extraño te ignoran”. Los colombianos le alegran el día y asegura que cada mañana se levanta con una sonrisa de lo feliz que vive de conocer este país. Por eso solo transmite en sus videos información positiva de este paraíso. Él se ha convertido en un embajador que lleva con orgullo la bandera tricolor a donde quiera que va.

Hace poco escribió en su perfil de Facebook una frase que demuestra el amor que tiene por nuestro país: “Si quiere conocer el océano Pacífico vaya a Chile, si quiere conocer el océano Atlántico vaya a Jamaica, si quiere conocer los andes americanos vaya a Bolivia, si quiere conocer las llanuras del Orinoco vaya a Venezuela, si quiere conocer las selvas del Amazonas vaya al Brasil, si quiere conocer las culturas precolombinas vaya a México, pero si quiere conocer todo junto venga a Colombia”.

En pocas palabras ese fue el personaje que esta semana vino de paseo al Quindío invitado por una agencia de viajes de Montenegro para conocer los sitios turísticos y promocionarlos entre sus seguidores con el mismo orgullo y sentido de pertenencia que lo ha venido haciendo. Este miércoles lo llevaron en un megajeep, tipo safari, a conocer el túnel de La Línea. El recorrido empezó, a las 3 de la tarde, desde la avenida Centenario con otras 10 personas, más otro grupo que los seguía en otro vehículo para grabar la aventura con el fin de hacer un pequeño documental con el que pretenden activar el turismo sostenible, por lo que sus planes no incluyen plásticos ni nada que contamine el medio ambiente.

Mientras este automotor avanzaba Dominic contaba que en los 2 días que llevaba en el departamento lo que más le había llamado la atención era el verde que había por todos lados, pero también la amabilidad de la gente, el poder socializar y compartir tranquilamente. En estas tierras colombianas ha aprendido a cantar, a bailar a tomar y a ofrecer guarito para el frío y más si va a estar a 3.250 metros de altura.

Este singular alemán que ama Colombia reveló que no era la primera vez que venía al Quindío, pues hace 3 años estuvo en Salento, pero aunque le pareció hermoso el Valle de Cocora, el municipio no le gustó porque era visitado por demasiada gente y al ver su pinta de mono acuerpado y de ojos claros lo trataban como si fuera un gringo y le hablaban en inglés. “Prefiero sentirme como colombiano” y de verdad que se siente nativo.

 

Vibra por Colombia

El pasado martes al ver la goleada que Ecuador le metía a Colombia dejó de ver el partido y expresó que se sentía triste. Lo curioso es que la selección de su natal Alemania también perdió ese mismo día 6-0 contra España, pero él ni se enteró que había perdido por partida doble, aunque solo sintió tristeza por la patria en la que ahora se siente feliz de levantarse cada mañana.

Dominic anda por los distintos rincones de Colombia con el asombro del turista o del niño que todo lo pregunta porque no conoce, pero a medida que va descubriendo cosas nuevas o datos interesantes los guarda como insumo para seguir promocionando en sus redes sociales estas tierras. Pregunta por la altura de la montaña y Fernando Jaramillo Botero, miembro de la Academia de Historia del Quindío, que acompaña el recorrido le responde que tiene 800 metros. Luego indaga por la velocidad máxima permitida a lo que el historiador le dice que son 60 kilómetros por hora y que existen cámaras para detectar a los que sobrepasan ese límite de velocidad.

Al ingresar al túnel de Osos de Anteojos, Dominic se para de su silla a tomarse fotos con todos los que lo acompañaban en esta aventura de conocer al Quindío. Siempre tiene una sonrisa pintada en sus labios por lo que se podría decir con certeza que es un alemán atípico, pero agrabable en el trato, siempre dispuesto al diálogo y bromista.

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¿Qué es lo que no le ha gustado del Quindío? Le preguntan. A lo que, sin dudar, responde, que la chica que está a su lado no le pone cuidado. Enseguida provoca una carcajada entre los presentes y luego asegura que todo le ha encantado. Hasta este instante ha recorrido los 300 metros del túnel Osos de Anteojos, los 600 de Los Colibríes y los 600 de Los Barranqueros. Al cruzar por el Alto de La Línea, mientras la carpa del megajeep estaba abierta y el frío carcomía los huesos, Dominic le dijo al conductor que por favor le bajara un poco al aire acondicionado lo que provocó, de nuevo, risas.

Al llegar al estadero La Chiquita el plan para todos fue tomar aguapanela caliente con arepa de chócolo y queso. Allí Dominic aprovechó para regalar guaro para el frío. Al fin de cuentas quedó claro que de ninguna manera le gusta ese clima ni ese trato porque él fue tan tropical que se adaptó como anillo al dedo entre los quindianos dicharacheros que lo acompañaron a ver en ellos la amabilidad que él tiene.


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