Al descubierto / OCTUBRE 22 DE 2020 / 1 mes antes

Jaime Robayo trajo los primeros pasos de la danza al Quindío

Autor : Héctor Javier Barrera Palacio

Jaime Robayo trajo los primeros pasos de la danza al Quindío

Jaime Robayo Muñoz aprovecha sus días de jubilado en Cali para leer y pintar. Foto : Cortesía

Impartió el amor por el baile. Dirigió el primer grupo de baile en el departamento y de ahí en adelante sus enseñanzas llegaron a distintas instituciones educativas. 

Al hablar de Jaime Robayo Muñoz muchos de la vieja guardia en el Quindío se acordarán que fue el pionero de los grupos folclóricos en el departamento. Dirigió su primer grupo llamado Danzas Folclóricas de Armenia o conocido popularmente como La Tertulia. 

Además, fue formador de equipos de ese mismo arte en distintos colegios que existían en la ciudad en los años 60. Por sus clases pasaron más de 6.000 alumnos que aprendieron a bailar ritmos que hasta ese momento nadie conocía. “El caso del currulao, el mapalé, que fue un escándalo grandísimo al principio, trajo el bullerengue, el congo,  joropo y otros que para esa época eran extraños”. Todo eso lo hizo empíricamente, sin haber pasado por una escuela de danzas y como él mismo lo afirma, “sin tener un doctorado en baile, como lo exigen ahora”. 

Además, en las melodías que la vida le ponía también fue variado: estudió ingeniería de petróleos, pero no terminó. La carrera que sí pudo culminar fue administración de empresas en la EAM, donde alcanzó a ser decano de esa institución y profesor de administración, matemáticas y economía. Desde Cali, donde se radicó con sus 2 hijos después de jubilado, le recordó a los lectores de LA CRÓNICA cómo se dieron esos comienzos de la danza en este territorio cafetero. 

 

¿Qué lo llevó a ser profesor de danzas en Armenia cuando no existían grupos en la ciudad? 

Nací en Pijao, pero a los 3 años nos fuimos a vivir a Armenia y después a Bogotá, donde me crié y me eduqué. Soy bachiller del Colegio Mayor de San Bartolomé y estando allá quise aprender a tocar castañuelas y para eso conseguí a un profesor que se llamaba Víctor Mora, quien también me enseñó a bailar la danza española. Después de eso tuve un docente que se llamaba Raúl Martín, que era español y con él pude perfeccionar el baile del flamenco. Aprendí ballet con Kiril Pikieris, un italiano muy importante que tenía una academia en la capital. 

Me fui a estudiar a la Universidad Tecnológica de Pereira y allá encontré una entidad que se llamaba Sociedad de Amigos del Arte y ahí estaba Jaime Orozco, quien tenía una academia de danza y con él aprendí folclor. Posteriormente regresé a Bogotá y un día cualquiera mi papá me dijo que había una señora que estaba solicitando bailarines, que  me presentara. Cuando llamé para averiguar sobre eso, me dijeron que el grupo lo coordinaba Sonia Osorio. Fui a hacer un casting y estuve 4 años y medio en su ballet. Más adelante me fui para Armenia porque en la universidad me di cuenta de un puesto como jefe de personal de una empresa metalmecánica y me lo gané. Mientras estaba en la capital del Quindío un primo me dijo que había unos muchachos que trataban de formar una agrupación de baile y ensayaban en lo que eran los sótanos de la alcaldía, el sitio se llamaba La Tertulia. Fui a verlos. Al terminar me les presenté, les hablé de mi trayectoria y les dije que les podía ayudar para formar un grupo de danzas. Los integrantes eran las hermanas Cecilia y Marina Orozco, Mariela e Isnoelma Rincón, Rosita García y Amanda de la Pava. Los hombres eran Alberto Pareja, Pacho Vallejo, Toño González, Alonso Duque y Carlos Alberto Castaño. Danzas Folclóricas de Armenia fue el primer grupo de baile que se formó en el Quindío. 

 

¿Cuándo fue la primera presentación pública del grupo?  

Se hizo a las 7:30 p. m., del 19 de marzo de 1965 en un club que estaba ubicado diagonal a lo que hoy es la clínica La Sagrada Familia. Invitamos familiares y amigos para que fueran porque nadie nos conocía, pero hubo bastante gente porque el evento se fue conociendo entre los allegados de los invitados. 

Allá bailamos contradanza, bambuco, pasillo, guabina, cumbia y joropo. Dentro de eso se incluyó un tango porque había que aumentar el programa y lo bailaba Cecilia Orozco con su tío. A raíz de esa presentación nos resultó otra al día siguiente en el Club América a beneficio de los ciclistas, ya que en esa época no participaban por equipos, sino que cada departamento o municipio mandaba pedalistas a la Vuelta a Colombia. También hubo mucho público. 

 

¿Cómo fue la reacción de los asistentes? 

Me voy a atrever a decir algo porque mucha gente lo dijo, incluso, hasta la misma Sonia Osorio, que una vez estuvo en Armenia, después de ver bailar el grupo opinó que era uno de los más coordinados que ha conocido. Yo era muy exigente y muy perfeccionista. 

 

¿Cómo fue esa experiencia de crear grupos de danzas en los colegios de Armenia? 

Empecé con Danzas Folclóricas de Armenia y nos presentamos en varios municipios. En 1966 don Germán Hurtado, que era el rector del colegio Rufino, me dijo que necesitaba formar grupos de danzas, de teatro y más cosas relacionadas con el arte porque con eso quería sacar a los muchachos de la carrera 18, en ese tiempo esa era la calle de la perdición porque ahí estaban los cafés, los prostíbulos y todo eso. 

La idea era usar el arte para evitar que los jóvenes se fueran a jugar billar y a emborracharse. Entonces el rector creó el departamento de extensión cultural y me nombró como su director. Formé en el Rufino danzas que fueron reconocidas en casi todo el país, dirigí el grupo de teatro y promoví la música y los coros del colegio. 

A raíz de lo hecho allí empezaron a llamarme y estuve manejando las danzas del María Inmaculada, Capuchinas, Bethlemitas, del colegio oficial de señoritas, en el Teresita Montes, en las Adoratrices y fuera de eso en la alcaldía me nombraron como director de las escuelas que había, que eran pocas, no estuve en todas. También fui el iniciador de las danzas de la casa de la cultura de Calarcá. Así mismo, fui profesor del Instituto Montenegro. 

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¿También le tocó formar públicos? 

Sí, porque en esa época la idea que se tenía era que los bailarines eran gays y las bailarinas eran prostitutas. Desfilábamos en Armenia cuando los músicos celebraban el día de Santa Cecilia y la gente nos insultaba, pero en el fondo no nos importaba porque sabíamos quiénes éramos. 


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