Al descubierto / NOVIEMBRE 06 DE 2020 / 2 meses antes

“Los rockeros están tocando reguetón por falta de apoyo”

Autor : Héctor Javier Barrera Palacio

“Los rockeros están tocando reguetón por falta de apoyo”

El baterista Luis Enrique Duque Mejía nació en Armenia, pero se crió en Cúcuta. Foto : Cortesía

Luis Enrique Duque Mejía, exbaterista de Compañía Ilimitada, habló sobre la actualidad del rock. 

Para el baterista y productor quindiano Luis Enrique Duque Mejía, conocido en el gremio musical como Kike, la decadencia del rock en español  se debe a la falta de apoyo del sector público y privado. 

Estudió aviación, pero su verdadero ‘vuelo’ en la vida lo tuvo en la música. Fue productor, mánager y baterista en otros casos, de grupos como Compañía Ilimitada, Ekhymosis —donde se dio a conocer Juanes—. Además acompañó a cantantes como Fonseca en la producción y como baterista. Con Andrés Cabas estuvo 5 años apoyando la producción, igual lo hizo con Karoll Márquez y también participó en el Tour de la Mangosta de Shakira, así como en el trabajo musical y actoral de Carolina Sabino, quien fue su esposa durante 2 años. 

Ahora, dedicado a una vida más sosegada en el campo del Quindío, dialogó con LA CRÓNICA sobre la actualidad del rock en español y sus vivencias. 

 

¿A qué cree que se debe la decaída del rock en español en la actualidad? 

A mi juicio es a un asunto económico y sociocultural porque realmente los entes que deberían apoyar este tipo de género no han sido los más firmes. 

Existe un evento denominado Rock al Parque, que ya de esa  música es bastante poca, porque en realidad trae bandas de pop, de reggae y de otras cosas, como por cubrir, pero allí no está la esencia del rock, sea el suave, el punk o el metal. No ha sido la prioridad de las disqueras invertir en estos artistas porque no representan mucho dinero. 

Toda la música se ha convertido en un asunto monetario al punto que hay rockeros pesados y metaleros que están tocando con reguetoneros, pero lo hacen porque tienen que comer y sostener a sus familias, por eso se ha prostituido el género y ya no es tan apoyado como lo fue en otros tiempos. 

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¿De dónde le surgió ese gusto por la batería? 

Tal vez es una pasión heredada de mi padre, quien siempre quiso tocar batería, le gustaron los tambores y perteneció a la banda de guerra de su colegio. Cuando cumplí 7 años uno de sus sueños era ver una batería en la casa, pero con la intención de que yo tuviera el interés de tocarla y me dio ese regalo de cumpleaños y fue algo en lo que hasta ese momento no me había fijado porque mis anhelos le apuntaban a los aviones, no a la música, pero de ahí para acá fue como una bola de nieve lo que causó este instrumento y después la percusión y los tambores. 

 

¿Cómo fue esa aventura de irse a buscar su sueño a Bogotá con apenas 14 años?

Me había ido a vivir con mi papá para Cúcuta por cuestiones laborales de él y empecé a ver que allá, en la provincia, era bastante complicado encontrar el ideal de las tarimas y de los escenarios a los que quería llegar como artista. Es curioso que a esa edad, cuando apenas estaba en un proceso de formación, pensara en eso, pero lo vi así. Era una crianza muy estricta, de padres muy querendones, muy amorosos, pero a la vez bastante rígidos, como lo fue para varias generaciones. A mí no me gustaba mucho eso, porque los artistas no somos de estar amarrados con parámetros y con protocolos.

En mí había alma musical y actoral y estando en Cúcuta, mientras experimentaba la música con los compañeros de estudio, surgió este viaje. Cuando le planteé a mi familia que me quería ir a Bogotá a experimentar, mi padre, muy educado a la antigua, me dijo que si dejaba las comodidades que tenía con ellos renunciaba a todos mis derechos en la casa porque realmente no me faltaba nada. A esa corta edad tenía un carrito que había comprado con mi trabajo y aún así lo dejé todo, me fui con una grabadora que había comprado, $60.000 que tenía ahorrados, una cobija y un beso de mi mamá.

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¿Cómo se dio su llegada al grupo musical Compañía Ilimitada? 

Por un amigo pude entrar al grupo, pero recogiendo cables y apoyando la logística. Un día a la Universidad de Eafit de Medellín llegó todo el equipo, menos el baterista, quien era venezolano y por cuestiones de conexión no pudo cumplir. En ese momento yo estaba en el escenario organizando los cables y me dijeron que bajara un momento donde Juancho y Pillo. 

Me dijeron que me habían visto tocar la batería durante las pruebas de sonido y que les había gustado. Obviamente en las giras me aprendía las canciones, los cortes y el libreto. Entonces me pidieron que tomara las riendas del instrumento porque ese show no se podía aplazar. El espectáculo arrancó y estaba dividido en 2 partes. Cuando terminó la primera bajamos. Juancho y Pillo me dieron un abrazo y me dijeron que por qué estaba recogiendo los cables sabiendo que lo hacía tan bien como baterista. 

Al terminar la presentación llegamos al hotel y los compañeros me aplaudieron y me agradecieron. Después de una reunión me ofrecieron el puesto de baterista. 

A partir de ese momento hice toda la gira con Compañía Ilimitada por las universidades del país  y los acompañé como baterista en 26 conciertos. Hoy  en día toco, pero en las mieles de la tranquilidad, porque me quise apartar de ese mundo estresante y ahora estoy dedicado a las labores del campo. 

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