Al descubierto / SEPTIEMBRE 02 DE 2020 / 1 año antes

Un arte de esperanza a la entrada del túnel de La Línea

Autor : Héctor Javier Barrera Palacio

Un arte de esperanza a la entrada del túnel de La Línea

En la parte superior del túnel, extendiéndose hacia el lado derecho de la imagen, se aprecia el monumento a la Fraternidad y la Esperanza.

Julián Vergara León también donará una obra de arte para el Jardín Botánico del Quindío.

 

 

Julián Vergara León, maestro universitario, escultor y grabador, se define a sí mismo como un “constructor de obras públicas con un discurso que puede llegar a edificar el rescate de la memoria y de los saberes de cada una de las regiones del país, pero con una perspectiva de la promoción del Estado”. Por eso, sus más de 25 obras plásticas escultóricas monumentales han sido públicas, no ha hecho ninguna de carácter privado ni para particulares. 

Es autor del monumento a las Mujeres del Bicentenario en Anapoima, Cundinamarca,  y el de los Mártires en Bogotá, por nombrar solo 2 de sus trabajos. Sus más recientes gestas artísticas serán apreciadas por los usuarios del túnel de La Línea, una vez se ponga en funcionamiento. Se trata de un busto con la figura del ministro de Transporte, Andrés Uriel Gallego, fallecido en 2014, que estará ubicado en la entrada del túnel Osos de anteojos. Pero en esta misma megaobra se podrá ver otra de sus creaciones de gran formato llamada monumento a la Fraternidad y la Esperanza Nacional, que adornará la entrada del túnel principal. 

Vergara León ha sido profesor de artes plásticas en diversas universidades del país, se formó en la Escuela Superior de Arte, estudió en el Instituto Superior de Artes en Cuba, fue maestro escultor de la Escuela Nacional de Pintura, Grabado y Escultura de México, entre otros cargos.  En la actualidad es el director de artes plásticas de la Escuela de Artes de Anapoima. En el pasado estuvo en Armenia haciendo apoyos silenciosos, pero de gran aporte al conocimiento y a la cultura. 

Sobre sus obras de arte en el túnel de La Línea y su estancia pasada en la capital quindiana, este artista, de 42 años de edad, dialogó con LA CRÓNICA. 

 

¿Cómo resultó seleccionado para realizar estas obras en el túnel de La Línea? 

Llegué por invitación del Invías en un trayecto que inició hace 3 años, en el cual yo manifestaba que los procesos de infraestructura se pueden unir con los del arte, porque es la mejor forma de educar, de producir identidad y de poder empalmar el legado, el patrimonio y el desarrollo de las artes en las regiones con las obras necesarias que durante tantos años fueron represadas y que no se lograron concretar porque tenemos 100 años de atraso respecto al resto del mundo. 

Además, hay 200 años de retraso en la literatura, la música, la plástica y este es un buen momento para armonizar esos 2 caminos que estaban quedados en la historia. Esta entidad encargada de las grandes vías de Colombia le ha invertido mucho a la infraestructura, pero siempre con una carga humanista y ese es un valor que me impulsó a hacer la propuesta. Con la vicepresidenta de la República, Marta Lucía Ramírez, se inició un proceso de trabajo en Quindío en el que yo le manifestaba la intención de convertir estos cruces para que las poblaciones que transitan por estas obras civiles pudieran mostrarse desde sus artistas y que desde allí se diera valor a la esencia fundamental de estos espacios en los que se han intercambiado mercancías, conocimientos y hasta la palabra. Esto tuvo muy buen eco, entonces se inició el proceso que permite democratizar el arte para la gente y crear identidad nacional. 

 

¿Quiénes apoyaron la iniciativa? 

Empecé a trabajar con el director de Invías, Juan Esteban Gil Chavarría, Juan Esteban Romero, Ramiro Ramos, Luis Miguel Ramírez, quienes fueron los que hicieron todo lo posible para que estas obras se materializaran. 

 

¿Qué pretende transmitir con el monumento a la Fraternidad y la Esperanza Nacional? 

Decidimos hacer una obra que integrara las etnias, las culturas que van a atravesar esta ruta panamericana, porque más que pasar del Pacífico hacia el centro del país es un camino que nos lleva hacia el cono sur y esa es la máxima importancia. El montaje artístico busca dignificar la condición racial y por eso hay personas con diferentes condiciones: gordas y flacas, hay una pluralidad de nuestra condición social. Es un obra polidimensional porque no solo maneja el ancho y el largo, sino los batidos de una estructura metálica que termina mostrando esa incertidumbre permanente de muchos de los pueblos en el mundo que impulsan a la gente a salir adelante, trepar, irse de ese purgatorio que muchas veces tiene que padecer. Es un arte esperanzador para potencializar ese empuje y esa dinámica creadora y constructora de los colombianos. La obra busca dignificar su condición y los materiales para esta y para la que voy a donar para el Jardín Botánico del Quindío fueron regalados por una empresa llamada Latinco. 

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¿Qué fue lo que hizo en Armenia después del terremoto?

Cuando se dio la catástrofe y se cayeron las casas sobre las estructuras de bahareque y la gente murió, apelamos a ese sentimiento de regalar la ropa usada, la bolsa de arroz, que resolvían la inmediatez, pero en ese momento en la Universidad Nacional teníamos a Víctor Manuel Moncayo como rector y decidimos traer la alma mater donde la necesitaban. Nos vinimos al barrio Manuela Beltrán de Armenia con veterinarios para que atendieran las mascotas. Yo hacía parte de varios colectivos en ese centro de estudios y trajimos 5 buses con estudiantes de todas las áreas para trabajar durante 6 meses en el principio de la reconstrucción, pero apelando a la razón, al afecto y al criterio. 

De los sótanos de la universidad sacamos los libros y llenamos los buses con textos de ingeniería, arquitectura, zootecnia,  agronomía y muchas otras áreas. A partir de ahí construimos otro criterio de apoyo menos efímero que le permitió a muchos estudiantes de la Universidad del Quindío articular sus saberes y a nosotros enamorarnos de este lugar. En ese barrio hicimos una biblioteca, trabajamos en alfabetización verbal, escrita y productiva porque le enseñamos a la comunidad sobre el manejo de las huertas. También laboramos con el laboratorio de manejo de guaduas. A eso no le dieron nada de pantalla, pero seguramente esas labores sí incidieron mucho en la gente beneficiada.


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