Al descubierto / SEPTIEMBRE 05 DE 2020 / 1 año antes

Un hijo de Pijao que ahora será doctor en Rusia

Autor : Héctor Javier Barrera Palacio

Un hijo de Pijao que ahora será doctor en Rusia

Daniel Pérez Acosta domina 4 idiomas: español, ruso, inglés y portugués.

“Los seres humanos tienen mucho valor, pero no tienen quién les dé un empujón”. Daniel Pérez Acosta.

A los 17 años, Daniel Pérez Acosta partió de Pijao, Quindío, para buscar mejores rumbos en Moscú, la capital de Rusia. Abandonó su municipio el 15 de noviembre de 2011. 

“Era tan solo un niño de un pueblo que se iba solo al otro lado del mundo a enfrentarse a un monstruo como Moscú”, recordó. Aunque por su mente no pasó la idea de irse al exterior a prepararse académicamente, la vida lo había premiado por ser un joven sobresaliente en el estudio.

Cuando apenas tenía 9 años y estaba en cuarto de primaria desarrolló sus propios métodos para resolver las operaciones básicas de matemáticas y siempre fue el mejor de su clase. En  2005 ganó el primer puesto en las olimpiadas de esa asignatura que se hicieron en Montenegro. Además, fue el mejor de su municipio en las Pruebas Saber cuando apenas cursaba quinto de primaria. Al llegar al grado once logró el primer puesto de Pijao en las pruebas de Estado. 

Un día alguien destacado de esa localidad que estaba en Rusia recibió una beca para que se la otorgara a un colombiano con la intención de que pudiera prepararse en la Universidad Rusa de la Amistad de los Pueblos. Por sus excelentes resultados en el colegio, él fue el escogido. Allá cursó un pregrado en matemáticas aplicadas e informática, una maestría en teoría de probabilidades y estadísticas matemáticas y ahora estudia un doctorado en ciencias de la información. Con su esfuerzo y dedicación, Pérez Acosta se convirtió en un ejemplo e inspiración para que otros jóvenes alcancen sus metas. 

¿Qué estrategias utiliza para aprender? 

Uno tiene que ser responsable y organizar bien el tiempo para poder llegar a los objetivos. Muy disciplinado no he sido, pero sí me he esforzado mucho por no quedarme con lo primero que tenga. Si no entiendo algo siempre busco la manera de preguntar, de encontrar la respuesta a las dudas que pueda tener. Ha sido un trabajo en el que también he puesto de mi parte para ir más allá de lo que me enseñan en el salón de clases. Aprender no es solo cuestión de sentarse a estudiar un libro, sino que requiere de interactuar con las demás personas, uno tiene que buscar asesorías, preguntar, ser curioso, porque he visto mejores resultados haciéndolo de esa manera. Eso hace que lo que uno aprenda vaya a la memoria de largo plazo por las emociones que produce el contacto con otros que saben.

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¿De qué manera terminó haciendo un pregrado, maestría y ahora doctorado en Rusia?

Rubén Darío Flórez, hombre destacado de Pijao y quien es egresado de la Universidad Rusa de la Amistad de los Pueblos, estudió allí en la época soviética junto con su hermano y ha sido una persona que se ha esforzado mucho porque las relaciones entre Colombia y Rusia sean muy buenas. A él le otorgaron la Orden de la Amistad de los Pueblos, que es una condecoración que da el gobierno de Rusia. Además, es director del Instituto Tolstoi en Bogotá y ellos orientan mucho a los jóvenes para que se vayan a estudiar. El año en el que me gradué como bachiller, a ese instituto le asignaron una beca para que se la diera a un joven destacado. Rubén Darío decidió que debía quedar en manos de alguien del municipio porque siempre le daban esas oportunidades a gente de las ciudades grandes. En ese momento, Mónica Flórez, quien es la hermana de él, tenía la tarea de buscar a alguien que tuviera los méritos para dársela. Ella se dio cuenta de mi trayectoria y un día cualquiera, mientras le ayudaba a mis padres en su negocio familiar, me preguntó que si me gustaría irme a estudiar con una beca a Rusia. Para mí fue algo bonito porque por esos días estaba leyendo la biografía de Albert Einstein, quien estudió en un lugar, luego se fue a otro y al final terminó en Estados Unidos. Hasta ese momento no había considerado la posibilidad de salir del país, estaba esperando otra beca para estudiar en Colombia, pero acepté irme y mis padres me apoyaron. 

La beca le cubría la matrícula, ¿cómo hizo para los demás gastos? 

Teníamos en la casa 2 desafíos: el vuelo y la manutención. Entonces la propuesta llegó en febrero y el resto del año nos concentramos en ahorrar dinero para poder irme a finales de 2011. Rubén Darío Flórez terminó siendo ministro consejero de la embajada de Colombia y él también me ayudó mucho para obtener la beca para la maestría. Me dio una carta de recomendación que jugó un papel muy importante en ese proceso y la beca de doctorado sí la gané por méritos propios. Esta cubría la matrícula, el acceso a las bibliotecas de la universidad y ellos daban un apoyo mensual, pero no era suficiente para vivir. La vivienda también era subsidiaba, en gran parte, por ese centro de estudios, ya que uno termina pagando el equivalente a $50.000 colombianos. Mi padre es rector de un colegio y siempre me aportó recursos para la manutención. 

¿Le tocó trabajar mientras estudiaba para suplir los gastos personales?

Siempre fui consciente de que de cualquier persona puedo aprender. Mi madre y una tía siempre tuvieron una máquina de coser para arreglar ropa. Un día me compré una y me puse a hacer lo mismo y eso me produjo unos ingresos, fui guía de turismo, también tutor de matemáticas y español para poder solventar mejor los gastos porque el dinero que mi padre me mandaba solo me daba para lo básico. Imagínese que hasta hice cortes de cabello. Todo eso lo hacía siempre en las noches. Lo primero que me tocó hacer cuando llegué a Rusia fue comprar una olla para cocinar. 

¿Usted cree en el poder de valorar las capacidades de los demás? 

En medio del doctorado uno tiene que hacer una capacitación, una práctica pedagógica, porque un doctor puede trabajar en una universidad y en investigación. Me tocaba, a veces, ir a dictar clases. Un día me fui con mi tutor para ayudarle a recibir un examen y una de las evaluadas se estaba dando por vencida y antes de eso yo les había dado una lección y noté que ella podía dar más de lo que estaba dando en ese momento. Faltaban 40 minutos para que se acabara el tiempo estipulado para la prueba. Entonces le dije: “Sé que lo puedes hacer mejor, que tienes capacidades, solo necesitas pensar”. Sus ojos cambiaron, pensó por un instante, cogió la hoja y se sentó. Ella fue la última persona que salió del salón, pero fue una de las que tuvo mejores calificaciones. Esa fue solo una de las experiencias que he tenido en la cual me he dado cuenta de que solo falta un poco de motivación, de creer en la persona de manera auténtica y sincera para ver los resultados. 


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