Al descubierto / ENERO 19 DE 2021 / 2 meses antes

William Castaño, el escritor quindiano que convierte sus exilios interiores en libros

Autor : Héctor Javier Barrera Palacio

William Castaño, el escritor quindiano que convierte sus exilios interiores en libros

William Castaño Bedoya ha escrito 2 novelas y trabaja en la tercera. Foto : Cortesía

Prepara otra novela titulada El galpón, que es de ficción corporativa. 

“No soy buen escritor, pero siento lo que escribo”, eso es lo que afirma, con cierta modestia, el quindiano William Castaño Bedoya, porque sus novelas están llenas de humanidad, ya que cuando se le mete un tema en la cabeza, suele escarbar en lo profundo de sus personajes para desnudar la complejidad de esos seres en sus textos. 

Así lo hizo con la novela que tituló Flores para María Sucel, que es un homenaje a su madre. Para hacerla recorrió, después de la muerte de la mujer que le dio la vida, varias poblaciones del Eje Cafetero para investigar sus raíces. 

Su segundo libro lo bautizó Monólogos de Ludovico y es una novela de ficción sicológica inspirada en La metamorfosis, de Franz Kafka, y en Ojos de perro azul, de Gabriel García Márquez. Allí aborda el complejo mundo interior de un hombre autista de una familia adinerada. Ahora trabaja para que esta obra sea llevada al teatro.

Desde la ciudad de Coral Gables en Florida, Estados Unidos, donde vive con su familia, dialogó con LA CRÓNICA.   

¿Qué motivos llevaron a su familia a irse de Armenia para Bogotá cuando usted apenas tenía 6 años? 

Mi papá fue uno de los fundadores del barrio El Paraíso. Él manejaba, desde la galería de Armenia, el comercio de los granos en la región. Mi progenitor entró en decadencia por varias circunstancias.  Recuerdo que estando yo muy pequeño, los ladrones nos vaciaron la casa. Todo lo que tengo entendido lo convierto en ficción para poderlo novelar y supe por mi mamá que él tenía otra mujer y quería escapar de esa situación para no perder el hogar. Era un paisa, machista y acostumbrado a las infidelidades, más que todo en la galería, donde mantenía rodeado de mujeres, de griles y de todas esas cosas mundanas. Todo eso fue creando una inestabilidad y es cuando hablo de los exilios del ser, porque era una persona a la que le llegaron las tribulaciones de su vida, pero en vez de enfrentarlas y ponerlas en orden, prefirió huir. Cuando llegamos a la capital estuvimos en un barrio muy complejo, él fue siempre un comerciante, pero allí no contó con suerte porque una gente que le prometió ayudarlo en los negocios no lo hizo y fue perdiendo la poca plata que tenía. Éramos 5 hermanos y llegamos allá en una pobreza impresionante e hicimos parte del éxodo interno que hay en Colombia. Mi padre también se motivó a irse porque Quindío estaba muy azotado por la violencia. 

¿Qué fue lo que se vino a buscar al Eje Cafetero cuando su madre murió para escribir su novela Flores para María Sucel? 

El día que murió mi mamá en Bogotá, por una mala práctica médica, yo llevaba 5 años como residente en Estados Unidos. Antes de eso me llamaron a decirme que ella estaba hospitalizada porque se fue a hacer un examen de la vesícula y en vez de pincharle esa parte le inyectaron el páncreas. A los 5 días murió, pero no alcancé a viajar. Desde entonces, me propuse escribir sobre su vida. No quería que fuera una biografía, entonces dije que eso había que novelarlo y me acordé de García Márquez, que hacía investigaciones profundas y se reunía hasta con los secuestradores si le tocaba y ese trabajo de preproducción de la novela me ha parecido muy importante, que es lo que hago desde la investigación para después convertila en ficción. Me fui para el Viejo Caldas porque quería averiguar la vida de la abuela y de los papás de los abuelos, de dónde venían, para dónde iban, sus costumbres y todas esas cosas que los hacía sentir personas en lo humanístico, que es lo que me ha interesado. Hice ese viaje buscando todo eso, pero también persiguiendo mi yo interno, porque hacía muchos años que me había ido del Quindío y eso me llevó a andar por Manizales, por Armenia y por Pereira. Ahora visito barrios de la capital quindiana como Corbones, Quindío y Granada y los veo un poco lacónicos. Estaba deshaciendo pasos en ese recorrido para reconstruir esa historia de la tercera generación de mi familia, que era la de mi mamá. 

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¿En su círculo cercano convivió con personas que tuvieran problemas mentales como los del personaje de su novela Monólogos de Ludovico? 

Kafka y Gabo llegaron antes de darle forma al personaje que tenía pensado hace muchos años, porque toca lo que es el absurdo y me inspiraron varias cosas. Cerca de la familia de mi esposa hay un personaje muy querido y tiene una condición que no es autismo ni síndrome de down, sino que es algo muy frecuente en Colombia. Hay un gran amigo en Estados Unidos que tiene un hijo que es muy agresivo, por lo que debe estar en un lugar especial y aparte de eso tengo una amiga que también tiene hijos así. Son familias que sufren esos problemas genéticos hereditarios y la única esperanza que tienen es que la vida pase. Incluso, la novela se iba a llamar Cuando los viejos mueren, porque cuándo ellos se van de este mundo, ¿qué pasa con sus hijos en ese estado? Siguen siendo niños a los 50 o 60 años, hay un desamparo y un desasosiego de todas las familias que tienen personas en esas condiciones. Creé un personaje que no tiene grises, que es blanco o es negro en sus cosas conceptuales. Es una persona que vive en una familia muy adinerada y resulta que no le falta nada, le sobra amor, pero internamente padece una gran frustración de la cual ni siquiera es consciente, de que no se puede comunicar y le toca regirse por unos códigos del habla que son casi onomatopeyas, porque no articula palabras o las pocas que usa para expresarse son muy repetitivas, es como si viviera en el mundo con 50 frases con las que se defiende para todo. Me puse a pensar que la mejor forma de crearlo era con un monólogo interior, como si tratara de expresar las cosas, pero no pudiera. Cuando voy por la calle y veo a una persona con limitaciones acompañado por sus familiares, esos son los ludovicos que me inspiran. 



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