Ciencia y Tecnologí­a / ENERO 17 DE 2021 / 2 meses antes

Aprendizaje en tiempos de la Covid-19

Autor : Diego Arias Serna

Aprendizaje en tiempos de la Covid-19

La educación es otra de las víctimas de la pandemia. Imágenes como esta suscitan la pregunta obligada: ¿Cuándo podrán regresar de nuevo a las aulas —sin temor— estudiantes y profesores?

“Debemos tomar medidas audaces ahora, a fin de crear sistemas educativos de calidad, inclusivos y resilientes, adecuados para el futuro”: António Guterres.

No es novedad afirmar que la educación escolar ha estado en crisis, tampoco que la pandemia desenmascaró las fallas en el aprendizaje de la niñez y la juventud en varios países, incluyendo a Colombia. Por eso se puede aseverar, así mismo, que tal situación no solo abrió las grietas de la salud, sino que penetró por las fisuras de las estructuras del sistema educativo. El hecho de que las nuevas generaciones, en un alto porcentaje, estén llegando a la universidad sin saber leer y escribir, corrobora lo afirmado. ¿Y qué decir de la formación en matemáticas?, da desazón. 

El recinto escolar, como el aprendizaje, igualmente venía presentando fracturas: edificaciones mal construidas, instalaciones inadecuadas, infraestructuras sanitarias deficientes o en mal estado, espacios limitados para el deporte y medios tecnológicos —claves en el siglo XXI— obsoletos o funcionando mal. Deficiencias producto de la corrupción. Además, si se agrega el matoneo —bullying—, posiblemente algunos escolares agradecieron el aislamiento y el distanciamiento que obligó esta pandemia.   

Así que la Covid-19 no solo nos ha puesto en guardia frente a la salud y la vida misma, sino que puso al descubierto la fragilidad del sistema educativo y el de salud. Debilidad tanto en lo estructural, como en lo económico, porque si algo dejó al descubierto esta coyuntura que estamos viviendo, es lo exiguo que son los presupuestos de la educación y la salud en muchas naciones. El sistema de salud en Colombia es más crítico, porque el aporte mensual que hace la población a la salud queda en las arcas de las Entidades Prestadoras de Salud, EPS, sigla que ya debe empezar a dolerle a muchos colombianos, e iniciar la gesta de su desmonte.

Ubicándonos en el contexto del problema del aprendizaje, ya sea en el recinto escolar y/o en casa a través de internet, en particular en esta crucial época, es pertinente decir que ya desde antes la escuela estaba pidiendo un revolcón, que se hace más urgente justo ahora. Por eso el secretario general de la ONU, António Guterres, expresó en agosto: “Las decisiones que los gobiernos y los asociados tomen tendrán un efecto duradero en cientos de millones de jóvenes, así como en las perspectivas de desarrollo de los países durante decenios”.

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“Nos enfrentamos a una catástrofe generacional”

Guterres manifestó: “El cierre de escuelas debido a la pandemia de la Covid-19 ha afectado a cerca de 1.600 millones de estudiantes de todas las edades y en todos los países, con repercusiones inmediatas y de largo plazo en ámbitos como la nutrición y el matrimonio infantil, así como la igualdad de género”. A su juicio este es un momento definitivo para los niños y jóvenes de todo el mundo, advirtiendo de paso que “nos enfrentamos a una catástrofe generacional que podría desperdiciar un potencial humano incalculable, minar décadas de progreso y exacerbar las desigualdades arraigadas”. 

El funcionario de la ONU dijo que la emergencia sanitaria ha exacerbado las disparidades que ya existían en la educación y el cierre prolongado de las escuelas podría revertir los avances de los últimos lustros, sobre todo en cuanto a la educación de niñas y mujeres adolescentes y jóvenes. En su documento de políticas exhortó a evitar que la crisis de aprendizaje que ya existía se convierta en una calamidad irreparable. Para ello, hace cuatro recomendaciones esenciales:

Primero, que en cuanto los gobiernos hayan controlado la transmisión local de la Covid-19 se centren en reabrir las escuelas de manera segura, consultando y tomando en cuenta a todos los actores implicados, incluidos los padres de familia y los trabajadores del sector de la salud. Segundo, que se dé prioridad a la educación en las decisiones presupuestales. Ya antes de la pandemia los países de renta baja y media tenían un déficit de 1.5 billones de dólares anuales en ese rubro.

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Ese déficit habría aumentado hasta en un 30 %, por lo que las partidas en esa área deben incrementarse y “es fundamental que la educación esté en el centro de los esfuerzos internacionales de solidaridad, desde la gestión de la deuda y las medidas de estímulo a los llamamientos humanitarios mundiales y la asistencia oficial para el desarrollo”. La tercera recomendación busca que las iniciativas de educación lleguen a quienes corren mayor riesgo de quedarse atrás, como las personas en situaciones de emergencia o crisis, los grupos minoritarios, los desplazados y las personas en condición de discapacidad.

Desigualdad, cada vez mayor 

En cuarto lugar, António Guterres hizo un llamado a que se dé un salto hacia sistemas progresistas que impartan educación de calidad para todos como una vía para lograr los objetivos de desarrollo sostenible. Esto requiere inversiones en la alfabetización y la infraestructura digitales, además del reforzamiento de los vínculos entre los sectores formal e informal de la educación. “Ahora que el mundo enfrenta niveles insostenibles de desigualdad, necesitamos la educación —el gran igualador— más que nunca, adecuados para el futuro”, enfatizó.

Así mismo, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, Ocde, exteriorizó su preocupación frente a las deficiencias de la educación y el efecto de la pandemia sobre ella. En su página web, en el documento titulado: La educación es clave para construir una sociedad más resiliente, expresó: “La crisis por la Covid-19 puso de manifiesto las múltiples deficiencias y la desigualdad de los sistemas educativos de todo el mundo”. 

Esa entidad consideró que “a medida que los gobiernos empiezan a reconstruir su economía y los medios de subsistencia de su población, es fundamental que el gasto público en educación a largo plazo se mantenga como una prioridad para garantizar que todos y cada uno de los jóvenes tengan la misma oportunidad para continuar educándose, triunfar en la escuela y desarrollar las competencias que necesitan para contribuir a la sociedad”. 

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¿Qué medidas adoptar con la niñez y la juventud? 

No solo es suficiente el aumento del presupuesto para la educación, es conveniente no seguir haciendo lo mismo, sabiéndose que no ha dado resultados. ¿Qué cambios se deben introducir? Esa respuesta está en manos de los expertos. Sonia López Iglesias es sicopedagoga, maestra y formadora de familias y equipos docentes, experta en educación emocional y comunicación. Con frecuencia escribe para El País de España. 

Las siguientes son algunas de las afirmaciones de ella: niños y adolescentes precisan socializarse con sus compañeros, sentir el cariño de sus profesores y recuperar las ganas de aprender. Pero, sobre todo —cuando regresen a la escuela—, requieren sanar algunas de sus emociones, reír sin mesura y compartir con sus iguales todo lo vivido en estos largos meses de aislamiento. Se les debe explicar que la situación actual nos regala la oportunidad de aprender a vivir en el aquí y el ahora.

Enseñémosles a exprimir el presente con valentía y coraje desarrollando una actitud de obertura y aceptación. A ver el cambio como un reto, como una nueva oportunidad para vivir algo diferente, para descubrir y crecer. Descubrir fortalezas y debilidades para poder liderar sin complejos el propio camino y creer a fuego en los propios ideales. Descubriendo por sí mismos quiénes verdaderamente son. Sintiéndose únicos, especiales, libres.

Trabajar a diario la determinación, resiliencia y disciplina. Aprendiendo a confiar en el instinto, a dejar fluir, a desafiar el miedo con descaro. Redibujando el plan de ruta las veces que sea necesario mostrando siempre una actitud proactiva. Aprender a cuestionarse el porqué de las cosas, resolver la indecisión con las ganas de intentarlo sin temer las consecuencias del tropiezo. Para conseguir ser protagonistas siendo muy conscientes de que quien arriesga puede perder, pero es inmensamente más feliz. A creer más que nunca en el ‘y por qué no’.

Educar en la valentía, el atrevimiento, en las ganas de exprimir la vida. En aprender las competencias necesarias para mirar a la vida con coraje, para saber empezar de cero las veces que haga falta, para mitigar los daños de los tropiezos. Conectar con las emociones aceptando cada una de ellas sin prejuicios. Aprendiendo a ponerles nombre, a gestionarlas y legitimarlas sin miedo. Sabiendo que no existen las emociones buenas y malas, que todas son necesarias. Un aprendizaje que les permita entender todo lo que les recorre por dentro. Finalmente, está bien agregar el beneficio de contagiar a la niñez en el amor por la lectura. La sociedad ganará mucho.  



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