Ciencia y Tecnologí­a / MAYO 09 DE 2021 / 1 mes antes

Con violencia no se gobierna, se atropella

Autor : Diego Arias Serna

Con violencia no se gobierna, se atropella

El Estado y el gobierno colombiano se enfrentan, nada más y nada menos, que a las previsibles consecuencias de una mayor degradación social originada por quienes ostentan el poder.

“Si un pueblo sale a protestar en medio de una pandemia, es porque el gobierno es más peligroso que el virus”, mensaje de una pancarta que se vio en una de las marchas.

El 28 de abril de este año pasará a la historia de Colombia como un día cuando el pueblo inició una importante gesta de liberación de 210 años de ignominia ejercida por quienes han gobernado a su capricho, favoreciendo los intereses económicos de unos pocos, entregando la riqueza del subsuelo a empresas extranjeras, destruyendo la naturaleza, privatizando las pocas empresas que a lo largo de décadas la ingeniería nacional, técnicos y la laboriosidad de manos de hombres y mujeres habían levantado, como Telecom –ya ‘fusilada’- y Ecopetrol en proceso de desaparición como empresa nacional, citando las dos más representativas. 

Para los mayores, que tuvieron la oportunidad de formarse en la educación básica y aprendieron algo de historia patria, recordarán otros dos momentos parecidos: La Revolución de los Comuneros, suscitada por la actitud de la clase gobernante, representantes del rey de España, de obtener más ingresos fiscales, es decir, impuestos, se inició el 16 de marzo de 1781 cuando una mujer, Manuela Beltrán, rompió el edicto referente a las nuevas contribuciones, gritando “viva el rey y muera el mal gobierno”. Uno de los sublevados, José Antonio Galán, fue asesinado en febrero de 1782. El movimiento fracasó, pero dejó enseñanzas. 

Luego vino otra revuelta, la asociada al famoso florero de Llorente. Según cuentan los historiadores, fue la negación, además de manera ofensiva, del español José González Llorente, de prestárselo al criollo Luis Rubio, lo que desató la protesta. En rigor, no fue ese objeto, pero sí fue la chispa que prendió el polvorín de inequidades y atropellos por parte del virrey y sus colaboradores, hacia la población. Luego llegó el Grito de Independencia del 20 de julio de 1810 y trajo consigo la Patria Boba, que ha durado hasta ahora, porque cada 4 años la oligarquía engaña, promete, alimenta el miedo de los votantes y gobierna a favor de unos pocos. 

Durante estos 210 años, los historiadores han narrado una ‘película’ que es recurrente: en el siglo XIX, las guerras entre los federalistas y los centristas, o entre el partido Conservador y el Liberal, con la iglesia de por medio, por el reparto de la tierra. El XIX terminó y arrancó el XX con la Guerra de los Mil Días. En ambos siglos se vivió un clima de exclusión política, económica, intolerancia, fanatismo y por supuesto la imposición del poder, ejerciendo la violencia.

Gobernantes, gestores de violencia

Citando unos pocos escenarios de esa violencia, en el XX se tiene, por ejemplo, la masacre de las bananeras, cuando en diciembre de 1928 los trabajadores de la empresa de EE.UU. United Fruit Company, por pedir mejores condiciones laborales, el Ejército de Colombia fusiló a inermes a un grupo de ellos, defendiendo así a la empresa gringa. Luego llegó la de febrero de 1963, de obreros de Cementos El Cairo, actualmente conocida como Cementos Argos, ubicada en Santa Bárbara, Antioquia. Ante el deterioro del poder adquisitivo, solicitaron mejores condiciones laborales presentando un pliego de peticiones a la empresa el año anterior. 

Los diálogos entre las partes no prosperaron, e igual como ocurrió en 1928, el gobierno del momento ordenó al Ejército disparar, asesinando a 12 personas. Llama la atención que el gobernador fuese Fernando Gómez Martínez, dueño del periódico El Colombiano, medio que calumnió a los huelguistas. De ministro del Trabajo estaba Belisario Betancur, quien no tuvo ninguna vergüenza de respaldar a la empresa cementera. El ministerio de Gobierno lo ejercía Eduardo Uribe Botero, accionista de esa cementera. Así que los gobernantes han sido gestores de violencia

La “república bananera” ya había iniciado la “transformación política” del país con el Frente Nacional, que puede definirse como el contubernio de los políticos llamados liberales y conservadores, que con la alternancia se repartían la piñata del erario público y el control de empresas del Estado, apaciguando la violencia partidista gestada por ellos mismos. Con la presidencia de Alfonso López Michelsen, 1974-1978, se inició ‘oficialmente’ la presencia del narcotráfico en la vida política del país y la degradación aún más del arte de gobernar. Recordemos la famosa bonanza marimbera y el sonado caso del ‘elefante’ del proceso 8.000 de Ernesto Samper.

Lo que ha pasado en el siglo XXI, en el que un ‘eximio’ expresidente, que se presentó como el ‘Mesías’ que salvaría a Colombia, la condenó a más violencia y pobreza. Amante de la guerra, lanzó al patíbulo los intentos de los acuerdos de paz, garantizando que en el país continúe la violencia, motivado por los deseos de continuar con el poder. Las matanzas de este paro podrían apuntar a eso, si la Corte Penal Internacional no procede contra ese genocida. ¿Entonces, qué país están heredando las nuevas generaciones? Ellos tienen el derecho de protestar, más aún, cuando no son escuchados. Y los padres a apoyarlos, porque les han degradado sus ingresos.  

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Presidente maniatado e incapaz

¿Qué se puede espera del presidente Iván Duque ante estas protestas, cuando durante su campaña fue ventrílocuo de su mentor, el indeseable? ¿Si no ha podido orientar la pandemia, cómo va a poder administrar un país? La mal llamada ley de Solidaridad Sostenible, viéndolo bien, no fue lo que desató el paro -pudo haber sido el “florero de Llorente”- pero fueron otros factores: la agudización de la pobreza de millones de personas y la pauperización de la clase media, el desempleo, la inequidad, el abuso de la autoridad, la corrupción de quienes gobiernan, el asesinato de líderes, defensores de derechos humanos, el no escuchar a voceros de la protesta y demás.  

¿Acaso las nuevas generaciones tienen salud, excelente educación, futuro laboral con salarios dignos, oportunidades de generar empresas? Si la salud no la tienen quienes han aportado, ¿qué podrán espera los jóvenes? Como va de mal el mundo lo dice el hecho de que el 1 % de la población tenga la riqueza del 99 %. ¿Son grandes negociantes esa mínima población dueña de todo? ¿Será que se está cumpliendo la afirmación de que “detrás de toda gran fortuna hay un gran crimen”?

La frase es atribuida a Honoré de Balsac, 1799-1850, insigne escritor francés, aunque en Wikipedia se afirma que es de San Juan Crisóstomo, 347-407, d. C. clérigo cristiano, patriarca de Constantinopla. Sea de quien fuese, y haciendo la salvedad que en asuntos de riqueza no todos podemos ser iguales -es imposible-, lo cierto es que la miseria de millones de personas, además de injusto es inhumano. Este planeta arruinado, y que podría ser recuperado, estaría en capacidad de alimentar a sus 7.700 millones de habitantes. Por qué en Colombia, y casi todos los países, hay miseria y los gobernantes lo permiten, lo explica el lingüista Noham Chomsky. 

En el documento Requiem for the American Dream -Réquiem por el sueño americano- afirma: “La desigualdad proviene de la riqueza extrema de una minoría de la población, esta minoría de poderosos acude a los políticos para proteger su riqueza, para que legislen a su favor; por su parte, los políticos hacen su trabajo beneficiándolos a cambio de más poder, a cambio de financiar las campañas políticas cada vez más grandes y costosas. Es una relación mutual donde los ricos compran políticos, y los políticos legislan a favor de los ricos en un círculo vicioso de riqueza y poder”. Así que no es imprevisto lo que pasa en Colombia, en asunto de pobreza. 

El intelectual norteamericano más influyente, describe los principios de la concentración de la riqueza y el poder. Algunos son: reducir la democracia, rediseñar la economía, desplazar la carga, entendida como seguir concentrando la riqueza en pocas manos, atacar la solidaridad, dirigir las instituciones reguladoras y ojo a este punto: manipular las elecciones, mantener la plebe bajo control, fabricar el consentimiento, es decir, fabricar consumidores, así como marginar a la población de la participación en las políticas públicas, impidiendo que discutan el rumbo de la comunidad.  

 

Democracia secuestrada

¿Qué han logrado las élites gobernantes? Secuestrar la democracia, favoreciendo los intereses de una minoría política-financiera y, por supuesto, apoyados en las fuerzas armadas. Entonces, ¿qué patria defienden los altos mandos del Ejército y la Policía? ¿Acaso Luis Carlos Sarmiento Angulo surgió por generación espontánea? Todo tiene una explicación, afirmamos quienes hemos tenido la oportunidad de estudiar física. No será fácil destruir este entramado que han ido montando con el engaño, la mentira y el asesinato. Ante la protesta, dicen lo mismo: el socialismo nos arruina. ¿Más para dónde? Toda ‘flor’ que favorezca al pobre es socialista.
Así se registra en el libro El olvido que seremos, de Héctor Abad Faciolince, en honor a su padre, Héctor Abad Gómez, médico especialista en salud pública y defensor de derechos Humanos, asesinado el 24 de agosto de 1987, por estar al lado de los más débiles, luchar para que la población tuviese agua potable, alimentación sana y medicina preventiva y no curativa, en la cual radica el negocio de la industria farmacéutica. Por eso lo tildaron de socialista. El texto también da cuenta de otras pandemias que contagian a muchos colombianos, como son la intolerancia y el fanatismo, siendo su padre una víctima más.  Lean el libro y vean la película.    




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