Ciencia y Tecnologí­a / NOVIEMBRE 28 DE 2021 / 1 mes antes

Conocimiento científico: ¿Quién tiene la razón?

Autor : Diego Arias Serna

Conocimiento científico: ¿Quién tiene la razón?

“Creo que la razón por la que a las personas les interesa menos la ciencia hoy en día que hace 50 años atrás, es que se ha hecho muy complicada”:  James Dewey Watson.

La comodidad y facilidad que da la tecnología en las actividades diarias y el gran avance de las ciencias -entre ellas la médica- que hace maravillas en el cuerpo y ha salvado muchas vidas, debieran dar razones para confiar en lo que los científicos hacen por la humanidad. Sin embargo, la realidad es otra. 

En pleno siglo XXI considerado como el del conocimiento, hay mucha ignorancia, y lo peor, poca preocupación por parte de los gobernantes para tener una sociedad instruida.

Es una lástima que el avance de la ciencia tenga enemigos, y el negacionismo adquiera tanta vigencia. Son varios los factores que influyen: la pésima formación en ciencias naturales en la educación básica y que hubiera desaparecido del pensum de estudio la filosofía que bien enseñada da elementos para pensar y tener una posición crítica frente a tantas baratijas que circulan en la internet y en medios de comunicación con periodistas muy mal formados.

James D. Watson -1928-, bioquímico y genetista de Estados Unidos, Premio Nobel de Fisiología y Medicina en 1962, por el descubrimiento con otros científicos de la estructura molecular en doble hélice del ácido desoxirribonucleico –ADN- y por su significado como molécula trasmisora de la herencia biológica, da elementos para esa desidia social por las sapiencias cuando expresó: “Creo que la razón por la que las personas les interesa menos la ciencia hoy en día que hace 50 años atrás, es que se ha hecho muy complicada”. Lo cual es otra razón para explicar lo poco atractivas que resulta.

La afirmación podrá ser cierta, o puede ser una disculpa para evadir el estudio de esas áreas del conocimiento. Por eso se deben corregir los desaciertos de la educación básica. También hay que decir que las religiones han contribuido a ese fenómeno. Recodemos que la afirmación de Claudio Ptolomeo, o Tolomeo -100 AC-, quien decía que la Tierra era el centro del universo y todo giraba alrededor de ella, es decir, el planteamiento del geocentrismo, imperó durante 1.000 años, y ese error era secundado por la religión católica. 

Aunque mucho antes el griego Aristarco de Samos, en el siglo II -AC- propuso el heliocentrismo -es el Sol el centro y los demás astros giran alrededor de él- la teoría se consolidó con el polaco Nicolás Copérnico -1473-1573-, a quien varios textos de historia de las ciencias le dan la paternidad. Así que, las pseudociencias son muy antiguas y por lo tanto, no debe generar alarma que en este siglo XXI haya personas amantes de planteamientos ilógicos.  

Urge la divulgación científica

Por eso es tan conveniente la divulgación científica, que cumpla el papel de hacer legible el avance de las ciencias y motive la necesidad de adquirir una cultura científica. En esta ocasión se presentarán algunos aspectos relacionados con la pseudociencia, mencionándose algunos temas considerados como tales, haciéndose énfasis en algunos de ellos, para lo cual se tendrá el apoyo del texto de National Geographic, NG, publicada en marzo de 2015, así como el planteamiento del austríaco Karl Popper -1902-1994-, uno de los grandes filósofos de las ciencias.

El texto mencionado en la portada resalta el título: Ofensiva contra la ciencia y entretejidas, se mencionan algunos ataques contra el conocimiento: El viaje a la luna fue falso; las vacunas causan autismo; el cambio climático no existe; la evolución es un mito; los transgénicos son malos. Además de estas pseudociencias, hay otras relacionadas con ideas que pregonan que la Tierra es plana y que fueron formuladas en 1956 por Samuel Shenton. Uno de los argumentos de los terraplanistas, como se les conoce, afirman que las tecnologías con sus efectos especiales ocultan la ‘verdad’.

En contravía sobre el cuento de la Tierra plana, está el de la Tierra hueca, creencia pseudocientífica que establece que el planeta en su interior está lleno de personas cuyos cráneos son huecos, concluyendo que una esfera pequeña existe dentro de la más grande. Este cuento no es nuevo, y se ha defendido en otros momentos de la historia, tanto en la mitología como en la religión, por ejemplo, el inframundo griego. Su propagador fue el científico británico Edmond Halley, para explicar lecturas anómalas de la brújula. Luego se conoció que el fenómeno se presentaba por cambios en el campo magnético de la Tierra, y depósitos de hierro.

Halley -1656-1742-, no fue un cualquiera: era amigo de Newton y descubrió el cometa que lleva su nombre.  Él postuló la existencia de otros mundos dentro del nuestro, y esa afirmación se convirtió en tema de ficción, así como de los que construyen teorías conspirativas. Los primeros viajes a la Luna también están en dominio de los negacionistas quienes consideran que el alunizaje inicial fue falso, es decir, que los lanzamientos de Apolo entre 1969 y 1972 no llegaron al satélite de la Tierra. 

La numerología es también anticientífica. Se basa en la creencia de una relación entre ciertos números y personas o eventos. Con frecuencia se lo asocia con lo paranormal, en compañía con la astrología y los actos adivinatoros. Las investigaciones que se han hecho sobre esta pseudociencia han arrojado resultados negativos. Se hizo una en el Reino Unido en 1993 con 96 personas, otra en 2012 en Israel con 200 personas. Este experimento -se hizo 2 veces- examinó la validez de un diagnóstico numerológico de problemas de aprendizaje, como la dislexia y el autismo, fallando el pronóstico.

Encuestas confirman las creencias

Como se dice en NG, menos de la mitad de todos los estadounidenses cree que la Tierra se calienta porque los humanos queman combustibles fósiles. ¿Por qué hay tantos anticambios climáticos? Dicha revista científica afirma que organizaciones que son financiadas en parte por la industria de los combustibles fósiles, han tratado de manera deliberada de minar la comprensión del público acerca del consenso científico promoviendo unos pocos escépticos. Además, señala que los medios noticiosos prestan mucha atención a esos detractores profesionales, controversiales y disidentes. 

Los medios también querrían que creyeras que la ciencia está llena de descubrimientos sorprendentes realizados por genios solitarios. No es así. La ‘aburrida’ verdad es que en general la ciencia avanza de manera incremental, mediante aumentos constantes de datos y percepciones recopilados por muchas personas a lo largo de muchos años. Así ha sucedido con el consenso del cambio climático. Pero las relaciones públicas de la industria, por engañosas que estas sean, no bastan para explicar por qué solo el 40 % de los estadounidenses de la encuesta del Centro de Investigaciones de Pew, acepta que la actividad humana es la causante del calentamiento global. 

Así mismo, la citada publicación revela que internet hace más fácil que nunca que todo tipo de escéptico e incrédulo sobre el clima encuentre su propia información y sus propios expertos. Hace mucho que pasó la época en que un pequeño número de instituciones poderosas –universidades de élite, enciclopedias, grandes agencias de noticias, incluso NG– servían como guardianes de la información científica. Internet ha democratizado la información, lo que es algo bueno, pero -junto con la TV por cable- ha hecho posible vivir en una “burbuja de filtros” que solo da entrada a la información con la que ya concuerdas. 

Según NG, “vivimos una época en la que el conocimiento científico, desde la seguridad del fluoruro y de las vacunas hasta la realidad del cambio climático, enfrentan una oposición organizada y, a menudo furiosa. Con la autoridad de sus propias fuentes de información y sus interpretaciones de las investigaciones, los escépticos le han declarado la guerra al consenso de los expertos”. Se agrega luego: “En este mundo desconcertante tenemos que decidir qué asumir como válido y cómo actuar al respecto. En principio, para eso está la ciencia”. 

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¿Ciencia o pseudociencia?

 

Se puede afirmar que la ciencia es un conjunto de métodos formulados con el propósito de probar hipótesis y construir teorías. Si un resultado experimental es verificado varias veces y por diferentes científicos, entonces la comunidad científica reconoce esa evidencia y se manifiesta como conocimiento útil, se reflejará en publicaciones y debe contribuir al surgimiento de nuevas líneas de investigación. Así se construye la ciencia, pero esa verdad, más adelante, puede ser mejorada o parte de ella rebatida. Se debe aceptar que en ciencias no hay verdades absolutas. 

Fue Karl Popper el autor de lo que llamó “el problema de la demarcación”, como un criterio para distinguir entre ciencia empírica exitosa y la pseudociencia. Aclara la idea con la teoría general de la relatividad de Albert Einstein; y las teorías de Sigmund Freud. La teoría de Einstein podría haberse falsificado si los datos del eclipse solar –experimento de 1919- no mostraran la desviación necesaria de la luz de las estrellas doblada por el campo gravitacional del sol.

Mientras que las teorías de Freud, sin embargo, nunca podrían refutarse, porque no había ninguna hipótesis comprobable abierta a la refutabilidad, sus seguidores solo buscaban confirmar la evidencia ignorando los casos que no se confirmaban. Por lo tanto, Popper declaró que la “falsabilidad” es el último criterio de demarcación. Las teorías científicas no son falsables, si de verdad son verdaderas



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