Ciencia y Tecnologí­a / NOVIEMBRE 13 DE 2022 / 2 meses antes

Deshielo: ¡pobre planeta!

Autor : Diego Arias Serna

Deshielo:  ¡pobre planeta!

En este siglo -mucho más que en el anterior- se ha escuchado con frecuencia en los medios de comunicación los desastres que ha dejado el cambio climático.

En este siglo -mucho más que en el anterior- se ha escuchado con frecuencia en los medios de comunicación los desastres que ha dejado el cambio climático. Cuando no son las inundaciones o deslizamientos, son los incendios, las olas de calor y el deshielo, los que atentan contra la vida de personas, cultivos y animales; dicho en otras palabras: destrucción de la naturaleza. Con el propósito de socializar y emprender tareas que contengan o ralenticen estas amenazas, se propuso realizar las Cumbres Climáticas, y en estos días, en Egipto transcurre la COP 27. La primera fue la de 1992 en Río de Janeiro.

En 2015, en versión número 21, se formuló el Acuerdo de París - considerado un hito histórico - porque se planteó un tratado global ratificado por cerca de 200 países que se comprometían a tener un modelo de desarrollo bajo en emisiones, con el propósito de frenar el aumento de la temperatura. Pero hasta este 2022 el panorama no es optimista. Los últimos años son considerados los más calientes en la historia de la humanidad, y los desastres naturales sigue agudizándose, complementando las catástrofes originadas por las guerras, como la actual ruso-ucraniana, que se suma a otros conflictos que advierten el uso de armas nucleares. Es decir, no se acepta, por intereses económicos, que podamos desaparecer. 

La ONU, ente rector de los países, plantea otras alternativas que podrían coadyuvar a desarrollar programas que aporten ideas para, sino frenar, al menos hacer más lento el proceso de extinción de la vida en la Tierra, porque el planeta sobrevivirá solo, y quien sabe en cuántos siglos volver a ser esa hermosa flora de múltiples colores y su variada fauna. Por eso, la ONU dispuso que el 10 de noviembre se celebrara el “Día Mundial de la Ciencia para la Paz y el Desarrollo”. Asimismo, determinó que ese mismo día fuese la apertura de la “Semana Internacional de la Ciencia y la Paz”. Y es la ciencia la que más puede aportar a detener el ultimátum que pende sobre el planeta.
 

Pero hay que decir que las ciencias naturales y las matemáticas, CNM, se han estado borrando del pensum de las instituciones educativas, tanto de la primaria y el bachillerato, como de la universidad.

¡Quién lo creyera, pero es así! Es un fenómeno que se manifiesta en unos países más que en otros. La formación en CNM es clave para el desarrollo científico de una nación. Aunado a la formación de esos pilares, deben estar la formación en la solidaridad, el respeto a la diversidad de pensamientos y a la madre naturaleza, valores fundamentales para ayudar a eliminar conflictos.
 
Las ciencias se enseñan desde el corazón 

Como ciencia y medioambiente van ligadas, en esta ocasión se presentará la importancia de enseñar CNM desde temprana edad. Además, el recuadro se dedica a un tema poco mencionado y que se debe tener en cuenta: el deshielo que amenaza la parte congelada de la Tierra o criosfera, y que se está visualizando como una emergencia climática de primer orden. Para orientar el documento, se tomarán apuntes del libro “El mundo en el 2050. Las 4 fuerzas que determinaran el futuro de la humanidad”, escrito por Laurence C. Smith, profesor de geografía y de Ciencias de la Tierra y el Espacio en la universidad de California en los Ángeles; texto publicado en 2011 y que se reseñó en otra entrega dominical. 

Igualmente se tendrá en cuenta el texto: “La educación puerta de la cultura” de Jerome Bruner, publicado en inglés en 1997 y con primera edición en español en 2012, también ya referido en otro artículo en este mismo espacio. Para presentar el problema del deshielo se hará uso del artículo “Salvar el hielo, el mayor reto de la humanidad”, publicado en la revista “Saber más ciencia” de National Geographic, España, escrito por Albert Punsola, periodista especializado en medioambiente, publicado en 2019.

Sí desde la infancia se ‘siembran’ las bases de las CNM, a la niñez le quedará más fácil ir conociendo la razón de los desastres que acorralan al planeta, porque en los fenómenos medioambientales están presentes anomalías físicas, químicas y biológicas, que pueden ser escritas con una estructura matemática, que incluye la estadística. Para ello se requieren docentes preparados y comprometidos con su actividad; no profesores que se vinculan a la ‘enseñanza’ como solución al desempleo.

Para empezar con el tema de la enseñanza de las CNM, se toman las afirmaciones de Bruner que están en el capítulo 6 subtitulado: Narraciones de la ciencia. “Mis afirmaciones en este capítulo toman su inspiración de Robert Karplus, que fue una figura clave en el movimiento de reforma curricular de finales de los sesenta y setenta. Sus ideas de cómo enseñar las ciencias no sólo eran elegantes, sino que además salían del corazón. Sabía cómo se siente uno cuando no se sabe en qué consiste ser un principiante. Por temperamento y por principio, sabía que no saber es la condición crónica no sólo de un estudiante, sino también de un científico de verdad. Eso es lo que lo hacía un verdadero profesor”.
 

La ciencia no está afuera de la naturaleza

Confiesa Bruner: “Lo que sabía era que la ciencia no es algo que existe ahí afuera en la naturaleza, sino que es un instrumento en la mente del conocedor; tanto del profesor como del estudiante. Llegar a conocer algo es una aventura en cómo explicar cantidades de cosas con las que uno se encuentra de la manera más simple y elegante posible. Hay muchas formas de llegar a ese punto, y uno nunca llega allí verdaderamente a no ser que lo haga, como aprendiz, en sus propios términos. Todo lo que uno puede hacer por un aprendiz en ruta hacia la formación de una perspectiva propia es ayudarle y estimularle en su propio viaje”.

Explica a renglón seguido: “La estrategia para ayudar y apoyar a un aprendiz se llama a veces el currículo y lo que hemos aprendido es que no existe esa cosa que llaman el currículo. Porque, en la práctica, un currículo es como una animada conversación sobre un tema que nunca se puede definir del todo, aunque se le puedan poner límites. Lo llamo una “animada” conversación no solo porque siempre es jovial si es honesta, sino también porque se usa la animación en el sentido más amplio: apoyos, dibujos, textos, películas, e incluso “exhibiciones”. La película de Robert Karplus sobre la “reversibilidad” de los fenómenos físicos es un ejemplo maravilloso de un apoyo”.

 Afirma: “Más que responder a una pregunta, la plantea: la gran meta-pregunta de si se puede describir algo de la naturaleza sin especificar el marco de referencia o la posición desde donde se mira. Distinciones “obvias” como arriba y abajo, izquierda y derecha, en movimiento y parado, de pronto no resultan tan obvias; como sucede en la física. La película no solo hace pensar a todo el mundo (lo cual en sí mismo es un resultado pedagógico glorioso), sino que también anima la conversación. Bueno, las dos cosas no son tan distintas: pensar se acerca mucho a ser una conversación interna, y la conversación no puede ser de mucha ayuda a no ser que se piense en voz alta hasta cierto punto dentro de ella”.

Desde su perspectiva considera que “lo que necesitamos es un movimiento de reforma escolar con una idea más clara de hacia dónde vamos, con convicciones más profundas sobre el tipo de gente que queremos ser. Después podemos montar el tipo de refuerzo comunicativo que de verdad puede trabajarse el futuro el proceso educativo; un esfuerzo en el que todos los recursos del intelecto y la compasión que podamos reunir se pongan a disposición de las escuelas a cualquier precio. Eso es lo que afirmaba Robert Karplus en el dominio de la ciencia: que los seres humanos serían más completos al entender el universo físico”.

Bruner revela algo muy importante: “Karplus hizo su aportación intentando ayudar a los profesores a hacer mejor sus tareas. Todos los criterios del mundo no lograrán, como una espada salvadora, el objetivo de volver y a nuestra sociedad multicultural y amenazada; no volverla a la vida como una competidora en los mercados mundiales sin más, sino como una nación en la que merezca la pena y por la que merezca la pena vivir”.

2036: ¿El último verano helado?

Laurence C. Smith, en su texto “El mundo en 2050” señala: “La mayoría de la gente no siente nada visceral ante las previsiones de los modelos por ordenador de cómo serán los promedios estadísticos del clima en los decenios por venir. Pero en septiembre de 2007 vislumbramos a qué se parecerá el mundo real encerrados en esos mapas. Por primera vez que se recuerda, casi el 40% de la cubierta de hielo marino flotante del océano Ártico desaparecerá en cosa de meses. El famoso “Paso del Noroeste” – cementerio helado de exploradores – quedó abierto”.

Recuerda: “hicieron furor en la prensa las noticias plagadas de errores, acerca de un “casquete de hielo que se derretía en el Polo Norte,” y luego ya no se habló más de ello. Pero los climatólogos se estremecieron hasta lo más hondo. El problema no estribaba en que hubiese sucedido, sino en que hubiese sucedido tan pronto. Nuestros modelos del clima nos venían preparando para una contracción gradual del hielo ártico marino – y quizás hasta para vernos sin hielo en 2050 -. Pero ninguno había predicho un vuelco de su magnitud hasta al menos 2035. Los modelos eran muy lentos para seguirle el paso a la realidad”.

Para ‘sentir’ la amenaza de deshielo, pasemos a anotar lo que se afirma en el artículo “Salvar el hielo. La mayor amenaza de la humanidad”. “Según la trayectoria natural del planeta de los últimos 2-3 millones de años, actualmente nos encontramos en una época interglaciar, con lo cual, a largo plazo, lo que cabría esperar no es deshielo, sino todo lo contrario: una nueva glaciación. Pero más allá de este futuro lejano e incierto, lo que hoy más preocupa a la comunidad científica es la rápida velocidad a la que se está fundiendo el hielo terrestre y marino, y, sobre todo, las consecuencia palpables que este fenómeno global causa a la biodiversidad, en los asentamientos humanos y en los patrones climáticos”.

En su criterio, “el estudio de la criosfera, esa parte de la Tierra donde el agua se encuentra en estado sólido, resulta fascinante porque nos permite viajar en el tiempo. Muchos de estos lugares constituyen importantes testimonios que nos hablan de cómo fue el pasado y nos da pistas acerca del futuro”, señalando además que “la exploración de este vasto continente – la Antártida – de 14 millones de kilómetros cuadrados no ha cesado desde aquellas primeras exploraciones llevadas a cabo en el siglo XIX”.

Por eso se sabe que la Antártida pierde 278.000 millones de toneladas de hielo por año”. Y varias especies de flor y fauna están amenazadas de desaparecer.

Se resalta en el artículo: 2036: ¿El último verano helado? A mediados de este siglo – sino antes – se espera que los veranos árticos sean lo suficientemente calurosos como para derretir la mayor parte del hielo marino que se forma en invierno, entonces una de las regiones menos explotadas del mundo ofrecerá a un gran número de países ávidos de recursos un mejor acceso a enormes depósitos de gas, petróleo y minerales. Entonces, ¿en qué terminarán las próximas cumbres del clima y las energías verdes?

 



COMENTA ESTE ARTÍCULO

En cronicadelquindio.com está permitido opinar, criticar, discutir, controvertir, disentir, etc. Lo que no está permitido es insultar o escribir palabras ofensivas o soeces, si lo hace, su comentario será rechazado por el sistema o será eliminado por el administrador.

copy
© todos los derechos reservados
Powered by: Rhiss.net