Ciencia y Tecnologí­a / AGOSTO 22 DE 2021 / 2 meses antes

¿Dónde vamos a vivir?

Autor : Diego Arias Serna

¿Dónde vamos a vivir?

Imágenes como esta hablan por sí solas. Lo triste y más lamentable es que nos pasa lo del viejo refrán: “No hay peor ciego que el que no quiere ver, ni peor sordo que el que no quiere oír”.

Resistirse a los cambios que exige la emergencia climática es una guerra para intentar exprimir las últimas pizcas de beneficios de un sistema que se ha vuelto suicida, una guerra contra nuestros hijos.  

El cambio climático reflejado en altas temperaturas acompañadas de incendios, descongelación de glaciares, inundaciones y crecimiento del nivel del mar, así como la pérdida de biodiversidad y de bosques, contaminación de ríos, lagos y mares, destrucción del suelo, etcétera, son manifestaciones de fenómenos del planeta que vienen presentándose con más frecuencia en las últimas décadas y que son señales de alerta que da la dolorida Pachamama.

Por ello, la Organización de Naciones Unidas, por intermedio del Panel Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático, IPCC, el 9 de agosto emitió un comunicado de prensa, informando sobre el estudio asociado a los problemas relacionados con el cambio climático. En él afirma que las emisiones de gases de efecto invernadero de las actividades humanas son responsables de un calentamiento del planeta en un 1,1° grados Celsius desde el periodo 1850-1900 hasta la actualidad. Más alarmante es el hecho de que el análisis predice que se espera que la temperatura global alcance o supere los 1,5 °C o más en los próximos 20 años.

El estudio evaluó cómo el calentamiento global cambiará el mundo en las próximas décadas tras examinar más de 14.000 artículos científicos. Según los autores, las emisiones continuas de gases de efecto invernadero podrían quebrar un límite clave de la temperatura global en poco más de una década. También creen que “no es posible descartar” una subida del nivel del mar que se acerque a los 2 metros a finales de este siglo. Los científicos coinciden en observar que el clima está cambiando en todos los rincones del planeta a una escala sin precedentes y que solo una acción enérgica y duradera en la reducción de gases de efecto invernadero puede limitar su alcance.

Esta evaluación se basa en los conjuntos de datos recogidos por todos los científicos del mundo dedicados a observar el clima. Said Hoesung Lee, presidente del IPCC, manifestó: “Los hallazgos de este informe y los avances que refleja acerca de la ciencia que estudia el clima proporcionan una contribución inestimable a las negociaciones y la toma de decisiones relacionadas con el clima”. 

Luego de conocerse el informe, el secretario general de la ONU, António Guterres, advirtió que este era nada menos que “un código rojo para la humanidad. Las señales de alarma son ensordecedoras y las pruebas son irrefutables”.

Cambio climático, atentado a la niñez

Así mismo, los pensadores y los periódicos hicieron eco de este informe. Por eso, el 15 de agosto El País de España publicó un artículo del historiador Phillips Blom, titulado: 2021, ¿un verano sin esperanza? Como preámbulo escribió: “Resistirse a los cambios que exige la emergencia climática es una guerra para intentar exprimir las últimas pizcas de beneficios de un sistema que se ha vuelto suicida, una guerra contra nuestros hijos”. 

Blom, entre otras cosas reveló: “En Alemania, unas inundaciones sin precedentes se cobraron docenas de vidas; y veo imágenes apocalípticas de bosques ardiendo en el sur de Europa. En el verano de 2021, las dos catástrofes unidas de la pérdida de biodiversidad y el calentamiento global han golpeado por fin al mundo rico”. Haciendo referencia al informe del IPCC, alertó: “Estos no son más que los primeros síntomas de unas transformaciones que van a destruir todavía más nuestro clima y el mundo viviente, consecuencia directa del uso intensivo de combustibles fósiles desde hace unas 6 décadas y de la obsesión por el crecimiento económico y del consumo”.

Dijo, además: “No es un dilema moral. No es cuestión de culpas ni la naturaleza está castigando la humanidad. Es sencillamente que los sistemas naturales están cambiando debido a la acción humana. Es indudable que nuestro modo de vida no tiene futuro. Nuestras economías y nuestras sociedades exigen constantemente más crecimiento, más riqueza y más comodidades, y están desestabilizando unos sistemas naturales cuya complejidad apenas empezamos a comprender. Estamos verdaderamente ahogándonos en los efectos de nuestro éxito histórico”.

Refiriéndose a la destrucción de la selva, de lo que no es ajena Colombia, expresó: “En 2019, cada minuto se quemó una superficie de bosque tropical equivalente a 30 campos de fútbol para instalar plantaciones de soja y aceite de palma y, cada minuto, Groenlandia perdió un millón de toneladas de hielo. Durante la pandemia, la destrucción de los bosques tropicales ha sido aún más grave. No podemos seguir en esa dirección”. También lanzó el siguiente clamor: “Para huir de un futuro sin esperanza es necesario una energía utópica que solo pueda darnos un Nuevo Pacto Verde auténtico y de gran alcance”. 

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No solo la agricultura destruye bosques 

Pero no solo las arboledas se destruyen para ampliar la zona agrícola, otros factores igualmente están presentes y que muestran la irresponsabilidad de las empresas y de los gobiernos. 

En el mencionado medio español, Cecilia Ballesteros también escribió el artículo: “Eubea, la isla griega donde el fuego “quemó el futuro””. Según ella, “un paraíso convertido en un desierto de cenizas. Una forma tradicional de vida mediterránea, basada en la miel, la leche y el aceite, en la resina de los pinos, los higos y las aceitunas están en riesgo de extinción”. 

Agregó que “la mayoría de los habitantes del norte de Eubea están convencidos de que los incendios fueron provocados por intereses espurios, ya sean de los promotores de la energía eólica y su ambición de instalar cientos de molinos de vientos en sus montes, como dice el rumor, o de inversores turísticos a los que les gustaría construir hoteles y canchas de golf aprovechando que la isla está tan solo a dos horas y media en automóvil de Atenas”.  

Ahondado en el informe del IPCC, el vocero de la ONU también comentó: “Las soluciones están claras: las economías inclusivas y verdes, la prosperidad y un aire más limpio, junto con una mejor salud, son posibles para todos, si respondemos a esta crisis con solidaridad y valor”. 

Así mismo, Panmao Zhaí, el otro copresidente del grupo de trabajo del IPCC, recalcó que “el cambio climático está afectando cada rincón del planeta de múltiples formas. Los cambios que experimentamos aumentarán con el incremento del calentamiento”.   

El informe proyecta que en las décadas venideras las variaciones en el clima aumentarán en todas las regiones. Así, con un aumento de 1,5°C, habrá más olas de calor, las estaciones cálidas serán más largas y las frías más cortas. Y con un aumento de 2° C, los eventos extremos de calor serán más frecuentes y se llegará a niveles de tolerancia crítica para la salud y la agricultura. Pero no es solo una cuestión de temperatura. El clima traerá múltiples cambios en diferentes lugares y un mayor calentamiento. Esto incluye perturbaciones en la humedad y la sequedad, en los vientos, la nieve, el hielo y en las áreas costeras.

La influencia de los humanos en el clima

Por primera vez este informe, el primero de 6 entregas, suministra una valoración regional más detallada de la problemática expuesta, incluyendo información útil para los impactos de riesgo, la adaptación y la toma de decisiones. También facilita un nuevo marco que ayuda a traducir los cambios físicos que producirá variaciones climáticas -el calor, el frío, la lluvia, la nieve, la sequía, el viento, las inundaciones costeras y más- en términos de su repercusión en las sociedades y los ecosistemas.

 “Ha sido claro durante décadas que el clima de la tierra estaba cambiando y que el papel de la influencia de los seres humanos en los sistemas climáticos es indiscutible”, aseguró Valérie Masson-Delmotte, paleoclimatóloga francesa de la universidad de París-Saclay y copresidente del grupo que elaboró el informe. Además, expresó de manera tajante: “Demostramos que el cambio climático ya está actuando en todas las regiones, de distintas maneras”. 

El nuevo informe también reflejó importantes avances en la ciencia de la atribución, es decir, la comprensión del papel del cambio climático en la intensificación de los fenómenos meteorológicos y climáticos, como las olas de calor extremas y las lluvias torrenciales. Los científicos que han participado en la redacción del documento, también han querido mostrar cómo la acción humana todavía tiene el potencial de determinar el futuro del clima.

Agregó el informe que hay claras pruebas de que el dióxido de carbono es el principal agente del cambio climático, aun cuando otros gases de efecto invernadero y contaminantes del aire también afectan al clima. 

“Estabilizarlo requerirá reducciones fuertes, rápidas y sostenidas de las emisiones de gases de efecto invernadero y llegar a cero emisiones netas de CO2. Limitar otros gases de efecto invernadero y contaminantes atmosféricos, especialmente el metano, podría ser beneficioso tanto para la salud como para el clima”, concluyó Panmao Zhai. 

“Las consecuencias del cambio climático son irreversibles”, alertó la ONU en el informe más completo hasta la fecha.



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