Ciencia y Tecnologí­a / MAYO 15 DE 2022 / 1 mes antes

Educación: la ‘cenicienta’ del gobierno

Autor : Diego Arias Serna

Educación:  la ‘cenicienta’ del gobierno

“Enseñar siempre: en el patio y en la calle como en la sala de clase. Enseñar con actitud, el gesto y la palabra”, Gabriela Mistral. Hoy diría: enseña también con la radio, la televisión, las redes sociales, etc.  

“¡Señor! Tú que enseñaste, perdona que/ yo enseñe; que lleve el nombre de/ maestra, que Tú llevaste por la Tierra. / Dame el amor único de mi escuela; que/ ni la quemadura de la belleza sea capaz/ de robarle mi ternura de todos los/ instantes. / Maestro, hazme perdurable el fervor y/ pasajero el desencanto. Arranca de mí/ este impuro deseo de justicia que aún/ me turba, la mezquina insinuación de/ protesta, que sube de mí cuando me/ hieren. No me duela la incomprensión/ ni me entristezca el olvido de las que/ enseñé”. Luego expresa: “Dame sencillez y dame profundidad;/ líbrame de ser complicada o banal en mí/ lección cotidiana/. Apartes de “La oración de la maestra”, de Gabriela Mistral.   

Está bien iniciar este escrito relacionado con el Día del Maestro, de este 15 de mayo, con apartes del poema de la referida poetisa y escritora chilena, quien no solo llenó de belleza la poesía, sino que también escribió libros. Por eso fue galardonada con el Nobel de Literatura en 1945. También hay que destacar su consagración como maestra, actividad que inició con tan solo 15 años en Chile. Al no ser bien valorada por ese trabajo, al igual que por la resistencia que tuvieron algunos poemas que fueron señalados de “paganos y socialistas” -por sectores conservadores- aceptó entonces en 1922 la invitación de José Vasconcelos (1882-1959), ministro de Educación en México, para que colaborara en la reforma educativa. 

Para resaltar su apostolado, el recuadro de este artículo está dedicado a ese ejemplo de mujer y maestra. ¿Y en Colombia cómo van la educación y los maestros? Quienes se atrevan a decir que está bien, será porque viven aislados de la realidad, porque los resultados del informe del Programa Internacional para la Evaluación de Estudiantes (Pisa), ubican a los estudiantes en los últimos lugares. Allí se mide el rendimiento de los alumnos en matemáticas, ciencias y lectura. Si a eso se agrega que los bachilleres llegan a la universidad sin saber realmente leer ni escribir y sin conocimientos básicos de matemáticas, entonces hay que preguntar: ¿Para dónde va Colombia?  

Si a ese fenómeno escolar se le agrega el hecho de que los maestros son tratados, igual que la educación -lo que es una obviedad- como ‘cenicientas’, por un gobierno que pone en marcha programas para los estudiantes pensando en favorecerlos con el asistencialismo, como el de la comida en las instituciones educativas, el resultado es la corrupción. Basta recordar cómo en plena pandemia, más de un alcalde se apropió de parte de ese presupuesto. Igual ha pasado con las políticas de llevar internet al aula. Es fresco el robo de Karen Abudinen, quien manejó -a su favor- el ministerio de las TIC, en este desgobierno de Duque.  

Transformar la escuela: “misión imposible”  

Si a los anteriores desafueros se agrega los constantes ataques del innombrable y expresidiario expresidente, a los docentes y su organización gremial –Fecode-, hay que afirmar que hacer posible una escuela que transforme a Colombia, por ahora es una quimera, si quienes han usurpado el poder, con el apoyo de la mafia, no son expulsados de la Casa de Nariño con el voto de una mayoría consciente del origen de los males del país. Además, no se les puede creer a candidatos presidenciales que convirtieron el erario público en una piñata para unos pocos, y aliados con bandidos, generar zozobra y miedo en algunas regiones.  

Colombia es un país sobrediagnosticado acerca de los males de la educación, pero poco se hace por mejorar la escuela. Exceptuando algunos esfuerzos de pocas Instituciones oficiales o privadas -en general- la formación de las nuevas generaciones no va bien. Al maestro lo han puesto a resolver varios problemas: hambre, consumo de psicoactivos, matoneo, mal uso del celular e internet, de quienes tienen acceso a esa tecnología, problemas de embarazo de menores de edad, etc. Esos problemas alejan al maestro de su razón de ser: formar a las nuevas generaciones para enfrentar un mundo en constante cambio.   

Es bien conocido cómo una sociedad mejora. En el 2000, el Nobel de Economía James Heckman, fue laureado por sus investigaciones en la economía del desarrollo humano, al demostrar que invertir en el desarrollo integral de la niñez entre los cero y seis años, genera beneficios que superan los costos que implican el futuro en términos de logros educativos; además, la mejora de la productividad, el incremento de ingresos, y en particular, para Colombia la reducción del crimen. El Nobel asegura que, por cada dólar invertido en la primera infancia, hay una tasa de retorno de entre 7 y 21 dólares que beneficiaría a la sociedad del futuro.  

Qué mejor manera de lograr aumentar los ingresos del país que a través de la inversión en la infancia. Si fuera de ello se minimiza la exploración del petróleo, la extracción de carbón, así como la tala de bosques, y si también paulatinamente se pasa a la energía limpia, se puede ir construyendo un Colombia más sana en lo ambiental, más inteligente, que le permita innovar y desarrollar la ciencia y la tecnología, otros dos baluartes para generar riqueza y bienestar para la población. 

 Desarrollo mental de la infancia: un ‘peligro’  

Pero no, los gobiernos nunca han priorizado el desarrollo mental de la niñez; más bien, han beneficiado a empresas internacionales que llegan a explorar y explotar los recursos naturales, destruyendo la naturaleza - en particular - los bosques, el líquido vital, la tierra para cultivar, la flora y la fauna. Los gobernantes también le temen a una sociedad formada en una escuela de calidad, con capacidad de análisis, crítica con los mismos claustros escolares, y por supuesto, con los pésimos gobiernos. Por eso es que necesitan de unos maestros acríticos y se perturban si algunos de ellos los señalan como malos gobernantes. 

Igualmente, al gobierno -a través del ministerio de Educación- pareciera que lo único que le ha interesado son los números: cuántos niños y adolescentes se matriculan y cuántos terminan el ciclo escolar, tanto de la primaria como del bachillerato. Por otra parte, los rectores deben orientarse por esas cifras de estudiantes que se gradúan, y que la deserción sea mínima. No importa cómo fue la calidad de la formación, si aprendieron a leer y escribir, y lo más importante, si han comprendido tanto lo leído como lo escrito. Y en el siglo del conocimiento, qué tanto aprendieron en matemática, ciencias naturales y humanidades. 

Como afirma William Ospina en su libro: En busca de la Colombia perdida, “Estamos cansados de una educación que no nos ayuda a ser humanos, que no nos enseña a ser responsables, que nos enfrenta los unos a los otros, que no hace avergonzarnos de nuestros abuelos, que no nos enseña a cuidar el mundo, que no nos da lecciones de orgullo, ni de dignidad, ni de grandeza”. Ospina también expresa: “Cansados de un modelo que les mezquina las monedas a los pobres para poderles entregar billones a las grandes maquinarias corruptas que cumplen con todos los trámites”.  

Gabriela Mistral: Poeta y pedagoga 

Laura Godoy Alcayaga (1889-1957) fue el nombre de pila de Mistral, poetisa, escritora, pedagoga y diplomática. A los 15 años inició su labor educativa en la escuela de la Compañía, caserío cerca de Vicuña, Chile. La novicia en el magisterio, por su vocación como educadora y el amor a los niños, facilitó ser directora de varias instituciones. Además, su gusto por la lectura la llevó a leer y estudiar a Montaigne, Amado Nervo, Lugones, Tagore, Tolstoi, Máximo Gorki, Rubén Darío, así como al escritor -despreciado por letrados colombianos y, peor aún, prohibido por el clero- José María Vargas Vila. 

Después de formar niños en varias ciudades chilenas, así como en el campo; y de introducir a Pablo Neruda en la lectura de la literatura rusa, en 1922 arribó a México invitada por el secretario de Educación, José Vasconcelos, con el propósito de colaborar en los planes de reforma educativa y la creación de bibliotecas populares. Por cumplirse 100 años de haber llegado al país azteca, el primero de diciembre de este 2022, la Biblioteca de México compartirá por redes sociales el conversatorio Gabriela Mistral: poesía y educación.  

En 1923 se edita en México Lecturas para Mujeres y un año más tarde se publica Ternura. En la década de 1930 dictó conferencias y clases en EE. UU., Centro América y Europa. Su carrera consular iba a arrancar en 1932, en Génova Italia, pero por sus críticas al fascismo de Mussolini no logró ejercer. A finales de la década de 1930, círculos literarios de distintos países comenzaron a promoverla para el Premio Nobel de Literatura, galardón que le fue otorgado en 1945. De maestra rural en Chile, fue ascendiendo y gestando su poesía, que manifiesta su amor por los niños a los que educó.  

En México puso en marcha las escuelas al aire libre, un método trabajado en Chile, que consistía en ir a lugares bien apartados de la sociedad y les decía: “lleven los niños tal día y tal hora a este lugar”, y ahí educaba abiertamente. Lo hizo de manera especial en Chiapas, sin olvidar el resto del país. El método fue un éxito. Esto encajaba en el objetivo de la política educacional del ministro Vasconcelos que era redimir a las clases populares, en especial al campesino y al aborigen, para integrarlos a la nación por medio de la educación. El método estaba en consonancia con la Revolución Mexicana, que venía desde 1910.

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