Ciencia y Tecnologí­a / JUNIO 27 DE 2021 / 5 meses antes

Gobernantes en decadencia

Autor : Diego Arias Serna

Gobernantes en decadencia

En miles y miles de jóvenes ondea un sentimiento de rabia, frustración y desesperanza, como fruto del incierto futuro que se cierne sobre sus vidas, por culpa de ineptos gobernantes y políticos corruptos.

“Es cierto que siempre se derribaron estatuas y se sustituyeron por otras, cuando lo que representaban había perdido significado para la nueva generación”, Papa Francisco. 

La situación del planeta podría caracterizarse porque quien se cree el homo sapiens no tiene nada de sabio, además, se cree el rey de la Pachamama y, tal vez, por eso la destruyen. Si la raza humana, en su conjunto, fuera inteligente, no tendría al planeta tal como está. Claro que sí ha habido y hay hombres y mujeres inteligentes, lo cual ha permitido que se tenga el desarrollo científico y tecnológico de los cuales nos beneficiamos. Pese a ese avance, la humanidad está mal, sencillamente porque está enferma y ha contagiado el lugar en el que vivimos. 

Esa enfermedad tiene muchos síntomas y consecuencias, siendo la peor tanta gente pobre, en contraste con un reducido porcentaje que se ‘ahoga’ en la riqueza. Los síntomas, algunos, se han manifestado en las protestas. Joseph E. Stiglitz, Premio Nobel de Economía 2001, en su libro: El precio de la desigualdad, afirma que el 1 % de la población tiene lo que el 99 % necesita. En la obra, publicada en 2012, entre otras cosas expresa: “Durante años ha existido un acuerdo entre las partes altas y el resto de la sociedad, que venía a decir lo siguiente: nosotros os proporcionamos empleos y prosperidad, y vosotros nos permitís que nos llevemos nuestras bonificaciones”.

Y agrega con respecto a ese pacto: “Todos vosotros os lleváis una tajada, aunque nosotros nos llevamos una tajada más grande. Pero ahora ese acuerdo, tácito entre los ricos y los demás, que siempre había sido frágil, se ha desmoronado. Los integrantes del 1 % se llevan a casa la riqueza, pero al hacerlo no le han aportado nada más que angustia e inseguridad al 99 %. Sencillamente, la mayoría de los estadounidenses no se han beneficiado del crecimiento del país”. Lo que dice el nobel de EE.UU. se puede extrapolar a casi todos los países.  

Ese ‘virus’ de la desigualdad degradante, genera otros síntomas de la enfermedad de la humanidad: educación de pésima calidad, deplorable servicio médico y población sin agua potable, desempleo, malísima vivienda, hambre, niñez desnutrida, etc. Y como contraparte: pésimos gobiernos dedicados a usurpar los impuestos. Además, para sostenerse en el poder, acuden a la represión cuando la población protesta. Como gobiernan “para los de arriba”, entonces hay otra parte, la más pobre, que es la mayoría, que sobra. La élite son unos pocos ricos multibillonarios, muy pobres en dignidad. 

Recomendado: ¿Cómo se transformaron las civilizaciones?

El cambio comienza en cada uno

Ese ambiente en el que vive la población está afectando al planeta. Los pobres, buscando cómo sobrevivir, contaminan, mientras que los poderosos, por la obsesión de ser más ricos, destruyen la naturaleza. Por eso, Jeffrey Sachs, una de las principales autoridades mundiales en economía y política sanitaria, profesor de las universidades de Harvard y de Columbia, en su libro: Economía para un mundo abarrotado, editado en 2008, asevera: “El ansia de recursos de nuestra especie ha acabado por convertirnos en la fuerza más destructiva de la Tierra para el resto de las especies”.   

Esa actitud perversa de las élites cuenta con el apoyo de quienes gobiernan para ellos, generando obviamente protestas, como la actual, en las que la protagonista es una juventud que ha sido engañada y cuando alza la voz no es escuchada y si sale a manifestarse, es reprimida brutalmente. Todo ese ambiente estimula a investigadores, académicos e intelectuales, para que escriban libros como “Los que sobran. ¿Por qué las generaciones globales más educadas de la historia no pueden ser dueñas de su destino?”, de Juan Carlos Flórez Arcila, un quindiano nacido en Pijao, ciudad sin prisa.

El texto es de la editorial Planeta, con primera edición en junio de 2021. El autor fue director del departamento de Historia de la universidad de los Andes. Como concejal de Bogotá, fue ejemplo para la clase política por haber hecho una campaña sin gastar un solo peso. Además, durante varios periodos fue escogido como el más destacado por la prensa especializada. En su texto reseña la historia de varios imperios e indica que en sus entrañas se gesta su propia destrucción.

En la contraportada enseña algunas ideas del libro cuando manifiesta: “¿Por qué aceptamos el hecho que nos pusieron a sobrar en nuestro planeta y no somos capaces de creer que tenemos todo en nuestras manos para cambiar nuestro destino?”, luego afirma: “No es posible avistar por completo qué otro mundo reemplazará a una civilización cuando esta se va a pique. Lo único que tal vez podamos tener claro, como lo podrá descubrir el lector en este libro, es que en las entrañas del viejo sistema crece la simiente de lo nuevo que lo reemplazará. La historia nos advierte que el poder de cambio empieza en cada uno de nosotros si tenemos el arrojo para dar el primer paso”. 

Democracias, simples pantomimas

En el desarrollo del texto y al referirse a los muy ricos expresa: “Para distinguirse del resto de los mortales, todo lo que usan los billonarios es privado, de uso exclusivo de ellos y de ningún otro mortal. Ascensores que los llevan en sus carros hasta los apartamentos en que viven, aviones y terminales privados, helicópteros para evadir los eternos atascos en el tráfico urbano, yates descomunales que casi que gozan de extraterritorialidad, islas privadas, –recordemos el infame avión Lolita express y su isla privada en el caribe–, además de 4, 5 mansiones y apartamentos en los centros globales de lujuria”. 

En Los que sobran, Flórez Arcila, señala igualmente: “Procedimientos expeditos de inmigración que, acompañados siempre de la movilidad sin fronteras para sus capitales, les permiten no someterse a nadie, excepto a su supremo interés, la maximización de sus ganancias y la reducción ad absurdum de sus impuestos, sin tener que rendirle cuentas a nadie, por cuanto que donde había democracias, estas son reducidas a pantomimas e hipotecadas a los megarricos por políticos deseosos de servir y emular en todo a los billonarios”. 

Comparándolos con las ‘noblezas’ añejas señala: “Al igual que aquella aristocracia que sonámbula iba rumbo a la autodestrucción de su mundo en los siglos XVIII y XIX, o comienzos del XX, como fue el caso de la aristocracia rusa y austrohúngara o de alguna oligarquía latinoamericana, la élite global no se siente obligada por ningún compromiso ni ningún deber hacia los ciudadanos del país en el que residen”. 

También los coteja con los poderosos del imperio romano: “De manera parecida a la locura imperial que poseyó a muchos emperadores en la antigua Roma y contribuyó a desquiciar también a aquella extraordinaria civilización hasta privarla de su capacidad, la locura de los ricos globales ha acelerado el proceso de socavamiento y destrucción de los cimientos que le daban algún grado de estabilidad a nuestra época. Por eso hoy el futuro se predice exclusivamente en términos apocalípticos”. 

Avaricia, causa de la autodestrucción

Frente a los fanáticos extremistas con los que infunden miedo expresa: “Ningún terrorista, por más radical que sea, tiene en sus manos el poder de destrucción de los plutócratas contemporáneos, cabeza de un Ancien Régime que nos condena a todos a una sin salida, mientras ellos mantengan el control del poder. Avanzan impasibles hacia la destrucción de la civilización que les ha dado toda su riqueza y poder, con tal de multiplicarlos hasta el infinito”.  

Asimismo, se refiere a las mafias señalando: –…– “Mientras que el destino de Escobar fue terminar su carrera gansteril acribillado sobre un tejado de Medellín, el de los billonarios de los opiáceos fue consolidarse, con sus inmensas fortunas, en el techo del prestigio social en Nueva York, Londres y en otras capitales globales. Al igual que en la Inglaterra del siglo XIX, los intereses de los modernos traficantes de opio prevalecieron sobre el bien común. Las incontables ganancias les permitieron a las farmacéuticas de EE.UU. frenar, durante años, toda acción legal que prohibiese la prescripción generalizada de sus letales drogas”. 

Flórez no deja fuera del tintero las protestas actuales de los jóvenes apuntando: “Hay una tierra prometida a la que nunca logra arribar la mayoría, pues la misma es un coto reservado a unos cuantos elegidos: La sociedad neoliberal les propuso un modo de vida, un modo de ser sujeto, que para ellos no llega a realizarse. Pueden cubrir sus necesidades básicas, pero el trato decía que después de titularse venían los goces del mercado, armar tu propio camino en un mundo de elecciones, no puede quedar pegado a la ley de la necesidad. –…–. “Se puede vivir, pero no se puede surgir”, es la frase que siempre aparece”. Ese ambiente es propicio para la protesta.   


Temas Relacionados: Gobernantes Decadencia Ciencia

COMENTA ESTE ARTÍCULO

En cronicadelquindio.com está permitido opinar, criticar, discutir, controvertir, disentir, etc. Lo que no está permitido es insultar o escribir palabras ofensivas o soeces, si lo hace, su comentario será rechazado por el sistema o será eliminado por el administrador.

copy
© todos los derechos reservados
Powered by: Rhiss.net