Ciencia y Tecnologí­a / OCTUBRE 02 DE 2022 / 2 meses antes

¡Increíble! ¿Ropa peligrosa?

¡Increíble! ¿Ropa peligrosa?

Pese a que estamos encima de un desastre ambiental, eso no nos importa. La preocupación de esta sociedad vanidosa y de apariencias, es “estar al último grito de la moda”, mientras toneladas de ropa usada, inundan playas, ríos y océanos.

En las últimas décadas la salud de los humanos ha sido atacada por la industria farmacéutica; los productos del agro y últimamente, también se afirma que la ropa es un peligro porque afecta al cuerpo

La humanidad ha estado asediada por la amenaza a su salud y a la vida. En algunos casos esta es natural y se minimiza disminuyendo los riesgos, pero en otros casos es provocada por el mismo hombre, como sucede con los desastres que ha estado ocasionando al medio ambiente, afectado por las alteraciones a la naturaleza, como la destrucción del bosque, la contaminación de las aguas, la desertificación, la disminución de la fauna etc.

En las últimas décadas la salud de los humanos ha sido atacada por la industria farmacéutica; los productos del agro (por el uso de insecticidas, fungicidas y herbicidas); y últimamente, también se afirma que la ropa es un peligro porque afecta al cuerpo. Ella contiene partículas de metales - que van con el tinte -, y al ser usadas e interaccionar con el cuerpo, puede afectar a las personas, sobre todo si son menores de edad. Para sustentar el artículo se hará uso de documentos publicados en las páginas web Medline Plus, Greenpeace y el parlamento europeo.

Así que no es conveniente para la sociedad seguir dejándose llevar por los desfiles de modas, el ansia de usar y botar, la compra de ropa de segunda y, por supuesto, la propaganda engañosa. Además, su proceso de obtención suma un alto costo de contaminación ambiental. Las prendas de vestir contaminadas afectan no sólo la sangre, sino también órganos vitales como son los riñones, los pulmones, el hígado y el cerebro.

Como se dice en algunos documentos, son aquellas procedentes del mundo asiático, en particular de la China, y el sur de Asia, aunque no se pueden descartar naciones de occidente. En esta ocasión se hará uso de información que se refiere a ropa contaminada con plomo, metal que también está presente en otros productos usados, tales como juguetes para niños, tubería que transporta agua, pintura, combustibles, etc. No es un llamado a retornar al “taparrabos”, pero sí a tener cuidado cuando se compran las prendas de vestir, y siempre preguntarse: ¿las necesito?
 
Ropa con tintes tóxicos

La intoxicación con tintes para ropa es una información publicada en la web MedlinePlus, enciclopedia médica en español que en 2008 publicó que las tinturas usadas en telas son químicos empleados para colorear la ropa. La intoxicación se da cuando alguien ingiere grandes cantidades de estas sustancias, tales como el álcali corrosivo, que como dice el medio: “en la actualidad es raro encontrar este ingrediente tóxico”. Afirma, igualmente, que otras sustancias usadas son los jabones suaves, pigmentos y sales, y que, aunque no se consideran peligrosas, pueden causar problemas si se ingieren en grandes cantidades, especialmente en niños pequeños. La afectación puede ocurrir cuando el niño o la niña chupa estas telas.

En Noticias del parlamento europeo, 21 de marzo de este año, bajo el título El impacto de la producción textil y de los residuos en el medio ambiente, se reveló: “la ropa, el calzado y los artículos textiles para el hogar son responsables de la contaminación del agua, las emisiones de gases de efecto invernadero y los vestidos”. Asimismo, señala que la producción textil utiliza mucha agua, además de tierras para cultivar algodón y otras fibras.

Se calcula que la industria textil y de la confección mundial utilizó 79.000 millones de metros cúbicos de agua en 2015, mientras que las necesidades de toda la economía de la Unión Europea ascendieron a 266.000 millones de metros cúbicos en 2017. Para elaborar una sola camiseta de algodón, las estimaciones indican que se necesitan 2.700 litros de agua dulce; la cantidad de agua que una persona bebe en dos años y medio.

Siguen afirmando esas noticias que, según las estimaciones, la producción textil, a través de los tintes y los productos de acabado, es responsable de aproximadamente el 20% de la contaminación mundial de agua potable, y que el lavado de materiales sintéticos, genera cada año unos 0,5 millones de toneladas de microfibras que acaban en los océanos. Igualmente, el lavado de tela sintética representa el 35% de los microplásticos primarios liberados en el medio ambiente.

Una sola carga de vestidos de poliéster puede verter 700.000 fibras microplásticas que pueden llegar a la cadena alimentaria. Como si fuera poco, el daño anterior - según el informe - se calcula que la industria de la moda es responsable del 10% de las emisiones mundiales de carbono, más que los vuelos internacionales y el transporte marítimo combinados. 

Según la Agencia Europea de Medio Ambiente, las compras de textiles en la Unión Europea en 2017 generaron alrededor de 654 Kg de emisiones de CO2 por persona. Como expresa el parlamento europeo, el daño es doble: se contamina el planeta y se afecta la salud de la humanidad. Así que es bastante ‘saludable’ estar estrenando vestidos con frecuencia y tirándolos cuando deseamos estar a la moda. Ni la pandemia puso a pensar a la gente sobre para qué sirve la vanidad y por qué es conveniente dejar el derroche. Parece ser que con la actitud de comprar y botar se está acelerando la autoeliminación de la especie humana.
 
Greenpeace también alerta

Con el título de Fast fashion: de tu armario al vertedero, Greenpeace México publicó el 29 de enero de 2021, el artículo que alertó sobre la forma peligrosa como la moda nos afecta. El medio hace la siguiente precisión sobre el particular: “El concepto de fast fashion, o moda rápida, se refiere a los grandes volúmenes de ropa producidos por la industria de la moda, en función de las tendencias y una necesidad inventada de innovación, lo que contribuye a poner en el mercado millones de prendas y fomentar en los consumidores una sustitución acelerada de su inventario personal”. 

Agrega: “La fast fashion provoca que se introduzcan al mercado muchas colecciones de ropa “en tendencia”, durante lapsos breves. Así, se sigue este modelo de producción donde se fabrican prendas con materiales de baja calidad para asegurar un precio barato, por lo que incluso podríamos hablar de ropa prácticamente desechable. Además, su velocidad de manufactura repercute en su escasa durabilidad. Actualmente, la industria de la moda, bajo esta lógica, produce decenas de colecciones de ropa al año, en contraste con el viejo modelo de colección primavera/verano y otoño/invierno”.

Sobre el impacto ambiental de la moda rápida, Greenpeace presenta cifras similares a las reportadas por MedlinePlus; además, resalta la forma como las empresas abusan de los trabajadores, quienes tienen jornadas de 14 y 16 horas diarias para cumplir con las demandas de los empresarios que comercializan las prendas. Como si fuera poco el exceso de horas trabajadas, tienen pésimas condiciones laborales y unos salarios miserables, violando los derechos humanos; peor aun cuando hay explotación infantil. Los países donde se manifiesta ese fenómeno negativo están en el sur de Asía, tales como Bangladesh, India, Camboya, Indonesia, Malasia, Sri Lanka y China. 

Mientras esto sucede, los consumidores, con actitud arrogante y enfermiza, contribuyen a que aumente la producción, y por ende la contaminación. Greenpeace destaca que tan sólo de 2000 a 2015, según  New Textiles Economy, en un reporte de la Fundación Ellen MacArthur, la producción de textil se duplicó: alrededor de 50 mil millones de prendas fabricadas en el 2000, ¡pero quince años después se produjeron más de 100 mil millones!

A la par de este aumento, en una media mundial, las veces que se usa la ropa han decrecido en un 36% en el mismo lapso. La ropa desechada, que podría usarse aún, se traduce en 460 mil millones de dólares perdidos. ¡Hay prendas que se usan únicamente de 7 a 10 veces y se tiran! Sigue afirmando esa entidad:

“En China y Alemania, más de la mitad de los encuestados sobre el uso de su ropa admitió que tenían más prendas de las que realmente necesitaban”.

Más contaminación y poco reciclaje

La fast fashion deja problemas relacionados con la contaminación y el uso excesivo de recursos naturales, lo cual amenaza un futuro sustentable y una relación equilibrada con la naturaleza, como señala Greenpeace. Si la tendencia al alza continúa, para 2050 se triplicaría el consumo de petróleo a 300 millones de toneladas para producir ropa. La entidad ambiental señala que el otro gran problema de la sobreproducción está en el mínimo reciclaje llevado a cabo por la industria. 

En México, según datos del Centro Mexicano de Derecho Ambiental, tan sólo el 5% de la ropa se recicla. Las cifras varían enormemente según el país. Por ejemplo, en Canadá, la empresa de reciclaje Envirotex estima que el 85% de la ropa que podría reciclarse, termina en los basureros, los cuales deben sumar ya más de 220 mil toneladas de ropa. En Alemania hay una política que exige que el 75% de los textiles debe recogerse y reciclarse, sin embargo, sucede, a veces, que la ropa desechada termina en otros países que no reciclan ni cerca de esos altos porcentajes.

En suma, el desperdicio es una de las características que define a la industria de la moda. Se calcula que, a nivel mundial, se reutiliza menos del 1% de la materia prima (plástico, algodón y otras fibras) usada para producir ropa. Para mostrar el gran negocio de la ropa, Greenpeace señala: En México, se estima que en 2020 las ganancias de esta industria estarían por el orden de los 4 mil 520 millones de dólares, lo cual nos coloca en la posición 18 del ranking mundial de ventas.

Los cinco primeros son China, Estados Unidos, Reino Unido, Japón y Alemania. Asimismo, en 1992, la tienda Zara abrió en el centro de la Ciudad de México el primer local de la compañía en Latinoamérica. En las siguientes décadas, esa zona terminó por ¡llenarse de tiendas fast fashion! Pareciera que parte de la sociedad está feliz, cavando su tumba por estar a la moda. A su turno, Rafael Marrero, columnista en temas de economía y medioambiente, es el autor del artículo: El peligro para la salud del uso de la ropa hecha en China, publicado el 13 de agosto de 2022. 

Afirma inicialmente: “Las prendas de vestir provenientes de China comunista entrañan un gran peligro para los consumidores, en especial los estadounidenses. La exposición al plomo tiene graves consecuencias para la salud de los niños. Si el grado de exposición es elevado, el plomo ataca el cerebro y el sistema nervioso central, lo que provoca coma, convulsiones e incluso la muerte”.

El plomo es un metal altamente tóxico que está presente en gran parte de las actividades que desempeña el hombre -fundición, agricultura, fábricas de baterías- y en pinturas y combustibles como aditivo. Marrero advierte que “el 39,2% de la ropa y los artículos textiles que adquirimos en EE.UU. provenga de la República Popular China, no sólo es un despropósito monumental por el grado de dependencia que eso significa, sino también un alto costo a pagar en términos de salud, el bien más preciado con el que contamos”.



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