Ciencia y Tecnologí­a / ABRIL 25 DE 2021 / 1 mes antes

La Pachamama nos ‘habla’

Autor : Diego Arias Serna

La Pachamama nos ‘habla’

Por falta de conciencia ambiental y el desaforado consumismo, traducido en “tome, use y bote”, el planeta está siendo ‘asfixiado’ por montañas de desechos y plásticos. ¿Cuánto más soportará?

El planeta y las personas deberían vivir en armonía, porque como lo expresó Edward Osborne Wilson, “una sociedad se define no solo por lo que crea sino también por lo que decide no destruir”.

El 22 y el 23 de abril se conmemoraron el día de la Tierra y el día del Idioma, respectivamente. Evocaciones que debieron servir para reflexionar sobre el pésimo estado de ‘salud’ de la Pachamama, así como por la degradación de la lengua española, la más bella entre todas las que existen y, además, la segunda más hablada después del mandarín. 


La fecha del 23 la seleccionó la Organización de Naciones Unidas, ONU, para homenajear a Miguel de Cervantes Saavedra, máximo exponente de la literatura escrita en esta lengua y quien murió un 22 de abril de 1616. 
Así como se recortan frases y palabras, también se tumban bosques. Y de igual manera como se contaminan ríos, lagos y mares, el idioma se intoxica con extranjerismos, el mal uso de la dicción, los signos de puntuación, las tildes y demás. Por eso, hay que pensar en hacer de la Tierra y la sociedad un solo cuerpo, que se exprese en el mismo ‘idioma’ aportando beneficios mutuos. 
¿Acaso, no es cierto que cuando el hombre le ‘habla’ a la naturaleza con destrucción, el planeta lo ‘escucha’ y responde con inundaciones, alterando el clima, disminuyendo la biodiversidad, afectando cultivos, etcétera?
Hay que tener presente que como expresa el entomólogo de Estados Unidos, Edward Osborne Wilson -1929-, considerado el biólogo vivo más destacado del mundo, y creador del concepto de biodiversidad: “Una sociedad se define no solo por lo que crea sino también por lo que decide no destruir”, y eso es lo que han venido haciendo los seres humanos en los dos últimos siglos. La destrucción de la naturaleza ha sido la impronta dejada por el homo sapiens, a pesar de que fue invitado por la Pachamama recientemente. 
Con razón, António Guterres, secretario general de la ONU, expresó con motivo del día de la Tierra: “La recuperación de la pandemia de Covid-19 ofrece una oportunidad de que el mundo emprenda un camino más limpio, ecológico y sostenible”, pero como el idioma de los humanos es diferente al de la Tierra no se le escucha cuando pide que no se sigan llenando los océanos de plástico y no se permitan o se minimicen más incendios forestales.

Restaurar el planeta y el idioma 

En su página en la internet, la ONU expresó que el cambio climático, las perturbaciones provocados por el hombre en la naturaleza, así como los crímenes que alteran la biodiversidad, la deforestación, el cambio de uso del suelo, la producción agrícola y ganadera intensiva o el creciente comercio ilegal de vida silvestre, pueden aumentar la transmisión de enfermedades infecciosas de animales a humanos, es decir, enfermedades zoonóticas, tal como se inició la pandemia actual. 
Hablar el lenguaje de los ecosistemas que sustentan todas las formas de vida de la Tierra implica recuperar la salud de esas fuentes de vida, pues de ellos depende directamente qué tan saludable son nuestro planeta y sus habitantes. Recordando lo dicho por la ONU, restaurar los ecosistemas dañados ayudará a acabar con la pobreza, combatir el cambio climático y prevenir una extinción masiva.  
Resaltó, así mismo esa organización internacional, que los ecosistemas sustentan todas las formas de vida y que de su salud depende la de todos los demás. El atlas medioambiental, revista que publicó el periódico Le Monde, diplomatique, también se refirió al declive de la biodiversidad, y afirmó que esta retrocede hasta tal punto que se puede pensar de una sexta extinción en masa, después de las cinco ocurridas en tiempos geológicos anteriores, lo cual es una amenaza para la humanidad. “Una extinción que tal vez ya comenzó, al inicio de la era antropogénica, es decir, la época en que apareció el hombre y ejerció gradualmente su dominio sobre la Tierra”, agregó la publicación.
Advierte, de igual manera, que “lo vivo es expoliado sin ninguna preocupación por lo que quedará para las generaciones futuras. Y su mercantilización se ve acentuada por la globalización sin control de la economía. En una naturaleza muerta, ¿cuáles podrían ser el lugar y la imagen del ser humano?”, a lo que habría que preguntarse complementariamente: ¿Y cuál podría ser el idioma que hablaría ese hombre?  ¿Acaso van de la mano la destrucción del planeta y el idioma? 

El lenguaje de los refugiados, sin escuchar 

El día del Idioma, así mismo, está pidiendo a gritos que se escuche al lenguaje de los refugiados, porque al parecer hay mucha población, tanto en el norte como en el sur del planeta, que no ‘escuchan’ el sufrimiento de miles de ellos. 

Este grito también es una forma de ‘hablarnos’ la Pachamama, porque está relacionado con el cambio climático. Sobre este fenómeno la revista aludida afirmó: “El recalentamiento climático lleva a la desaparición definitiva de territorios, lo cual genera, a su vez, el riesgo creciente de que se produzcan desplazamientos masivos de población. Es urgente reconocer esta realidad y elaborar un estatuto de refugiado para los migrantes por razones climáticas”.
El citado atlas señaló: “El recalentamiento climático existe y en buena parte se debe a los gases de efecto invernadero arrojados a la atmósfera por las actividades humanas. Esto lleva a una degradación rápida del medio ambiente y de la biodiversidad”.  
De igual manera, se pronunció la ONU en el día de la Tierra: “Cada año el mundo pierde 10 millones de hectárea de bosque, una extensión similar a Islandia. Los ecosistemas sanos nos ayudan a protegernos de las enfermedades porque la diversidad de las especies hace más difícil la propagación de patógenos. Alrededor de un millón de especies animales y plantas se encuentran en peligro de extinción”.  
Otra forma de agresión al planeta por el hombre es el uso del automóvil. Le Monde anotó: “No ha pasado mucho tiempo desde que –se dice - un jefe de Estado francés quiso “adaptar las ciudades al automóvil. La adaptación se hizo en todo el mundo, o casi, sin considerar el futuro. Evidentemente, todavía es ilusorio imaginar ciudades sin coches, pero es necesario reducir fuertemente la circulación urbana y sus perjuicios”. Está mal que los centros urbanos se hayan convertido en parqueaderos. 
Por eso, además, afirmó: “La construcción de autopistas urbanas y estacionamientos en el centro permitió que el automóvil inundara las ciudades francesas. Evidentemente fue un error: las calles se convirtieron en carreteras, las plazas en aparcamientos. Peatones y ciclistas están en continuo peligro; la salud de los residentes urbanos se encuentre amenazada -según la Agencia francesa de Seguridad Sanitaria del Medio Ambiente y el Trabajo unas 20.000 muertes prematuras al año son consecuencias de los accidentes de tráfico-”, asegurando que el tráfico urbano es responsable de la mitad del derroche del petróleo y de las emisiones de gases de efecto invernadero. 

RECUADRO: Planeta e idioma, degradados

Como se dijo al comienzo, es impresionante la forma como ambos se han degradado. ¿Esa deformación del español ha alimentado la destrucción del planeta? La inquietud quizás no es válida, pero si se mira la historia reciente de los humanos, se verá que en las últimas décadas es cuando más se ha afectado la forma como expresan las ideas, tanto las personas como los medios de comunicación, fenómeno que ha sido más manifiesto con el advenimiento de las redes sociales. 
Tal vez, no importa la forma como se habla y se escribe, posiblemente, tampoco interesa la manera como se afecta la Pachamama. Podría ser objeto de una investigación la conexión de “esos dos mundos”, a ver si se infiere que quienes más mal hablan y escriben, más contaminan, teniendo en cuenta que podrá haber casos de mal hablantes que respetan al planeta y doctos con el lenguaje que les importa “un comino” su destrucción. 
Hay que decir, de otro lado, que el lenguaje del odio y la intolerancia alimenta el mal uso del idioma y destruye las relaciones sociales, que de alguna manera afectan también al planeta. Por eso, es importante invocar a los dioses que inspiran la armonía, que iluminen el sendero del amor entre los seres humanos y de estos con su casa mayor como es la Tierra. Hay que empezar con la molécula básica de la sociedad: la familia, en todas las formas de manifestarse. Así mismo, no reinventar, como se dice ahora, sino recuperar la escuela como espacio de convivencia de la niñez y la juventud, donde se eduque en el respeto a la naturaleza y al idioma. 
El avance tecnológico ha obsequiado cosas maravillosas en todos los aspectos: transporte, salud, comunicación, facilidades en el trabajo, ha permitido el avance de la ciencia. Sin embargo, también ha traído aspectos negativos. 
Para citar un solo caso: la educación, tan perturbada en esta pandemia, pero que ya venía siendo afectada, debido al mal uso, por ejemplo, del dios Google. Las actividades escolares, tanto de la educación básica como la universitaria, se degradaron con el copiar y pegar, lo que ha afectado al lenguaje, y por lo fácil que se copia y pega, podría inducir a las personas a ‘progresar económicamente’, destruyendo la naturaleza. 
 




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