Ciencia y Tecnologí­a / JUNIO 05 DE 2022 / 3 meses antes

La Tierra, al límite

Autor : Diego Arias Serna

La Tierra, al límite

Para comprobar que el planeta efectivamente está al límite en materia ambiental y de recursos naturales, basta con observar imágenes como esta, que “hablan por sí solas”. Sobra cualquier explicación.

“Continuamos enfrentando las tres crisis planetarias que amenazan nuestro futuro: la crisis del cambio climático, la de la pérdida de la biodiversidad y la de la contaminación y los desechos”: Inger Andersen.

“El futuro no está predeterminado a seguir un curso inevitable. Al contrario: podríamos causar la sexta extinción masiva en la historia de la Tierra o podríamos construir una civilización próspera y sostenible a largo plazo. Cualquiera de las dos opciones es posible a partir de ahora”, asegura Kim Stanley Robinson, escritor estadounidense de ciencia ficción. La anterior advertencia es muy oportuna justamente para este 5 de junio, Día Mundial del Medio Ambiente. 

La avaricia del hombre, cuya existencia es un instante comparado con la edad de la Tierra, está destruyendo ríos y bosques, contaminando las aguas, afectando los océanos, perturbando la fauna y la flora, arruinando zonas para el cultivo de alimentos. Es decir, los seres humanos están convirtiendo su hogar en un sitio inhabitable. Sin duda, es la única especie animal que destruye su propio hábitat. Esa devastación del planeta es alimentada por el orgullo de los humanos de pretender ser el centro del mundo, o como también se dice, pretender ser el ‘ilustre’ antropocéntrico.

Ese ser humano que se cree el centro del mundo y el fin último de la creación, lo ha llevado a escarbar a la Pachamama buscando metales preciosos; a sobreexplotar las zonas pesqueras; está agotando la vida en ríos, lagos y el mar. Además, está realizando cultivos intensivos y usando indiscriminadamente insecticidas, sigue contaminado la tierra y afectando las aguas. Como si fuera poco, los bosques, fuente de agua y vida, están siendo derribados. Sólo se piensa en producir y exportar, sin ver a qué precio para el medio ambiente. 

Como revela la página web de la ONU, Programa para el medio ambiente, se están conmemorando 50 años de la primera conferencia celebrada en Estocolmo, Suecia, bajo el lema “Una sola Tierra”, que sigue vigente, ante la necesidad de vivir de forma sostenible, en armonía con la naturaleza, a través de cambios sustanciales impulsados por políticas y elecciones cotidianas que nos guíen hacia estilos de vida más limpios y ecológicos. Este 2022, Estocolmo vuelve a acoger la evocación de este día.

Mejorar la relación con la naturaleza

De la salud de los ecosistemas depende directamente el bienestar de los habitantes de la Tierra. Según el informe “Hacer las paces con la naturaleza”, realizado por el Programa de Naciones para el Medio Ambiente, (PNUMA) y publicado a principios de este año, transformar los sistemas sociales y económicos significa mejorar nuestra relación con la naturaleza, comprender su valor y ponerlo en el centro de la toma de decisiones. De acuerdo con la directora ejecutiva del PNUMA, Inger Andersen, “en 2022 esperamos que el mundo comience a pasar la página del peor capítulo de la pandemia de la Covid-19”. 

Señala también en su planteamiento: “Y lo hacemos con el conocimiento de que continuamos enfrentando las tres crisis planetarias que amenazan nuestro futuro: la crisis del cambio climático, la de la pérdida de la biodiversidad y la de la contaminación y los desechos”. La humanidad o, mejor, quienes pueden, pareciera que se sienten realizados comprando y desechando. Los mares ya no pueden seguir recibiendo plásticos, que - al ser ingeridos por la diversidad de la fauna - luego llega a los cuerpos de quienes los usan de alimentos, como ha sido reportado. Así que no sólo se está destruyendo la Tierra, sino que el hombre, el supuesto rey de la creación, también se está afectando.

No han valido las advertencias de los científicos acerca de la debacle del planeta y de todo tipo de vida, incluido al de la humanidad. Quienes impulsan el supuesto progreso y la imperiosa necesidad de crecer, miran para un lado, o hasta aceptan la necesidad de frenar o ralentizar ese crecimiento que contamina, pero en la práctica el deterioro continúa. Por fortuna, hay profesionales de los medios que hacen sentir su voz sobre la ‘cara’ poco amable de la Tierra. Tal es el caso de Naomi Klein, periodista laureada, columnista de prensa y autora de los bestsellers “No logo”, “La doctrina del schok”, “Esto lo cambia todo” y “Decir no no basta”. El año pasado sorprendió a sus lectores con el libro “En llamas”. 

Allí ella expresa: “Las últimas tres décadas de libre comercio, desregulación y privatización no nacieron únicamente de un grupo de avariciosos que quieren incrementar su lucro empresarial. También surgieron como respuesta a la “estanflación” de la década de 1970, que generó una fuerte presión por hallar nuevas vías de crecimiento económico rápido. La amenaza era real: en nuestro modelo económico actual, una caída en la producción supone, por definición, una crisis, es decir, una recesión o, de ser lo suficientemente grave, una depresión, con toda la desesperación y dificultades que implica dicha palabra”.

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Tecnología verde, impulso a la economía

De acuerdo con el criterio de la reconocida comunicadora “esa necesidad imperiosa de crecimiento está detrás del enfoque que siempre adoptan los economistas convencionales en relación con la crisis climática y que sintetizan en la siguiente pregunta: ¿Cómo reducimos las emisiones a la vez que mantenemos un crecimiento sólido del PIB? La respuesta habitual es mediante la “disociación”, la idea de que la energía renovable y otras eficiencias más elevadas nos permitirá desacoplar el crecimiento económico de su impacto en el medio ambiente”. 

En su texto también plasma lo siguiente: “Y los defensores del ‘crecimiento verde’, como Thomas Friedman, nos asegura que el proceso de desarrollar nuevas tecnologías ecológicas y de instalar infraestructuras verdes proporcionan un enorme impulso económico, aumentarán de forma exponencial el PIB y generarán la riqueza necesaria para “hacer de Estados Unidos un país más saludable, productivo y estable”. Pero aquí es donde se complican las cosas”. 

Señala igualmente que “existe un corpus de investigación económica cada vez más extenso sobre el conflicto del crecimiento económico desenfrenado y una política climática sólida, encabezado por el economista Herman Daly, de la universidad de Maryland, Peter Víctor, de la universidad de York, Tim Jackson, de la universidad de Surrey, y el experto en derecho medioambiental Gus Speth. Todos expresan serias dudas sobre la viabilidad de que los países industrializados alcancen los profundos recortes de emisiones exigidos por la ciencia – alcanzar la huella del carbono cero antes de mediados de siglo – a la vez que siguen impulsando el crecimiento de sus economías incluso al desacelerado ritmo actual”. 

Agrega en torno a este preocupante tema: “Según Víctor y Jackson, una eficiencia mayor sencillamente no puede seguir el ritmo del crecimiento, en parte porque una mayor eficiencia casi siempre viene acompañada de más consumo, lo que reduce o incluso contrarresta los avances (algo que a menudo se conoce como la “paradoja de Jovons”). Y mientras que los ahorros obtenidos de una mayor eficiencia energética y material sigan invirtiendo en el impulso del crecimiento exponencial de la economía, la reducción de las emisiones totales se verá frustrada”. 

Klein plantea una conclusión: “una crisis ecológica cuyas raíces se encuentran en el consumo excesivo de los recursos naturales no se puede abordar sólo desde la optimización de la eficiencia de las economías, sino que también depende de la reducción del volumen de objetos materiales que consumen el 20% de la población más rica del planeta. Pero esa idea es un anatema para las grandes corporaciones que dominan la economía global. Así las cosas, nos encontramos atascados en un insostenible aprieto en el que, en palabras de Jackson, o bien “destruimos el sistema o destrozamos el planeta”. 

Pobres: ¿a consumir más?

Naomi Klein formula asimismo una de las salidas: “Los aumentos de consumo deben reservarse para los países que todavía están saliendo de la pobreza. Mientras, en el mundo industrializado, cualquier sector que no se rija por el objetivo de obtener beneficios anuales cada vez mayores (el sector público, las cooperativas, los pequeños negocios o las organizaciones sin ánimo de lucro) verían ampliada su participación en la actividad económica total, y lo mismo ocurriría en los sectores que generan un impacto ambiental mínimo pero que proporcionan enormes beneficios para el bienestar (como la enseñanza, las profesiones de cuidados y las actividades de ocio)”. 

Ella cree que “de esa forma se crearía una gran cantidad de empleos, pero el papel del sector corporativo, con su exigencia estructural de incrementos en las ventas y los beneficios, debería contraerse especialmente los segmentos cuyas fortunas están asociadas de forma inextricable a la extracción de recursos. Por lo tanto, cuando la cuadrilla de Heartland reaccione antes las evidencias de cambio provocada por la actividad humana como si el propio capitalismo estuviera amenazado, no es porque sean paranoicos, sino porque están prestando atención”. Heartland es una serie de televisión canadiense de drama.

Además, plantea otra salida: Aumentado los impuestos a los más ricos, afirmando que es mentira lo que se dice que si la economía aumenta para unos pocos crece el pastel, y al final habrá para todos, lo que no es cierto porque la desigualdad sigue creciendo. Asegura que hay que aumentar el impuesto al carbón y al sector financiero, así como recortar los inflados presupuestos de los ejércitos y eliminar el absurdo subsidio para la industria de los combustibles fósiles. Es un buen plan para una campaña presidencial.


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