Ciencia y Tecnologí­a / NOVIEMBRE 20 DE 2022 / 1 semana antes

Niñez educada, futuro esperanzador

Autor : Diego Arias Serna

Niñez educada, futuro esperanzador

La vida les sonríe cuando a través del juego y desde la más temprana edad, no sólo tienen un desarrollo intelectual, sino que también, y quizás lo más importante, aprenden acerca de valores y principios.

Si la niñez está bien formada desde temprana edad por educadores preparados y padres comprometidos, es casi seguro que el aprendizaje futuro será ganancioso y el país verá disminuir la criminalidad. 

“No podemos postergar las inversiones en los niños hasta que éstos se hagan adultos, ni podemos esperar hasta que lleguen al colegio, periodo en que puede ser demasiado tarde para intervenir”: James Heckman, premio Nobel de Economía 2000, cuya voz - entre muchas otras – también se ha manifestado en la necesidad de la intervención educativa de la niñez y de la adolescencia para favorecer la educación posterior, así como la prosperidad de un país. Desde la antigüedad, grandes pensadores han llamado la atención de la importancia de la formación en las primeras etapas de la existencia de una persona.  Sin embargo, lo que al respecto hacen los gobiernos, en muchos países, es lamentable. 

Por eso la ONU ha decretado el 20 de noviembre como el “Día Mundial del Niño”, y el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia, Unicef, publicó en su página Web: “Este día mundial recuerda que todos los niños tienen derecho a la salud, la educación y la protección, independientemente del lugar del mundo en el que hayan nacido. Dedicar un día mundial a la infancia también sirve para hacer un llamamiento mundial sobre las necesidades de los más pequeños y para reconocer la labor de las personas que cada día trabajan para que los niños y niñas tengan un futuro mejor”.

Asimismo, se señala: “este día es una oportunidad para crear conciencia en las escuelas y en la sociedad en general de que todos los niños y niñas estén protegidos, seguros, con salud y educación, sin importar lugar de su nacimiento o procedencia”. Lastimosamente, la realidad indica otra cosa. No es sino escuchar y leer en los medios de comunicación, o buscar noticias en BBC News Mundo. Por ejemplo, a finales de 2018, la noticia de la redacción de ese medio reveló: “Los países de América Latina con las mayores tasas de desnutrición infantil crónica”.

Esa noticia explicaba: “tienen limitaciones es su desarrollo físico, psicomotriz, intelectual. Y eso es irreversible, porque los niños que sufrieron desnutrición crónica antes de los 5 años quedan con una cicatriz invisible que los acompaña para toda la vida. “A estos niños les hicimos algo tan salvaje como cortarles una mano”, dice Julio Berdegué, representante en América Latina y el Caribe, de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, FAO.

Desgraciadamente, por este tipo de información, la sociedad no se horroriza.  

Platón y lo niños pobres

La Unicef, en su Convención de los Derechos del Niño, establece un conjunto de derechos, incluidos los relativos a la vida, la salud, la educación, el derecho a jugar, a la vida familiar, a estar protegidos de la violencia, a no ser discriminados y a que se escuchen sus opiniones. A pesar de esos enunciados, a finales del año pasado se conocieron las siguientes cifras: 385 millones de niños viven en la pobreza extrema, 264 millones no están escolarizados y 5,6 millones menores de cinco años murieron por causas que podían haberse prevenido. Es decir, los adultos, y en particular los gobiernos, tienen una inmensa deuda con los niños y niñas del mundo.

Retomando el asunto de la educación de los infantes y recordando lo que enseñaron personajes de la historia, se presentan apartes del legado de Platón (427 a. C), tal vez el filósofo más importante que hasta el momento ha dado la humanidad, quien planteó: “cualquier hombre es capaz de tener hijos, pero no cualquiera es capaz de educarlos”. Le dio gran importancia a la tarea de dirigir de la mejor manera posible la educación de los más pequeños, preocupándose por ellos desde su más tierna edad. 

Definió la educación como el proceso de socialización de los individuos; y por ella se aprende conocimiento. En el caso particular de los niños, la formación busca fomentar el proceso de estructuración del pensamiento y de las formas de expresión. Dejó claro que la educación no se limita a la niñez y la juventud, sino que esta debe estar presente a lo largo de la vida, es decir, desde la cuna hasta la tumba. Insistía en la educción igualitaria tanto para los niños como para las niñas.

Eso lo planteó unos 2.500 años atrás, y hoy, en el siglo del conocimiento, todavía se presenta la discriminación de las mujeres desde la niñez hasta la adultez. El asunto es peor en países como Afganistán. 

El referido filósofo también recomendó que la enseñanza, desde los 3 hasta los 6 años, se hiciese mediante el juego, evitando, en lo posible, la humillación que, al igual que los castigos a los esclavos, no creaban más que deseos de venganza. Consciente de que la educación debería iniciar a una edad muy temprana, fijaba su atención en fábulas y relatos que servían para entretener y distraer a los alumnos. Sería la primera forma de conocimiento que recibían. Él establece una serie de normas que deben respetar los poetas para construir sus leyendas y fábulas impregnadas de valores morales y modelos de conducta. 

Priorizar la inversión en la primera infancia

El Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento, Buenos Aires, Argentina, es una organización sin fines de lucro que concentra sus esfuerzos en analizar y promover políticas públicas que fomenten la equidad y el crecimiento. En su página web Nexos, blog de política educativa, publicó el 11 de agosto del 2011 el artículo titulado: “El premio Nobel que defiende a la primera infancia”, en el que resalta los aportes de James Heckman, en particular los planteamientos de su libro “Escuela, capacidades y sinapsis”, en el que resalta los factores asociados al aprendizaje. 

Se afirma en el blog: “el contexto de vida familiar y el nivel socioeconómico son determinantes de más del 50 % de los resultados de aprendizaje. Pero el autor hace un punto muy explícito, medido a partir de rigurosos métodos econométricos en torno de al menos cuatro evidencias muy significativas”. Por la importancia del tema se presentan las evidencias tal como está en el mencionado sitio en internet. 

1- Las diferencias no son genéticas, sino socioambientales. Experimentos que han creado condiciones más adecuadas de crianza de los niños en zonas desfavorables han demostrado enormes efectos en contra del determinismo genético. 

2- Los factores no cognitivos son tan importantes como los cognitivos. Las pruebas de aprendizaje y los test tradicionales han ignorado esta evidencia y conducen a miradas sesgadas sobre las capacidades y tipos de aprendizaje. Es necesario ampliar el ángulo visual y reconocer la multiplicidad de habilidades para desarrollarse, no subsumirlas en un recorte muy específico de habilidades meramente cognitivas. 

3- La evidencia es abrumadora en tormo del beneficio a largo plazo de la inversión en la primera infancia a través de programas de asistencia integral y educativa del desarrollo de los niños y las niñas. A diferencia de cualquier otra intervención de política pública, no tiene ningún “trade-off” (intercambio) entre la equidad y la eficiencia. La inversión educativa en la primera infancia es preventiva y genera las más altas tasas de retorno frente a cualquier otra inversión social.   

4- Una conclusión interesante que señalan sus estudios econométricos, es que las intervenciones educativas en primera infancia son las que mayor impacto tienen sobre el desarrollo cognitivo de los alumnos, mientras las intervenciones durante la adolescencia tienden a generar mayores efectos en las habilidades no cognitivas, como la personalidad, la salud, la perseverancia, la aceptación de riesgos, la autoestima, la conciencia política y la motivación en general. James Heckman ha insistido en que la inversión en educación de la primera infancia es la mejor en términos económicos, y también para disminuir las diferencias debidas al nacimiento.

El aprendizaje comienza en la infancia

Siguiendo con el Nobel de economía 2000, se tomarán algunos puntos que plantea, junto con Henry Schultz, profesor emérito de economía de la Universidad de Chicago, EE.UU. en el artículo: “El aprendizaje comienza en la primera infancia”, publicado en febrero 2007. Ellos afirman: “el aprendizaje comienza en la infancia, mucho antes de que empiece la educación formal, y continúa durante toda la vida. El aprendizaje temprano engendra el aprendizaje posterior y el éxito temprano genera el éxito posterior, tal como el fracaso temprano genera el fracaso posterior”.

En criterio de ellos, “el éxito o el fracaso en esta etapa sientan las bases para el éxito o el fracaso en la escuela, lo que a su vez conduce al éxito o al fracaso en la enseñanza postescolar. Estudios recientes sobre la inversión en la primera infancia han mostrado notable éxito, e indican que los primeros años son importantes para el aprendizaje temprano. Además, las intervenciones de alta calidad en la primera infancia tienen efectos duraderos en el aprendizaje y la motivación. Como sociedad, no podemos permitirnos postergar la inversión en los niños hasta que sean adultos, ni podemos esperar hasta que lleguen a la edad escolar, etapa en que puede ser demasiado tarde para intervenir”.

Ambos son enfáticos cuando dicen: “sin embargo, las políticas actuales con respecto a la educación y la capacidad laboral se basan en concepciones fundamentalmente erróneas sobre la forma en que se producen las habilidades socialmente útiles en las personas. Al centrarse en las habilidades cognitivas tales como las que se miden según los logros obtenidos en los test de CI (coeficiente intelectual), excluyen la importancia fundamental de las habilidades sociales, la autodisciplina y un sinnúmero de habilidades no cognitivas que se sabe, determinan el éxito en la vida”. 

Consideran que “otro error habitual en el análisis de las políticas de capital humano consiste en asumir que las habilidades se fijan a edades muy tempranas. Esta concepción estática de la habilidad se contradice con un amplio conjunto de investigaciones contenidas en la literatura sobre el desarrollo infantil. Más específicamente, las investigaciones han demostrado que, en los primeros años de vida, las habilidades básicas pueden ser alteradas. Una visión más apropiada de la habilidad (o más bien de las habilidades), implican que éstas se desarrollan en una variedad de contextos y que las habilidades tempranas generan aprendizajes en el futuro”. 

El Nobel y Schultz son conscientes de que en estos tiempos los presupuestos gubernamentales son limitados, entonces la cuestión radica en cómo usar sabiamente los fondos disponibles, por lo que recomiendan: “la mejor evidencia apoya la siguiente proposición de políticas públicas: inviertan en los más pequeños e incrementen la enseñanza básica y las habilidades de socialización”.    



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