Ciencia y Tecnologí­a / ABRIL 03 DE 2021 / 8 meses antes

“No enmudezca ante las injusticias” (I parte)

Autor : Diego Arias Serna

“No enmudezca ante las injusticias” (I parte)

Frente a tantos enormes, tristes e impactantes contraste sociales, ¿cómo es posible que gobernantes, políticos y personas adineradas, sean capaces de dormir tranquilos? 

“Tenemos que rediseñar la economía para que ofrezca a todas las personas una vida digna, a la vez que proteja y regenere la naturaleza”: Jorge Mario Bergoglio.

El Papa número 266 de la iglesia católica fue elegido en marzo del 2013, con 77 años. Cuando el cónclave dio el veredicto de quien sería el jefe de Estado de la Ciudad del Vaticano, fue una sorpresa porque era la primera vez que un sacerdote jesuita, además latinoamericano, se constituía en el guía espiritual de unos 1.200 millones de creyentes. Jorge Mario Bergoglio se convirtió en el Papa Francisco, y desde ese momento ha afrontado múltiples dificultades, como la de la pandemia, y para quien –ahora con sus 84 años- no ha sido obstáculo para defender a los inermes. 

Esta Semana Mayor es propicia para recordar lo que Francisco siente y piensa. Para ello, me guiaré con su libro: ‘Soñemos juntos. El camino a un mundo mejor’, publicado en lengua español en diciembre de 2020. El texto tiene tres secciones: Tiempo para ver. Tiempo para elegir. Tiempo para actuar. El libro también incluye una posdata de Austen Ivereigh, periodista, escritor y profesor de historia contemporánea de la universidad de Oxford, quien en 2015 publicó una biografía del Papa. 

‘Soñemos juntos’ es una obra inspiradora que invita a reflexionar acerca de esta crisis asociada a la Covid-19. Allí pone de relieve la crueldad y la desigualdad que nos rodea, que no es nueva, pero que la pandemia agudizó y cuestiona a quienes desde la comodidad han vivido en la opulencia, el desperdicio y la contaminación de un planeta cada vez más enfermo. Para resaltar algunas de sus afirmaciones, lo haré en sendos artículos dominicales. 

Antes de entrar en materia, deseo destacar su desafío al visitar a Irak este año; pueblo atormentado tanto por sectores fanáticos musulmanes, como por gobernantes de países de occidente, quienes, creyéndose poseedores de una única verdad en asuntos políticos y religiosos, han generado violencia, abusado de los derechos humanos, obligado al desplazamiento y al naufragio y muerte de miles de personas en el inocente mar Mediterráneo. 

Fue todo un desafío 

En sus ocho años de pontificado -en asuntos de viajes- se ha diferenciado de sus antecesores, porque ha tenido como destino no los grandes centros católicos del mundo, como son Europa, Suramérica y regiones Africanas, sino que ha viajado allí donde los católicos son minoría, tales como Tailandia, Emiratos Árabes Unidos, Japón, Corea del Sur, y finalmente Irak, en cuya región de Ur, antigua Mesopotamia, se cree que nació Abraham, considerado el padre de las tres principales religiones monoteístas: el cristianismo, el islam y el judaísmo.   

En su visita de tres días, el 7 de marzo se reunió con el ayatolá Ali Al Sistani, principal líder religioso chiita, y seguramente hablaron de la situación de la minoría cristiana que está al borde de la extinción en Irak, debido a la persecución de grupos radicales, tal como el autodenominado Estado Islámico. Pero el ataque a esa minoría viene desde la invasión de EE.UU. en 2003. Hasta 2019 la comunidad cristiana iraquí se redujo en un 83 %, pasando de 1.5 millones de cristianos a solamente 250.000. Se estima que un millón huyó a EE.UU. y Europa. 

Durante el encuentro, el Papa agradeció al importante ayatolá que “levantase la voz en defensa de los más débiles y perseguidos, afirmando que lo sagrado es lo que se debe resaltar de la unidad del pueblo iraquí”. Asimismo, subrayó “la importancia de la colaboración y amistad entre las comunidades religiosas para que, cultivando con respeto recíproco el diálogo, se pueda contribuir al bien de Irak, de la región y de toda comunidad”. Exponiéndose a los peligros por el fanatismo y la Covid-19, Francisco hizo el viaje motivado por considerarse el pastor de las personas que sufren. 

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Otro ‘virus’, el del Vaticano 

Desde que inició el ejercicio sacerdotal, siempre ha estado del lado de los más desfavorecidos y en contra de las injusticias que hay en todas partes, sumado a lo que pasa en la sede papal, que -como ente dirigido por humanos- no está exenta de errores y barbaridades. Por eso, Gianluigi Nuzzi en su texto ‘Vía crucis’, publicado en diciembre de 2015, envía al Vaticano a la ‘cárcel’, por la lujosa vida de los cardenales, los robos, las estafas, los escándalos sexuales y las intrigas que buscan sabotear las transformaciones que pretende Francisco, para salvar una iglesia decadente.  

Retomando el propósito de este artículo, como es el de resaltar apartes del texto ‘Soñemos juntos’, empecemos por el prólogo, en el cual él expresa que la crisis de la Covid-19 parece única porque afecta a la mayoría de la humanidad y es especial solo por su visibilidad. Existen miles de otras crisis igual de terribles, pero son tan lejanas a algunos de nosotros, que actuamos como si no existieran. Pensemos, por ejemplo, en las distintas guerras, la producción y el tráfico de armas, en los cientos de miles de refugiados que huyen de la pobreza, el hambre y la falta de oportunidades, en el cambio climático, etc. 

A su juicio, estas tragedias nos pueden resultar lejanas, noticias pasajeras que, tristemente, no logran movilizar nuestras agendas y prioridades. Pero, él afirma que al igual que la crisis por la Covid-19, afectan a toda la humanidad. Mirá solamente los números, lo que un país gasta en armas, y te quedas helado. Luego comprará esas cifras con las estadísticas de Unicef sobre cuántos chicos no tienen acceso a la educación y se van a dormir con hambre, y te das cuenta de quién paga el precio por el gasto en armas. 

Añade: “En los primeros meses de este año murieron 3.7 millones de personas a causa del hambre. ¿Y cuántos más han muerto a raíz de la guerra? El gasto en armas destruye la humanidad. Es un ‘coronavirus’ gravísimo, pero como sus víctimas son invisibles, no hablamos de eso. Para algunos, igualmente escondida está la destrucción de la naturaleza. Pensábamos que no nos afectaba porque sucedía en otro lado. Pero de repente lo vemos, lo entendemos: un barco cruza el Polo Norte, y caemos en la cuenta de que las inundaciones y los incendios forestales, que parecían tan remotos, son parte de la misma crisis que nos afecta a todos”. 

Tiempo para ver 

En la primera parte, ‘Tiempo para ver’, el Papa expresa: “Una de las esperanzas que tengo, como consecuencia de esta crisis que estamos viviendo, es que volvamos a tomar contacto con la realidad. Necesitamos pasar de lo virtual a lo real, de los abstracto a lo concreto, de la cultura del adjetivo al sustantivo. Hay tantos hermanos y hermanas de “carne y hueso” gente con rostro, despojados de manera que no podemos ver ni reconocer por estar demasiado centrado en nosotros mismos. Pero ahora algunas de estas vendas se cayeron y tenemos oportunidad de ver con ojos nuevos”. 

También manifiesta que la crisis puso al descubierto la cultura del descarte. Las exigencias sanitarias del Covid visualizaron la cantidad de hermanos que no tenían una vivienda donde pasar el distanciamiento social obligatorio ni agua limpia con la que higienizarse. Pensá en tantas familias que viven hacinadas en nuestras ciudades, en barrios pobres de tantos lugares en el mundo. Pensá en los centros de retención de migrantes y en los campos de refugiados, donde la gente puede pasar años hacinada sin ser acogida en ningún lugar. 

Luego anota: “Durante la pandemia, charlando con unos curas villeros les preguntaba: ¿Cómo una familia, en una villa de miseria, va a mantener la distancia necesaria para no contagiarse? ¿Cómo va a poder tomar las medidas higiénicas que se le recomienda cuando no tiene agua potable para hacerlo? La crisis deja en evidencia estas injusticias. ¿Y nosotros qué vamos a hacer al respecto? Mirá las estadísticas de las Naciones Unidas sobre los chicos sin educación en África, los chicos que se mueren de hambre en Yemen y muchas otras situaciones trágicas”. 

Francisco no solo “nos pone a ver” la desgracia y la pobreza de mucha gente, además, llama la atención sobre los medios de comunicación, afirmando que tienen su patología: desinformación, difamación y una fascinación por el escándalo y lo sucio. Algunos medios están atrapados en la cultura de la posverdad, donde los hechos importan mucho menos que su impacto, y usan las narrativas como armas de poder. 

Amplía: “Los medios más corruptos son aquellos que buscan complacer a su audiencia, tergiversando los hechos para que se ajusten a sus prejuicios y temores”. Más adelante reflexiona: “Durante mucho tiempo hemos pensado que podíamos estar sanos en un mundo enfermo. Pero la crisis nos ha hecho caer en la cuenta de lo importante que es trabajar por un mundo sano”. Precisamente, ayer fue El Día del Planeta, que también está en crisis. Y Armenia, sí que está enferma. Hace poco un habitante de calle amaneció muerto en un andén. Todo parece indicar que fue de frío, mientras que otros son asesinados.             


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