Ciencia y Tecnologí­a / MAYO 01 DE 2021 / 1 mes antes

Trabajo infantil, un problema mayor

Autor : Diego Arias Serna

Trabajo infantil, un problema mayor

Lo único que deberían llevar en su cabeza millones de niños, y niñas como estas, es la esperanza de un futuro mejor y no el peso enorme de la pobreza extrema.

Como decía la madre Teresa de Calcuta, los niños son como las estrellas, nunca hay suficientes. Y es que ellos sin duda son lo más importante de una sociedad, ya que representan el futuro. 

En un mundo descontrolado por la pandemia, es obvio que mucha gente se está quedando sin empleo, pero es pertinente aclarar que tal situación no ha sido un problema solo por la presencia de la Covid-19. La sociedad siempre lo ha sentido, y este ha variado de un país a otro o de unos años a otros, agudizándose en las últimas décadas por el desarrollo de la tecnología, que ha desplazado y sigue lanzando a la calle mano de obra. Además, este fenómeno se genera porque las empresas buscan tener el menor número de trabajadores. 

Es decir, el problema se origina por varios factores, que incluye a los ya citados y otros como la falta de preparación de quien busca empleo, políticas gubernamentales y la ambición del empresario que sacrifica puestos de trabajo para maximizar sus ganancias. También hay que agregar la edad y falta de experiencia, que —para las empresas y entidades del Estado— se vuelve una paradoja: si es joven, no la tiene; y si la tiene, ya se es viejo. 

El desempleo también genera una pregunta: ¿Si entre quienes tiene la edad que exige la ley para vincularse a la vida laboral hay desocupación, por qué hay menores que trabajan? El número no es pequeño, además, desarrollando actividades peligrosas. A esta altura de la exposición hay que aclarar que se dan casos en los que no debería tener reparo que menores hagan algunas labores, como los que viven en el campo, o en la ciudad, siempre y cuando no los pongan en riesgo y no los alejen de la escuela. 

Como del Día del Trabajo, muchos medios informativos se ocupan, en esta ocasión se aludirá, de manera breve, al hecho de que el 28 de abril fue el Día Mundial de la Seguridad y la Salud en el Trabajo, asuntos que generan múltiples problemas tanto al empleado como a las empresas, y que el año pasado y este se han agudizado por la Covid-19. Como el menor trabajador es otra pandemia —sin ser culpa de ellos— entonces, esta entrega se dedicará en buena parte a plantear este problema. 

Más trabajo, menos personal

El director general de la Organización Internacional del Trabajo, OIT, Guv Ryder, con motivo de la conmemoración de este 28 de abril, manifestó: “La seguridad y la salud en el lugar de trabajo se han visto enormemente afectadas por la pandemia de la Covid-19. Un entorno de seguridad y salud en el trabajo fuerte y resistente es vital para la recuperación y la prevención de la crisis”. Asimismo, en la página web de la ONU, se resaltó esta celebración planteando varios asuntos.  

Entre otras cosas, declaró: “La reorientación hacia nuevas modalidades de trabajo, como la generalización del teletrabajo, ha ofrecido muchas oportunidades a los trabajadores, pero también ha planteado riesgos potenciales para la Seguridad y la Salud en el Trabajo, en particular riesgos sicosociales y de violencia”. 

Agregó: “El 28 de abril es también el día en el que el movimiento sindical mundial celebra su Jornada Internacional de Conmemoración de los Trabajadores Fallecidos y Lesionados, para así honrar la memoria de las víctimas de accidentes de trabajo y enfermedades profesionales, y se organizan con este motivo movilizaciones y campañas en todo el mundo”.

Allí no quedan por fuera los riesgos emergentes en el trabajo y sobre ello manifestó: “Los riesgos de trabajos nuevos y emergentes pueden ser provocados por la innovación técnica o por el cambio social u organizativo, por ejemplo: nuevas tecnologías y procesos de producción, como la nanotecnología o la biotecnología. Nuevas condiciones de trabajo, citando unas pocas: mayores cargas de trabajo, intensificación del trabajo a raíz de los recortes de plantilla, malas condiciones asociadas con la migración por motivos de trabajo, y los que hay en la economía informal. Nuevas formas de empleo, por ejemplo, el empleo independiente, la subcontratación o los contratos temporales”.

La revista The Lancet Public Health, de noviembre pasado, resaltó la importancia de prestar una mayor atención hacia las posibles consecuencias que el desempleo de los padres puede tener sobre la salud mental de la niñez y los adolescentes. Según la publicación, la ausencia de empleo, por sí misma, no tiene por qué representar un problema para las familias, pero cuando se combina con un estado que no da bienestar y poco apoya a las familias, la situación puede traducirse rápidamente en tasas elevadas de malestar, con implicaciones directas para el desarrollo infantil, otra de las muchas consecuencias de la Covid-19. 

No más trabajo infantil

Por otra parte, la asamblea general de las Naciones Unidas instó a la comunidad internacional a emprender acciones que erradiquen tanto el trabajo forzoso como el infantil, y declaró 2021 como el Año Internacional para la Eliminación del Trabajo Infantil. En julio de 2019, la ONU emitió la resolución que ratificó el compromiso de los estados miembros de “adoptar medidas inmediatas y eficaces para erradicar el trabajo forzoso, poner fin a las formas contemporáneas de esclavitud y la trata de personas y asegurar la prohibición y eliminación de las peores formas de trabajo infantil, incluidos el reclutamiento y la utilización de niños soldados, y, de aquí a 2025, poner fin al trabajo infantil en todas sus formas”. 

 

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La iniciativa de la ONU comenzó cuando la OIT, desde 1919, empezó a abogar por la abolición del trabajo infantil; uno de los primeros Convenios que adoptó en ese año, fue aquel por el que se regulaba la edad mínima en la industria . Después de muchas campañas de promoción del convenio y de lograr medidas legislativas, apenas en este siglo se logró una reducción sustancial de este flagelo. Entre 2000 y 2016 se redujo en un 38% la población de menores en el mundo vinculados al trabajo. 

Como expresó Beate Andrees, jefe del Servicio de Principios y Derechos Fundamentales en el Trabajo: “En los dos últimos decenios, la lucha contra el trabajo infantil ha cobrado un impulso extraordinario”, pero añade: “Sin embargo, a nivel mundial sigue habiendo 152 millones de niños inmersos en el trabajo infantil. Es evidente que tenemos que intensificar más las actuaciones, y la decisión de la Asamblea General de declarar 2021 el Año Internacional para la Erradicación del Trabajo Infantil será de gran utilidad para centrar la atención en los millones de niñas y varones que aún trabajan en el campo, las minas y las fábricas”.

Las estimaciones de la OIT  indicaban que en 2016 unos 152 millones de menores de entre 5 y 17 años se encontraban en tal situación; casi la mitad, esto es, 73 millones, realizaban trabajos peligrosos, lo cual es más prevalente entre los 15 y 17 años. Sin embargo, la cuarta parte, es decir,19 millones, son menores de 12 años. Casi la mitad (el 48 %) de las víctimas de trabajo infantil tienen entre 5 y 11 años; el 28 % entre 12 y 14 años, y el 24 por ciento, entre 15 y 17 años.

A juicio de esa misma organización, esta problemática se concentra sobre todo en la agricultura (el 71 %), que abarcaba la pesca, la silvicultura, la cría de ganado y la acuicultura. El 17 % en los servicios y el 12 por ciento en el sector industrial, incluida la minería. El objetivo de la ONU en el 2019, que era erradicar tanto el trabajo forzoso como el infantil y de esta manera poner fin a ese flagelo en todas sus formas antes de 2025, está muy incierto.  




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