Ciencia y Tecnologí­a / JULIO 04 DE 2021 / 2 meses antes

Urge la cooperación y la solidaridad

Autor : Diego Arias Serna

Urge la cooperación y la solidaridad

Las familias que han vivido los principios y valores de la economía solidaria, impactarán positivamente a las nuevas generaciones, pues crecerán convencidas de que “la unión hace la fuerza”. 

Las cooperativas tienen su origen y desarrollo en los sectores populares. De la industria fabril, de los hombres y mujeres del campo, emergió la necesidad de organizarse en asociaciones que mejoraran sus economías familiares.

La Real Academia Española de la Lengua, define cooperación como “obrar juntamente con otro u otros para la consecución de un fin común”. Asimismo, la misma academia define solidaridad así: “Adhesión circunstancial a la causa o a la empresa de otros”. Son dos palabras que proyectan valores muy importantes para el buen funcionamiento de una sociedad. Aunque parecen vocablos muy diferentes, se les puede considerar como “hermanas gemelas” que se refuerzan para el bien común. 

  Por otra parte, la ONU fijó el primer sábado de julio como “El Día Internacional de las Cooperativas”, y en su página web dice: “Las cooperativas de todo el mundo mostrarán cómo están afrontando la crisis provocada por la pandemia de la Covid-19 con solidaridad y resiliencia, ofreciendo a las comunidades una recuperación centrada en las personas y respetuosa con el medio ambiente”. El tema de esta conmemoración fue: “Reconstruir mejor juntos”. 

  Por eso, el pasado 3 de julio la ONU reconoció a la importancia de las cooperativas que se destacan en varias actividades: salud, agricultura, producción, comercio minorista, finanzas, vivienda, trabajo, educación, servicios sociales; y como dice también la página web de la organización: “las cooperativas se destacan además, en muchos otros ámbitos en los que participan más de mil millones de miembros cooperativos en todo el mundo, quienes han demostrado que nadie tiene por qué enfrentarse solo a una crisis como la pandemia actual”. 

Agrega también que estos momentos será la ocasión ideal para demostrar que los modelos de negocios centrados en las personas, basados en los valores cooperativos de autoayuda y solidaridad y en los valores éticos de responsabilidad social y sentimiento de comunidad, permiten reducir las desigualdades, crear prosperidad común y responder a los estragos inmediatos que está causando la Covid-19. Hay que destacar, asimismo, la importancia de la cooperación y la solidaridad en la investigación científica y tecnológica. Fue esa unión de todos los científicos del mundo, sin importar el país, la que permitió la obtención de varias vacunas para el virus que ha acorralado al planeta. 

Contribución equitativa y control democrático 

  La historia de las cooperativas y los valores que allí se aplican, aunque no en todas, es un buen ejemplo que los gobiernos deberían imitar. Los primeros registros que se conocen proceden de Escocia de 1761. Pero es solo en 1844 cuando un grupo de 28 artesanos que trabajaban en las fábricas de algodón ubicadas al norte de Inglaterra, establecieron la primera empresa cooperativa moderna. Estas nuevas formas de organización se reconocieron como asociaciones y empresas a través de las cuales las personas podían mejorar sus vidas y, además, contribuir al avance económico, social, cultural y político de las comunidades y el país. 

  Como también aparece en la página web de la ONU, “el modelo de afiliación abierta de las cooperativas permite el acceso a la creación de riqueza y la eliminación de la pobreza. Esto resulta del principio cooperativo de la participación económica de los miembros: “Los miembros contribuyen equitativamente y controlan democráticamente el capital de su cooperativa”. Debido a que las cooperativas están centradas en las personas, no en el capital, no perpetúan ni aceleran la concentración de capital y distribuyen la riqueza de una manera más justa”. 

  Y continúa: “Las cooperativas también fomentan la igualdad externa. Como están basadas en la comunidad, están comprometidas con el desarrollo sostenible de sus colectividades, ambiental, social y económicamente. Este compromiso se puede ver en su apoyo a las actividades comunitarias, facilitando que la producción quede allí misma, para beneficiar a la economía local “. Pero el enfoque en la comunidad local no debe negar que también se beneficie a todas las personas del mundo. La globalización debe regirse por un conjunto de valores como los del movimiento cooperativo; de lo contrario, la desigualdad y los excesos crearían sociedades insostenibles. 

El movimiento cooperativista es muy democrático, localmente autónomo pero integrado internacionalmente y una forma de organización de asociaciones y empresas por la cual los ciudadanos cuentan con la autoayuda y su propia responsabilidad para alcanzar objetivos no solo económicos sino también sociales y ambientales, como la superación de la pobreza, la obtención de empleo productivo y el fomento de la integración social. 

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Un 12 % son cooperativistas 

  Internacionalmente las cooperativas están integradas por la Alianza Cooperativa Internacional, ACI, que une, representa y sirve a las cooperativas en todo el mundo. Fundada en 1895, es una de las organizaciones no gubernamentales más antiguas y más grandes, según el número de personas representadas: 1000 millones de miembros cooperativos en todo el mundo. Un total de 318 organizaciones de 112 países son miembros de la ACI. 

  La ACI trabaja con los gobiernos y organizaciones, tanto a nivel internacional como regional, para crear los marcos legales que permitan que las cooperativas se formen y crezcan. El personal de la ACI y de sus organismos regionales y sectoriales, se encuentran distribuidos a lo largo y ancho del planeta. Más del 12% de la población mundial es cooperativista e integra alguna de los 3 millones que existen. Las 300 cooperativas y mutuales más grandes generan un volumen de negocio de casi 2.035 billones de dólares. 

  Ellas emplean a 280 millones de personas (10 % de la población activa mundial). Por otro lado, como ya se dijo, debido a que están centradas en las personas, no en el capital, se garantiza que este no se perpetúe ni acelere su concentración; además, se pueda distribuir la riqueza de una manera más equitativa. De lo dicho se puede inferir que deberían ‘contagiar’ a las empresas capitalistas a ver si se equilibra tanta desigualdad social. 

  Infortunadamente, ha sucedido lo contrario, y ha sido la dinámica del capitalismo la que ha afectado a varias cooperativas. Algo peor, la corrupción que afecta a los gobiernos y a las empresas privadas, como un virus, ha contaminado a sectores del cooperativismo. El fenómeno corrupto también ha afectado al otro sector del apoyo mutuo que presta beneficios a sus asociados, como son los fondos de empleados. Así que todas las cooperativas y fondos de empleados, deben hacer muchas actividades educativas contra la corrupción y elevar la vigilancia contra este flagelo. 

Una alternativa a la desigualdad 

El 3 de octubre de 2019, en la VI Convención de la Federación Colombiana de Cooperativas de Ahorro y Crédito, Fecolfín, el investigador y docente Jairo Orlando Villabona presentó el libro El Cooperativismo en Colombia. En esa ocasión reveló cifras sustentando que el sector cooperativo sería una alternativa para combatir la concentración de la riqueza en el país. La investigación, asimismo, enfatizó que en tan solo 42 personas se concentra la misma riqueza que la mitad más pobre de la humanidad. 

  La cifra desnuda a un sistema económico-político que cada día encuentra camino para agrandar las brechas sociales. Villabona planteó y sustentó que el cooperativismo puede ser el puente para salir de esa ominosa situación; y reabre el debate de la importancia del cooperativismo para el siglo XXI. Afirmó también que las cooperativas y su modelo económico son el desarrollo alternativo para generar nuevos escenarios económicos y sociales donde la vida individual y colectiva de la sociedad colombiana puedan reproducirse en términos de equidad. 

  Además de ilustrar el profundo fraccionamiento del tejido social y el hundimiento económico de las clases medias y bajas, Villabona educa al lector acerca de cómo el cooperativismo está emergiendo y representa una alternativa de orden social y económico, frente a la difícil situación actual, pues este sector es un eje para la construcción de una nueva sociedad basada en una auténtica democracia y una real economía ética, en contraste con lo que develó el paro nacional, que cumplió dos meses: la inequidad reflejada en la baja calidad de la educación para la mayoría de la población, el pésimo servicio médico, los bajos salarios, etc., mientras la burocracia estatal se apropia de los impuestos. 
 



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