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Ciencia / SEPTIEMBRE 03 DE 2023 / 7 meses antes

Cuerpo humano y océanos, depósitos del plástico

Autor : Diego Arias Serna

Cuerpo humano y océanos, depósitos del plástico

Los padres de familia deben observar muy bien con qué están preparando los teteros de los bebés, pues esta sociedad de consumo confunde comida con infinidad de porquerías. 

“Es complicado evitar esta omnipresente sustancia ligera (bisfenol A), resistente, coloreable y muy rentable para la industria”: Pablo Linde. 
 

El plástico, como un ‘dios’, se volvió omnipresente. Además de estar ‘ahogando’ océanos y lagos, está contaminando la agricultura, y lo peor, hace parte de la cadena alimenticia. Asimismo, está en el aire que respiramos. Por eso, en la página web Noticias ONU, en vísperas del 5 de junio Día Mundial del Medio Ambiente, se publicó el siguiente titular: Un “maremoto tóxico” de plásticos amenaza los derechos humanos. Informó que cada año se generan 400 millones de toneladas de dichos residuos y el 85% de ellos - de un solo uso - terminan en vertederos o contaminado ríos, mares y paisajes. 

Igualmente, la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (Efsa), estima que una ración de mejillones de 225 gramos podría contener hasta siete microgramos de microplásticos. Y no solo en animales marinos, también se han encontrado en la sal de mesa, la miel, la cerveza y hasta en el agua de beber, la del grifo y la embotellada. También flotan en la atmósfera. 

Otra entidad preocupada por el planeta es el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF), organización no gubernamental fundada en 1961, cuya sede internacional está ubicada en Suiza. Su misión es detener la degradación del ambiente natural de la Tierra y construir un futuro en el que vivamos en armonía con ella. La WWF solicitó a la Universidad de Newcastle, Australia, un estudio sobre la contaminación con dicho elemento, el cual fue elaborado por Dalberg Global Development Advisor (Asesor de Desarrollo Global de Dalberg), firma de consultoría de estrategia y políticas. 

El estudio lo rotularon “Naturaleza sin plástico: evaluación de la ingestión humana de plásticos presentes en la naturaleza”, y sugiere que las personas están consumiendo alrededor de 2.000 pequeñas piezas de este elemento cada semana; lo que equivale a unos 21 gramos al mes. Las repercusiones sobre la salud es motivo de controversia. A propósito, el periódico El País de España, publicó el pasado 27 de agosto el artículo de Pablo Linde titulado: “El plástico que ingerimos está muy por encima de los valores seguros”. Allí se señala el efecto que tiene sobre los bebés el uso del tetero, y ese es el tema de hoy. 

Bisfenol, un alterador endocrino 

Pablo Linde es periodista y escribe en el citado medio sobre salud y sanidad. En esta ocasión, su artículo, ya anunciado, conecta la relación del plástico y efectos sobre el cuerpo. Un concepto que presenta es sobre las patologías del sistema endocrino. Esto dice Google: “El sistema endocrino está formado por glándulas que fabrican hormonas. Las hormonas son los mensajeros químicos del organismo. Transportan información e instrucciones de un conjunto de células a otro. El sistema endocrino influye en casi todas las células, órganos y funciones de nuestros cuerpos”. 

Cada vez que come o bebe un producto envasado, es muy probable que esté ingiriendo cantidades microscópicas de bisfenol A (BPA), un plástico muy usado por la industria alimentaria. Es lo que se conoce como un disruptor endocrino, una sustancia que tiene la capacidad de alterar el correcto funcionamiento del organismo. Hasta este mismo año, la Epsa sostenía que estas trazas entraban dentro de los límites de lo que se consideraba seguro. 

 Pero una revisión que publicó en abril da la vuelta a la situación: establece unos umbrales 20.000 veces inferior, y ahora prácticamente cualquier ingesta - por ínfima que sea- está considerada “un riesgo para la salud”. Ante esta contundente información, es la Comisión Europea la que tiene que mover ficha, pues está planeando prohibir el BPA en todos los envases en contacto con alimentos, pero ante eso habrá que encontrar alternativas seguras. En el pasado tomó cartas en el asunto: en 2011 lo vetó en biberones y de alimentos y bebidas destinados a menores de tres años, porque son los niños y las mujeres embarazadas los más sensibles a esta sustancia. 

 Sobre el fenómeno surgen preguntas: ¿Cómo influye en la salud? ¿Qué alimentos están más contaminados? ¿Qué alternativas hay a este plástico? ¿Qué debería hacer la ciudadanía ante esta situación? ¿Qué plazos maneja la Comisión Europea para prohibir el bisfenol? No todas tienen una respuesta clara, pero lo que sigue trata de contestarlas. El nuevo informe de seguridad de la Epsa, está motivado por la revisión de más de 800 estudios que se han publicado a lo largo de los años. 

Como los ratones son los “conejillos de indias”, se han hecho pruebas con ellos, por eso expresa Linde: algunos de ellos mostraban que estas pequeñas cantidades de BPA producen un incremento de un tipo de glóbulo blanco denominado T helper en el bazo de ratones, que se emplean para evaluar los riesgos alimentarios y de otras sustancias. Estas células desempeñan un papel esencial en los mecanismos inmunitarios y, según el organismo, un incremento de este tipo podría dar lugar al desarrollo de inflación pulmonar alérgica y a trastornos autoinmunes. 

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Alteración de la expresión genética 

La comisión técnica también tuvo en cuenta otros efectos potencialmente nocivos para la salud en los sistemas reproductivos, de desarrollo y metabólico que se detectaron en la evaluación del peligro. Este tipo de riesgo no son inmediatos ni se traducen necesariamente en el desarrollo de enfermedades. Sin embargo, una exposición continua al bisfenol incrementa el riesgo de desarrollarlas, sin que esté cuantificado exactamente en qué medida

A pesar de esta incertidumbre, el documento advierte de los peligros y pide su retirada, ya que “la población general de todos los grupos de edad está expuesta a niveles que exceden en dos o tres órdenes de magnitud la ingesta diaria tolerable”. Por su parte, José Manuel López Nicolas, profesor de bioquímica y biología molecular de la Universidad de Murcia, España, reconoce que es una revisión “contundente e inusual”: “nunca se había reducido en 20.000 veces la ingesta diaria tolerable”. 

 Recuerda que otros organismos como la Agencia Europea del Medicamentos y el Instituto Federal Alemán de Evaluación del Riesgo, con la misma evidencia sobre la mesa, han llegado a conclusiones distintas y no consideran que se puedan extrapolar de forma directa los resultados de los ratones a los humanos. “Dicho esto, sería un error ignorar la evaluación de la Epsa. La Comisión Europea debe hacer caso de la nueva recomendación y revisar la presencia del BPA (de los envases alimentarios)”, prosigue López Nicolas, quien, sin embargo, no considera alarmante la ingesta actual. 

Es una opinión distinta a la de Ángel Nadal, profesor de fisiología de la Universidad Miguel Hernández de Elche, España. Reconoce que hoy por hoy es casi imposible evitar el consumo excesivo de BPA, pero sí recomienda limitar la ingesta de alimentos que estén envasados con este producto. Los disruptores endocrinos alteran la expresión de los genes y en esta fase se produce la mayor expresión genética”, señala Nadal. 

¿Imposible reemplazar el plástico? 

Pablo Linde termina expresando: como reconoce uno de los autores de la revisión de la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria, que prefiere no identificarse, es probable que, si otros plásticos se someten a revisiones y estudios tan rigurosos como los que se han llevado a cabo con el bisfenol, aparecerán probablemente, en mayor o menor medida. Renunciar al plástico por otro tipo de envases, como podría ser el vidrio, es hoy por hoy casi imposible por las implicaciones logísticas que esto tiene (es mucho más pesado y difícil de almacenar). 

En un mundo plagado de plásticos, el BPA es uno más de los 40 disruptores endocrinos que afectan a los seres humanos y cuyas consecuencias no están del todo medidas. “Es casi imposible hacer ciertos estudios porque no hay nadie libre de ellos, así que no se pueden hacer grupos de control para comparar poblaciones”, señala Ángel Nadal. No obstante, la previsible retirada del bisfenol supondrá, en opinión del profesor, “una victoria para la salud de los europeos”. Por supuesto que Latinoamérica debe hacer también su tarea, para controlar este problema. 


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