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Ciencia / OCTUBRE 29 DE 2023 / 3 meses antes

Elecciones: ¡qué negociazo!

Autor : Diego Arias Serna

Elecciones: ¡qué negociazo!

¿Cómo ponerle la cara a una situación tan compleja, cuando el votante por obligación o necesidad va prácticamente amarrado a las urnas, doblegado por las mafias del poder? 

“Las repetidas elecciones son esenciales en los sistemas populares, porque nada es tan peligroso como dejar permanecer el poder largo tiempo en un mismo ciudadano”, Simón Bolívar.  

Hoy Colombia elegirá gobernadores, alcaldes, diputados y concejales y miembros de las juntas administradoras locales (JAL). Pareciera que se viviera un día de democracia. Pero es necesario preguntarnos: ¿qué tan limpia es esa disputa entre los candidatos para disputarle el voto al ciudadano? En épocas recientes prácticamente había dos contrincantes representados por el partido liberal y el conservador, con poca presencia de otras fuerzas como las del partido comunista. La polarización fue tal que se cayó en la desgraciada violencia, con un número de entre doscientos y trescientos mil asesinatos.  

Detrás de esa masacre estaba el desplazamiento de campesinos que formaron cordones de miseria en las ciudades. Para superar ese enfrentamiento se creó el Frente Nacional (FN), planteado como la alternancia de los dos partidos en la gobernabilidad del país con cuatro periodos. Aunque ya había corrupción en el poder público, tal vez esa coalición que funcionó durante 16 años sirvió para aumentar la apropiación del erario por parte de los gobernantes. Además, como fue una coalición excluyente, afectó la democracia y originó más violencia. Durante ese periodo, se gestó el M19 cuando el 19 de abril de 1970 le robaron las elecciones a Rojas Pinilla.  

La decadencia de la democracia se agudizó cuando la “bonanza marimbera” empezó a hacer una ‘autopista’ para que el narcotráfico ´circulara´ con más presencia en la vida política; y la violencia en vez de disminuir creciera, con el incremento del desplazamiento campesino y la acumulación de la tierra en pocas manos. Esa participación del narcotráfico en la elección de los gobernantes, diputados y concejales siguió en ascenso con el papel desempeñado con Pablo Escobar - cartel de Medellín - y los hermanos Rodríguez Orejuela – cartel de Cali -, como autores principales, pero la lista de mafiosos es larga.  

 Recordemos a Carlos Lehder y Carlos Alberto Oviedo Alfaro, excongresista asesinado en 2009, como las cuotas quindianas en la participación de este mal. Esa conexión narcotráfico-política se vio contextualizada en este siglo cuando Juan Carlos Martínez Sinisterra, mafioso que llegó a ‘dirigir’ los destinos del Valle del Cauca, en septiembre de 2011 manifestó, como informó Revista Semana, (la otra, no la de Vicky Ávila) que aspiraba elegir cinco gobernadores y 106 alcaldes, sin que el Estado pudiera hacer mucho para impedirlo. Entonces, qué se puede esperar del evento ‘democrático’ de este 29 de octubre de 2023.  

Políticos: desdén por el pueblo  

Empecemos por definir, según la Constitución Política de Colombia, ¿Qué es la democracia? Esta es un sistema político en el que se gobierna bajo el control de la opinión pública, la cual no sólo sirve para enjuiciar la conducta de políticos y gobernantes, sino también, permitiendo que las promesas se vuelvan concretas, reales, es el espacio en el que se construyen el sentido común y la voluntad general. ¿Acaso es la que tenemos en nuestro país?  

Francisco Thoumi (1943) escribió en 2010 para la Revista de Economía de la Universidad del Rosario, facultad de economía, el artículo titulado: “La relación entre corrupción y narcotráfico: un análisis general y algunas referencias a Colombia”. Como resumen explicó: “la relación entre corrupción y el desarrollo de la industria de drogas ilegales y del narcotráfico en un país es circular. La corrupción es simultáneamente causa y efecto de dichos desarrollos. Tanto la corrupción como el narcotráfico muchas veces son resultado de procesos de deslegitimación del régimen político y de deterioro de las instituciones sociales tanto civiles como oficiales y de la falta de capital social y confianza en la sociedad”.  

Analizó que el descrédito de la política supera fronteras, se alejó del ciudadano, de la ley y de la justicia; y la percepción es que a la política se acercan, en su mayoría, ladinos y oportunistas con bajo nivel moral, profesional e intelectual. El narcotráfico se convirtió en el cáncer de la política, está acabando con la democracia y está haciendo implosionar el Estado de Derecho. El narcotráfico dio vida a la narcopolítica y directamente o indirectamente gobierna.  

Las mujeres también se suman a la denuncia de ese estado mafioso que es Colombia. Es el caso de Diana Gómez Navas, que se destaca con el trabajo: “Democracia y narcotráfico en Colombia”, asalto mafioso a la institucionalidad, publicado en Análisis de coyuntura. Ella es investigadora del Instituto para la Pedagogía, la Paz y el Conflicto Urbano de la Universidad Distrital Francisco José de Caldas. En el sumario recuerda: “Colombia ha sido señalada en varias oportunidades como la democracia más antigua de América Latina, pero a la vez como uno de los países más violentos del mundo”.  

En criterio suyo, “estas afirmaciones provocan ciertos resquemores, pero también muchos cuestionamientos sobre el tipo de régimen y cultura política que se ha construido desde los albores de la república. Una de las consecuencias de esta perversa convivencia entre democracia y violencia es el levantamiento de una economía del narcotráfico que finalmente hizo posible la creación de unas estructuras mafiosas con capacidad de imponerse en el mundo de la política”.  

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Microempresas electorales conservan el poder  

Según la mencionada académica, la explosión de partidos y movimientos políticos que empezó en años posteriores al fin del FN y que se reafirmó con la Constitución de 1991, sólo es el reflejo de las llamadas microempresas electorales: entidades surgidas de las mismas clases políticas tradicionales en reacción al descrédito del ejercicio de la representación política, revestidas con nuevos nombres y consignas, ausentes de derroteros programáticos, pero que finalmente les han permitido a unos grupúsculos mantenerse en el poder; en otras palabras, son los mismos y promueven las mismas prácticas. Estos “partidos de segunda”, evidencian el asalto mafioso a la política y a la democracia.     

Gómez Navas, en otra sección de su documento que subtítulo: “Violencia, clientela y corrupción: un escenario para la narcodemocracia” indica que la precariedad de nuestro régimen político le impidió al país dirigirse al escenario donde el Estado se constituye en el actor que arbitra los conflictos, cuya promoción del desarrollo descansa en la erección de un público caracterizado por la realización de los derechos de sus ciudadanos y c as por principios como la igualdad y la inclusión.  

Esta precariedad también fue el resultado de un lento y pobre desarrollo económico nacional y de esas relaciones asimétricas que entre el centro y la periferia hicieron de las regiones lugares aislados y olvidados. Ese aislamiento permitió que el narcotráfico y grupos políticos se apoderaran de esas regiones.  

Democracia: ¿una burla?  

La ausencia de políticas de desarrollo nacional que lograran establecer un modelo económico sostenible y elevara los niveles de vida de la población hacia la satisfacción de sus derechos económicos y sociales, no sólo se manifiesta en la imposibilidad de forjar una industria moderna conectada con el capital internacional, sino en la relación de las urbes con las regiones, la cual puso a estas en desmedro de las primeras, contribuyendo al continuo sometimiento que la región en Colombia ha tenido que enfrentar por el atraso, la pobreza y la violencia.  

Resalta la investigadora que la política tradicional encontró en la periferia el terreno apropiado para obtener prebendas electorales a cambio de “los beneficios del desarrollo”; de esta manera, los dirigentes políticos liberales y conservadores – y ese gran número de grupos políticos – han utilizaron los recursos públicos como mecanismo para garantizar la lealtad electoral de esas regiones. Es decir, quienes han manejado mal la política, usan los recursos del Estado para controlar los votos generalmente de población necesitada. ¿Acaso eso es democracia?  

Vamos a terminar con algunas ideas que propone Estanislao Zuleta (1935-1990) en su ensayo: “Colombia: Violencia, democracia y derechos humanos”. Él expone que “la democracia va en tres direcciones: La una es la posibilidad, la otra es la igualdad, y la otra es la racionalidad. La igualdad debe ser una búsqueda económica y cultural. Es casi una burla para una población decir que todos son iguales ante la ley, sino lo son ante la vida, agregando que la igualdad ante la vida es algo que es necesario conquistar. Es una tarea; no se decreta: “todos son iguales” es una búsqueda. La apertura democrática es una búsqueda de la democracia que no sea una burla para la población.  


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