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Ciencia / OCTUBRE 01 DE 2023 / 4 meses antes

Islas de calor urbano, alertas desde el cielo

Autor : Alejandro Herrera Uribe/ ESPECIAL PARA NUEVA CRÓNICA QUINDÍO.

Islas de calor urbano, alertas desde el cielo

Palpar en la noche la superficie del andén, después de uno de estos días calurosos, acentuados por un progresivo fenómeno de ‘El Niño’, deja sentir la temperatura que persiste en el cemento de las edificaciones y el mobiliario de la ciudad, aún cuando la radiación solar ya no está presente. 

Esta sensación obedece a que las estructuras de hormigón, las cubiertas de diferentes materiales, las fachadas y otros elementos que componen la arquitectura urbana, absorben más calor y lo liberan lentamente, favoreciendo los “flujos de calor sensible” que son aquellos que hacen de la ciudad un reservorio térmico que incide en el aumento general de la temperatura. 

El fenómeno de intensificación térmica en áreas urbanas específicas se conoce como “islas de calor” y contrasta con aquellas zonas en las que predominan los llamados “flujos de calor latente” que, por así decirlo, se dan en otras “islas”, pero esta vez, de “frescura”, es decir, de atenuación térmica, producto de la presencia de relictos boscosos y cubiertas naturales del suelo. 

Julián Garzón, profesor e investigador de la Universidad del Quindío, presentó su tesis doctoral en la Universidad Politécnica de Madrid con una investigación que le mereció la máxima calificación de Excelencia, sobre las islas de calor, como resultado del análisis satelital de los cambios de temperatura registrados en la ciudad de Cartago, Valle del Cauca, en un lapso de 20 años.  

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Las conclusiones de este estudio muestran el comportamiento del calentamiento progresivo y focalizado en las ciudades, algo de lo cual no escapa la capital quindiana y, por supuesto, en mayor proporción, las grandes ciudades colombianas que, de seguir expandiéndose desordenadamente, terminarán por afectar la calidad de vida de los seres vivos que las habitan, principalmente la de los humanos que aumentan su número en el planeta.  

Datos preocupantes

Según la NASA, el incremento de la temperatura global es una combinación de factores que incluyen el calentamiento global, el aumento demográfico y el crecimiento urbano. Durante mayo de 2019 las concentraciones de CO2 en la atmósfera alcanzaron un nivel sin precedentes de 415 partes por millón, respaldando la idea de que el cambio climático acelerado por la acción humana y como resultado del calentamiento global, constituye una amenaza significativa a mediano plazo para la vida.  

En términos del programa de Naciones Unidas para los asentamientos humanos, en la actualidad 4.400 millones de personas integran la población urbana global, y se prevé que para 2050 sean 6.700 millones, lo que refiere un aumento del 52 %. De la misma manera, se proyecta que para América Latina y el Caribe habrá un aumento del 70 % de la población urbana, lo que implica alrededor de 273 millones de personas más, habitando en ciudades, de este lado del continente.  

Para la OMS, el incremento de temperaturas ha sido responsable de cerca de 150.000 muertes al año y de acuerdo con uno de sus últimos reportes de 2018, se proyecta que entre 2030 y 2050, el cambio climático causará alrededor de 250.000 muertes adicionales por año debido principalmente a problemas relacionados con estrés por calor

La expansión urbana no planificada desbordará la capacidad de prestación de servicios públicos con consecuencias ambientales negativas. A este respecto, ONU Hábitat reportó que la tasa de crecimiento anual global fue de 1.8 % entre 2010 y 2020, confirmando que las ciudades son fuertes agentes modificadores del medio natural, afectando las condiciones climáticas.  

A lo anterior se suma que la cubierta natural está siendo modificada por nuevos usos del suelo adaptándose a las demandas de una sociedad en crecimiento, que exige espacios y recursos, poniendo en riesgo los mecanismos vitales del sistema terrestre. Ante este escenario, se identificó la necesidad de desarrollar un modelo que permitiera comprender la variabilidad térmica urbana y establecer los principios de prevención y mitigación de impactos.  

Las islas de calor urbanas vistas desde el cielo 

La constelación de satélites de observación de la Tierra como Landsat-8 y Landsat-9 vinculados al Servicio Geológico de los Estados Unidos, USGS, es una tecnología global para las mediciones del comportamiento térmico de las ciudades, con barridos que pueden darse cada 16 días, pasando por el mismo punto en el planeta, por espacio de décadas, lo cual genera registros históricos para comprender la correlación entre los cambios en la infraestructura de la ciudad y las concentraciones térmicas.   

Es aquí donde cobra un alto valor la Ingeniería Topográfica y Geomática que, desde los Sistemas de Información Geográfica, desarrollan capas de información que permiten producir mapas complejos en varias dimensiones aplicando principios matemáticos y físicos al análisis de datos espaciales.  

Así se establecieron las variaciones en una ciudad como Cartago, con datos periódicos tomados en un lapso de dos décadas, hasta comprender cómo se comportan las islas de calor y, en oposición a ellas, las “islas verdes” que permiten la mitigación de sus consecuencias térmicas.  

En síntesis, conocer en detalle este comportamiento en largos períodos de tiempo ha permitido establecer tasas de acrecentamiento de la temperatura versus expansión urbana, pero también predecir escenarios futuros, para nada alentadores, que demandan acciones a corto y mediano plazo en materia de planeación del desarrollo sostenible.  

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Alternativas de solución 

Finalmente, con base en lo anterior, se ha producido un mapa de recomendaciones de planificación térmica, agrupadas en acciones concretas: intervenir las zonas de alerta de calor, buscando promover allí la creación de entornos naturales; monitorear aquellas zonas que muestran tendencia al incremento de temperatura; fortalecer las áreas de cobertura vegetal que pueden desaparecer, y preservar los ecosistemas preexistentes en las ciudades.   

No cabe duda de que, en el contexto de la transformación hacia ciudades adaptables a la variabilidad climática, la integración de la vegetación es la respuesta para proteger los ecosistemas urbanos. 


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