Cine / OCTUBRE 10 DE 2021 / 3 meses antes

Un camino hacia el perdón y la reconciliación

Autor : Cinema Redrum

Un camino hacia el perdón y la reconciliación

Un documental sigue a un hombre que va en busca de los guerrilleros que mantuvieron secuestrada a su mamá.

El próximo 14 de octubre llega a salas la película del director Iván Guarnizo y del productor Jorge Caballero, un recorrido por los pasos de Beatriz Echeverry, la madre del director, durante su secuestro en las selvas colombianas, una travesía para encontrar a quienes la mantuvieron en cautiverio, pero ante todo un camino hacía el perdón y la reconciliación. 

Esta coproducción de Gusano Films (Colombia), RTVCPlay (Colombia) y Salon Indien Films (España), distribuida en el país por la agencia DOC:CO, muestra como el director Iván Guarnizo y su hermano se enfrentaron al fantasma del secuestro de su madre Beatriz Echeverry, quien durante 18 meses estuvo cautiva en las selvas del Guanía, por parte de las extintas Farc. 

Aunque la familia la recuperó y volvió a perderla en el 2012, por cuenta de un cáncer, su secuestro no fue un tema habitual de conversación entre Iván y su hermano Papeto, quien lo acompaña a lo largo de este documental que recoge los pasos de Beatriz en la selva, en la búsqueda de los guerrilleros que la custodiaron. 

 La decisión de convertir este doloroso episodio de sus vidas en película, la tomó Iván mientras veía la transmisión de la firma de los Acuerdos de Paz en 2016 y se preguntaba qué habría pasado con los jóvenes guerrilleros de los que su madre habló tras ser liberada y si aún la recordarían.  

Lo primero que hizo fue desempolvar el viejo diario que ella escribió en la selva para buscar el rastro que los llevara hasta ellos, a través de las frases que recogían lo que vivió y pensó durante su cautiverio, así como para entender por qué los había perdonado. 

Iván Guarnizo habla de esta valiente y sobrecogedora película, que tiene tanta fuerza en sí misma que obliga a creer en otro mundo posible, en un país reconciliado. Un país en el que no se deshumaniza al otro, donde las preguntas no son un agravio y las respuestas son un derecho que calma el dolor y la ira. Una Colombia donde se puede dialogar con el del otro lado. 

Esta película puede tener muchas lecturas para el público ¿cuál es la suya? 

No quiero restarle importancia al hecho de que los secuestradores cometieron un acto criminal y aunque muchos fueron llevados por las circunstancias y dejaron un rastro de dolor muy grande, lo hicieron conscientes de sus actos. Por otro lado, me cuesta mucho arrogarme cualquier papel representativo, en nombre de todos lo que vivimos esta experiencia, porque cada quien tiene el derecho de vivir su propio proceso, involucre o no el perdón. 

Sin embargo, lo que sí puedo decir, desde un nivel muy personal, es que fue una catarsis familiar, algo inesperadamente bello. La relación con mi hermano se fortaleció, gracias a que por primera vez hablamos de manera profunda y desde tantos ángulos de todo lo que sufrimos. También nos permitió adentrarnos en nuestro dolor, e intentar entender el otro lado, el de los guerrilleros que estuvieron con mi mamá y conocer esos lugares en donde estuvieron, esos territorios de Colombia de los que se habla mucho, pero que poca gente visita. 

¿Qué es lo que quiere transmitir con esta película? 

Que solamente a través del diálogo y la comprensión podremos llegar a algún tipo de reconciliación. Lo digo desde lo personal, en el sentido de que no quiero hacer un relato moral para nadie, solamente hablo de mi proceso, por si le sirve a otra persona que haya vivido algo medianamente parecido. 

Las circunstancias de cada secuestro en Colombia, así como otros hechos victimizantes, son muy diferentes, incluso me he puesto a pensar qué hubiera pasado si mi mamá no hubiera vuelto, si la hubieran matado o hubiese muerto en cautiverio, o desaparecido simplemente. Me pregunto cómo hubiera sido mi reacción tantos años después; no puedo responderlo, tal vez, hubiera sido muy diferente y creo que eso le pasa a muchísima gente.   

Como cineasta, las imágenes son parte de su vida, pero ¿cómo convenció a su hermano de que hiciera parte de esta travesía? 

Mi hermano fue un compañero infatigable. Cuando le dije que quería ir al lugar donde secuestraron a mi mamá para grabar y buscar sus rastros pensé que iba a expresar dudas, pero, por el contrario, enseguida se sumó al proyecto, casi sin dejarme terminar de hablar. 

 En la familia hubo una doble reacción, era el 2017, por un lado, miedo porque la gente decía que las cosas se estaban poniendo mal en los territorios y que era mejor no ir, incluso el hijo de mi hermano manifestó su temor de que también lo secuestraran. Por el otro lado, hubo un consenso emocional de que necesitábamos hacerlo para cerrar un capítulo de nuestras vidas que no habíamos sido capaces de cerrar antes.

¿La percepción de cómo su madre enfrentó el secuestro cambió después de recorrer sus pasos en la selva y ríos colombianos y de hablar con Güerima, su custodio? 

Totalmente, ese fue el hecho fundamental. Leer su diario, ir a los lugares donde estuvo y hablar con quién estuvo, me hizo ver con otra luz nuestra experiencia y su experiencia. Fue comprender a esa mujer y a esa mamá que nos fue privada durante dos años, saber la vida que tuvo y sobre la que solamente podíamos imaginar y elucubrar, a veces de una manera muy oscura. 

Entonces empecé a comprender su día a día, con todas sus contradicciones, el dolor que ella sentía en la soledad, el abandono, la rabia que le daba el no saber qué es lo que estaba pasando, la impotencia… y al mismo tiempo la solidaridad que vivió junto a su primo Julio y los guerrilleros, con quien estableció unos lazos de hermandad, una especie de figura materna que tejió con ellos, especialmente con Güerima. 

Cuando habla de esos lazos que se establecieron, como espectador queda la sensación que de alguna manera los guerrilleros, usted y todos, somos hermanos en esta guerra… 

Creo que, incluso sin haber hecho esta película, siempre hemos sido hermanos. La locura de la guerra nos ha hecho matarnos entre personas que nos hemos podido querer y apoyar. Considero que todo conflicto armado, si lo miramos desde un punto más humanista y más grande, es una guerra fratricida, parricida. 
 

Ficha Técnica 

Dirección Iván Guarnizo 
Producción general Jorge Caballero, Pablo de la Chica 
Producción ejecutiva Jorge Caballero, Rosa Mercedes Ramos, Pablo de la Chica 
Dirección de fotografía Carlos Villaoslada 
Montaje Iván Guarnizo Ariadna Ribas 
Creación sonora y mezcla Alejandro Castillo 
Voz en off Iván Guarnizo 
Guion Iván Guarnizo, Nuria Polo 
Música original Nicolás Muñoz M. - Imán Music 
Sonidista Alejandro Molano .
 


 


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