Cultura / FEBRERO 17 DE 2019 / 1 año antes

"Dos navegantes tras el mascarón de proa": historia de un sueño gestado en el Quindío

“Dos navegantes tras el mascarón de proa”: historia de un sueño gestado en el Quindío

Actuación de los fundadores de Teatro Azul y con la compañía el actor Carlos Serrato.

“Desde hace dos décadas Ximena y Leonardo navegan en el mar de las montañas quindianas”

La cultura es un entramado de manifestaciones artísticas, expresiones y prácticas que hablan de la identidad de una comunidad.  Está conformada por la memoria de aquellos personajes ilustres en diversos campos, que ya murieron, dejando su legado en diferentes artes y oficios. Y se enriquece día a día por lo que gestan los creadores vivos, que son artífices de manifestaciones que dan cuenta de unos rasgos distintivos de su territorio y de una particular lectura de la sociedad en la que viven. 

En mi afición de escudriñar entre recortes de prensa, tuve acceso a unos correspondientes a críticas y reseñas de la obra “Dos Navegantes tras el Mascarón de Proa”, del dramaturgo argentino Rafael Bruza. Con esta puesta en escena, en la que actúan Leonardo Echeverri y Ximena Escobar, fundadores de Teatro Azul, y como actor invitado, el reconocido Carlos Serrato, también de raíces quindianas, abrirán una temporada de conmemoración de 20 años de trayectoria artística, con funciones en su sede el 21, 22 y 23 de febrero.

Recomendado: Teatro Azul de Armenia, 20 años de investigación y creación en el Quindío

En mi indagación descubrí que esta obra fue escrita por Bruza, en una investigación conjunta con Leonardo y Ximena, que estaban adelantando estudios de especialización en la Universidad Nacional del Litoral de Santa Fe, Argentina, como ganadores de la beca Carolina Oramas. Una historia con dramaturgia de un argentino, pero cuenta una historia que habla elocuentemente de nuestra identidad como quindianos y colombianos. En torno a este texto, escribía Bruza:

“Hay dos historias. Las dos son reales. La primera, cuando hace un tiempo me cuentan que una persona, a quien yo conocía hace muchos años, estaba construyendo un barco para cruzar el Atlántico. Las particularidades de la empresa es lo que llamaba la atención.  El barco lo estaba construyendo en San Francisco, ciudad mediterránea, si las hay, en una carpintería de un amigo sin ningún conocimiento de náutica. La otra particularidad residía en que el barco debía ser extremadamente pequeño, ya que la originalidad de la empresa residía en cruzar el Atlántico en solitario y con el barco más pequeño posible. Únicamente alguien anclado en medio de la pampa y que no conoce el mar podía fantasear semejante empresa. Hasta aquí todo quedaba en un gesto de locura.  Pero eran las motivaciones lo que más me impresionó: Quería recuperar a su mujer. Abandonado por ser incapaz de llevar una vida normal, su solución no era adaptarse a la sociedad  sino escapar más lejos de ella. Sin trabajo, piensa igual que Arlt, busca un golpe de suerte que le cambie la vida. La empresa lo hará famoso y la fama le traerá el dinero. Y todo esto traerá a su mujer. Es extraño, me dije, que las grandes empresas tengan motivaciones tan cotidianas.

La siguiente historia, tan real como la primera, es la de dos colombianos (Leonardo y Ximena), a quienes conocía hace muchos años, que habiendo visto nuestros trabajos teatrales, piden una beca en Colombia para venir a hacer un trabajo en el taller de teatro de la Universidad Nacional del Litoral. Es en verdad, otra gran empresa. Bajar por el continente para que alguien en Santa Fe los acerqué al teatro que están buscando y ellos desean hacer. El objetivo no está en Buenos Aires, ni en Europa, sino en una pequeña ciudad de nuestro país. Extraño, me dije, que lo que se busca está en el lugar menos sospechado. Habla de la necesidad de algo que no se puede encontrar en otro lado.”

Le puede interesar: Cultura, oportunidad para los negocios de economía naranja

“Dos Navegantes tras el Mascarón de Proa” es un montaje que habla de los sueños. Y Teatro Azul es más que un grupo teatral, es una máquina para volverlos reales. La ilusión de crear obras que pudieran ser compartidas con personas de muchas latitudes de este planeta azul fue el la motivación de este viaje que emprendieron hace dos décadas Leonardo y Ximena. Tenían el deseo de conquistar escenarios en otros países, pero no soñaban con trabajar fuera de su ciudad, por el contrario, decidieron, en medio del mar de montañas de la capital del Quindío, empezar a construir su sede, un puerto “para crear y soñar constantemente, donde el verde es de todos los colores, incluso azul”.

La palabra sueño, de acuerdo a la RAE, significa “cosa que carece de realidad o fundamento, y, en especial, proyecto, deseo, esperanza sin probabilidad de realizarse”. Dicha definición es antagónica a la que ha incorporado Teatro Azul en su filosofía de trabajo. Porque han acuñado el término soñar, no como desear algo de difícil alcance, sino trabajar todos los días con constancia y resistencia en pos de aquello que se anhela. En medio de la verde geografía quindiana, cuya tonalidad se desdibuja a veces por la aridez para gestar y sacar adelante emprendimientos particulares, en especial de carácter artístico y cultural, su puerto para crear ha logrado ser prolífico, tanto en tiempos de marea y tempestad, como en épocas con vientos a favor.

A propósito de lo anterior, traigo a colación un fragmento de una entrevista que un crítico teatral argentino realizó a Leonardo y Ximena tras el estreno de la obra:

“Emprendimos un viaje cuyo objetivo era conquistar algunos de nuestros sueños. Debíamos llegar a la Argentina, recorrer la gran pampa y sembrarnos allí, en Santa Fe, para trabajar bajo la dirección de Rafael Bruza y con los lineamientos del Teatro Llanura.

La ilusión de realizar este proyecto binacional nació de haber visto dos obras de Llanura que nos cautivaron absolutamente. El teatro como una opción de vida, el teatro necesario que plantea Bruza, ése era nuestro objetivo, y por esa razón nuestro norte estaba en el sur. Y no en Buenos Aires, sino en Santa Fe.

El proceso de trabajo estaba cargado de sueños que logramos volver colectivos y que no permitieron que fuésemos tomados por la desesperanza. Superamos en equipo los pequeños grandes obstáculos de índole económica y conseguimos una producción depurada, sin sacrificar aspectos creativos, teniendo como resultado una escenografía, vestuario y maquillaje de gran calidad, gracias al aporte del vestuarista Carlos Méndez, quien se sumó a este sueño sin escatimar esfuerzos. De igual manera lo hicieron Miguel Novello con las luces y Hugo Drueta con la música.

Vea también: Carlos Serrato es parte de las obras de Teatro Azul

“Dos Navegantes tras el Mascarón de Proa” no sólo pertenece a la dramaturgia argentina sino también a la colombiana. Buscamos borrar fronteras, unir naciones, hacer aportes significativos al teatro contemporáneo, ir en búsqueda de un teatro propio y fortalecer cada día lo sueños futuros. Viajamos arriesgándolo todo en la búsqueda de una ilusión y esos cinco meses de trabajo nos permitieron regresar a Colombia no sólo con una experiencia nueva en el teatro, sino con la satisfacción de haber compartido con un pueblo absolutamente cálido como lo es el argentino.”

La cultura es una construcción colectiva permanente, un compendio de lo que somos, pero también de lo que soñamos. La invitación es a que seamos ciudadanos activos, asistiendo a teatro y haciendo parte de otras dinámicas culturales que se gestan en Armenia, desde diferentes disciplinas artísticas. En particular, recomiendo ver esta obra, que la próxima semana dará inicio a la Temporada “Teatro Azul, 20 años. Retrospectiva de un Teatro Necesario”, porque habla de nosotros, y se constituye en un memorable prólogo de una historia protagonizada por dos quindianos, navegantes soñadores y enamorados de su mar de montañas, en medio de la cordillera central, que hace veinte años se embarcaron en la aventura de dedicar su vida al arte escénico, y no han naufragado en el intento. Como carta de navegación incorporaron en sus mentes y sus almas esta bella oración, que hace parte del texto escrito por el maestro Bruza en el año 2000: “Porque lo que se busca existe, aunque esté más allá de la línea del horizonte”.


Roberto Restrepo Ramírez
Especial para LA CRÓNICA 



COMENTA ESTE ARTÍCULO

En cronicadelquindio.com está permitido opinar, criticar, discutir, controvertir, disentir, etc. Lo que no está permitido es insultar o escribir palabras ofensivas o soeces, si lo hace, su comentario será rechazado por el sistema o será eliminado por el administrador.

copy
© todos los derechos reservados
Powered by: Rhiss.net