Cultura / OCTUBRE 14 DE 2018 / 3 años antes

El 12 de octubre y el arte de América libre del maestro Matiz

El 12 de octubre y el arte de América libre del maestro Matiz

Al artista cafetero lo han valorado por ser el único que ha conservado la esencia histórica del nefasto descubrimiento del continente americano.

Hace 20 años, en Armenia, asistimos a la sala de exposiciones Roberto Henao Buriticá de la gobernación del Quindío a la inauguración de una muestra artística bien interesante. Se trataba de Identidad Cultural Quimbaya, compuesta por 50 esculturas de rostros, elaborados de arcilla, y ataviados ellos con los adornos ceremoniales y jerárquicos de aquellos seres que poblaron nuestro territorio antes de la llegada invasionista de los ibéricos.

Su autor, Gustavo Muñoz Matiz, había alcanzado con esa obra, el premio nacional a la creación Colcultura en 1997. En su plegable de presentación afirmaba lo siguiente: “La esencia más auténtica y original de la identidad colombiana está hoy más que nunca en peligro. El irracional proceso de cambio al que estamos sometidos va debilitando, disolviendo y reduciendo a empobrecidos estereotipos comerciales, nuestra riqueza patrimonial. Solamente desde la valoración y recuperación consciente e ilustrada de los rostros fracturados, de nuestras identidades regionales, será posible jalonar e inducir a la creatividad y el desarrollo contemporáneo de la identidad nacional como bien cultural al cual todos tenemos derecho”.

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El maestro Matiz es el único artista quindiano que ha conservado la esencia histórica del nefasto descubrimiento de América, con sus consecuencias funestas en las poblaciones diversas, retratada en sus obras pictóricas a través de una plástica de la resistencia que nos muestra a esos seres, hombres y mujeres de hoy, en posición de vida y de libertad. 

Pero también aparecen en sus pinturas la naturaleza de aquellos protagonistas y los rostros sufridos de otros, como el niño campesino y el arriero de estas tierras. Al fondo, las montañas que sobresalen en una apariencia de grades cúpulas, nos recuerdan sus puntas del sufrimiento.

No obstante, lo más sobresaliente de su obra está en recordarnos a la “América libre”. Así se titula la más vivaz de sus pinturas, representada en una mujer que se levanta entre el follaje y que es exuberante en su cabello y en sus hálitos de movimiento.

Todas las obras de Matiz presentan el espíritu del renacimiento, como lo confirma Renacer, el mural que se encuentra en la entrada de la cámara de comercio de Armenia y que se dirige al mensaje de un despertar, como el ave fénix, de la Armenia destruida en el terremoto de 1999. O como lo perfiló el “Monumento a la Solidaridad Mundial”, que solo quedó proyectada en boceto, y que reúne todos los símbolos quindianos y humanos de la gratitud del pueblo de Armenia a la solidaridad del mundo en su desgracia de ese año.

En Identidad Cultural Quimbaya, que hoy se encuentra al interior del colegio Rufino José Cuervo Sur de Armenia, el maestro Matiz logró plasmar en aquellos rostros la característica del chamán, del cacique, del guerrero y del sacerdote. Cada rostro “es una pieza única e independiente con facciones de personalidad e individualidad en el que se marcan incluso edades y fortalezas y que presentan además las connotaciones espirituales”.

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Es tan detallista y bien elaborado el conjunto escultórico, que logró dejar en ellos un aspecto que muchos antropólogos forenses han demostrado sobre los rostros de nuestros indígenas quimbayas. Se trata de la deformación craneana intencional. Matiz tuvo entre sus manos diversas piezas óseas de cráneos humanos prehispánicos que conservaba un guaquero de 80 años de edad, Luis Enrique Echeverry. A partir de aquellas evidencias, reconstruyó el rostro Quimbaya, con procedimientos de medición antropométrica y luego, con el empleo de arcillas de la región para la reproducción de las 50 piezas. Ellas fueron colocadas en bases de madera con marco y tapa de guayacán, formando urnas de 25 por 25 centímetros, con sus cuatro vidrios laterales, que permiten apreciar cada rostro.

Este fue un homenaje a los hombres amerindios, vigente cada 12 de octubre, cuando se recuerda la fecha aciaga de su declive y de la actual situación de sus descendientes, cada día más lacónica.

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El artista también fue docente en Armenia, la ciudad donde había nacido y muchos de sus alumnos lo recuerdan hoy cuando hizo parte del Instituto de Bellas Artes de la universidad del Quindío y del Taller de Artes San José Carpintero del colegio San José de los Hermanos Maristas. También adelantó estudios de anatomía artística con el maestro Rodrigo Arenas Betancourt y de caricatura política con el maestro Arlés Herrera, más conocido como ‘Calarcá’.

Expositor permanente de su obra artística desde 1984, Matiz debió ausentarse de Colombia desde la época posterior al terremoto de Armenia y hoy está exiliado en Europa.


Redacción
LA CRÓNICA



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