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Cultura / OCTUBRE 22 DE 2022 / 1 año antes

La magnífica historia que alberga el Jardín Arqueobotánico, lo nuevo del Museo del Oro

Autor : Ciro Andrés Pérez / Especial para LA CRÓNICA

La magnífica historia que alberga el Jardín Arqueobotánico, lo nuevo del Museo del Oro

Entrevista con Carlos Eduardo López Castaño sobre cómo los jardines se convierten en referentes de las mayores transformaciones generadas por la presencia humana.

El Museo del Oro Quimbaya reabrió sus puertas después de 3 años de restauración de sus espacios. Uno de los nuevos servicios que trajo la reapertura de este centro cultural fue el Jardín Arqueobotánico. Carlos Eduardo López Castaño es uno de los investigadores que hizo posible este proyecto. 

López Castaño es antropólogo egresado de la Universidad Nacional de Colombia con título de maestría y doctorado obtenidos en la Temple University de Filadelfia, ha dedicado su trabajo al estudio arqueológico de los primeros ocupantes que habitaron el territorio colombiano y a la investigación ambiental desde una perspectiva histórica. Es profesor de la facultad de Ciencias Naturales en la Universidad Tecnológica de Pereira, institución en la que labora desde hace 21 años. Ha colaborado en proyectos, conferencias, simposios e investigaciones con el Banco de la República y el Museo del Oro Quimbaya. 

Él habló acerca del proceso de investigación y la importancia del Jardín Arqueobotánico. 
  
¿Qué es el Jardín Arqueobotánico y cómo nace la idea de diseñar un espacio como este? 

Con el Museo del Oro Quimbaya hemos colaborado en distintos ciclos de arqueología, entre ellos, uno que denominamos “ecología histórica”, la cual nos permite entender los cambios del ambiente en una perspectiva de larga duración. Uno de los temas que se investigan es el de la relación de los seres humanos con las plantas, esto es, la manera como los primeros pobladores que llegaron al territorio, hace unos 10.000 años atrás, empiezan a tener un vínculo directo e indirecto con el manejo y la selección de ciertas plantas de interés alimenticio y para sus necesidades diarias y medicinales.

Para el caso específico del Jardín Arqueobotánico se aprovechó una serie de estudios que se han realizado en el laboratorio de Ecología Histórica de la Universidad Tecnológica de Pereira. Por “arqueo” se entiende el estudio del pasado y “botánico” no solo desde una perspectiva meramente biologicista, sino también desde la relación y el uso de las plantas por parte de los seres humanos. El jardín pretende ser escenario de una serie de paisajes diferenciados que permitan generar una vegetación tupida para recordarle a los visitantes que estos territorios eran bosques surtidos con plantas y raíces tales como el sagú, la achira y otros que están allí presentes. La idea es hacerle un recorrido al público por un espacio temporal para que empiece a ver las diferentes plantas, reconocerlas, valorarlas y entender su vitalidad. 

¿Cómo se hace para determinar la cronología de esta variedad de plantas y su domesticación a lo largo de la historia?

Se usan varias técnicas y métodos arqueológicos que se corroboran por medio de análisis del carbono 14. Por una parte, se analizan los contextos y algunos elementos que son anteriores a la cerámica realizada por los grupos humanos que habitaron esta región, que en esta zona tiene alrededor de 2.000 o 2.500 años de antigüedad, mientras que los seres humanos estamos aquí desde hace unos 10.000 o 12.000 años. Muchas veces los hallazgos están ocultos entre las cenizas provenientes del sistema volcánico tales como el Cerro Bravo o Cerro Machín, que hacen parte del Nevado del Ruiz o del Tolima. 

Eso ha tenido unos impactos en el paisaje que han provocado que el ser humano tenga que convivir con esos procesos eruptivos. Esas erupciones, sin embargo, generan unos suelos muy sueltos que retiene humedad y que se presta mucho para el cultivo de plantas. Por eso se plantea que este es uno de los sectores donde se empieza a desarrollar con más dinámica los primeros cultivos y el manejo de plantas. 

Este proyecto es, en realidad, la suma de más de 30 años de investigaciones nacionales e internacionales que se han fortalecido, sobre todo, en los últimos 20 años.

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¿Es cierto que se descubrió que algunas plantas que se creían cultivadas solo en Centroamérica o Perú también eran cultivadas aquí en la región desde hace mucho tiempo?

Efectivamente hay algunas evidencias de plantas que se van encontrando en los contextos arqueológicos. Como se sabe, existen muchas plantas que se utilizan de manera cotidiana, pero no sabemos realmente su antigüedad. Cada investigación arqueológica en esta línea puede empezar a revelar el marco temporal de los hallazgos. Con el aguacate, por ejemplo, se tienen unas fechas de más de 9.000 años de uso que no necesariamente tienen que ser plantas cultivadas porque pueden ser muy silvestres, pero de alguna manera su uso se va trazando en el tiempo. 
 
¿Qué otras preguntas surgen con este trabajo? ¿Cómo se proyecta en el futuro? 

Hacia el futuro, el museo puede ser un referente internacional que, ligado con las universidades, puede continuar profundizando en estudios por esta línea. El próximo año se tiene pensado realizar un seminario internacional con algunos de los autores más destacados en estos temas, lo cual puede motivar a investigaciones más técnicas que implican procesos complejos desde las subdisciplinas como la “paleoecología”, hasta el desarrollo y la motivación de los custodios de semillas que muchas veces siguen encontrando nuevas especies de plantas y plantas silvestres que también tienen que pasar al estudio de laboratorio. Es, entonces, un diálogo muy productivo que a mediano plazo puede dar muchos frutos. 
 
¿Por qué cree usted que es importante visitar el Jardín Arqueobotánico? ¿Qué le diría al público?

Visitar el jardín será muy importante porque, primero, sí hay un cambio en relación con el modelo del mismo museo, pues si bien Rogelio Salmona imaginó espacios exteriores potentes complementados con jardines, aquí llevamos un poco más allá la idea de Salmona, ya que lo que se busca es que estos jardines no sean sólo elementos estéticos, sino que se conviertan en referentes de las mayores transformaciones generadas por la presencia humana. 

Además de eso, el visitante podrá valorar la singularidad del Paisaje Cultural Cafetero, que más que café, puede ser vista como una cultura que se ha instalado en torno a una herencia agrícola, marcando además la importancia de la presencia campesina y dejándonos entender que estos conocimientos no sólo pertenecen a la ciencia pura, sino que también hacen parte de ese diálogo de saberes con la tradición que nos permiten mirar hacia el pasado y proyectarnos hacia adelante, además de afianzar el conocimiento de esas mismas plantas que consumimos.

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