Cultura / MAYO 05 DE 2018 / 3 años antes

Los niños y niñas en la obra artística de Olga de Chica

Autor : Roberto Restrepo Ramírez

Los niños y niñas en la obra artística de Olga de Chica

Olga de Chica, con sus niños como aliados en las escenas pintadas, refleja en sus cuadros el estilo nativo de forma sincera.

Sus expresiones pictóricas son una verídica lección de vida, de juegos infantiles y de las costumbres.

La pintora primitivista quindiana Olga de Chica no solo será recordada por sus campañas benéficas a favor de la niñez del mundo, gracias a la donación que hizo de varios de sus óleos para la reproducción de ellos en postales universales de Unicef. Los hermosos cuadros que dejó son ellos mismos un homenaje a los niños del Eje Cafetero y de Colombia. Cada trazo, cada color, cada figura, cada personaje infantil de su obra es un retrato de su infancia.
 

El paisaje cafetero de Olga de Chica

Nació en 1921 en Filandia y murió en Manizales el 16 de diciembre de 2016, coincidencialmente el día que empieza la jornada de novenas de Navidad. Sus expresiones pictóricas son una verídica lección de vida, de juegos infantiles y, por supuesto, de las costumbres campesinas del Paisaje Cultural Cafetero. Se tiene por cierto que ningún artista había logrado en sus cuadros tales remembranzas y marcas de identidad. (Vea: Murió doña Olga Alba de Chica, la artista de la infancia)

Si algo ha caracterizado la celebración del día del Niño en las últimas décadas eso se aprecia, en los últimos días de abril, con las celebraciones comerciales, el reparto de golosinas y regalos y hasta la presentación musical masiva de artistas y compositores de los temas que —aunque también gustan a los niños— son más del ámbito de adolescentes y jóvenes. Aquellas situaciones que alegraban la muchachada, como los convites, los paseos escolares y hasta la ‘sacrificada’ del marrano que algunos establecimientos educativos realizaban a la vista pasmosa de los niños, quedaron en el pasado.

Recomendado de archivo: Olga de Chica, artista de Filandia y del Paisaje Cafetero, a un año de su muerte

Por eso, es grato encontrar un libro editado por la familia de esta pintora, unos meses después de su fallecimiento. Se titula El paisaje cafetero de Olga de Chica, del escritor salamineño Fernando Macías Vásquez —Hoyos Editores, Manizales, 2017—. No es un catálogo de arte más, es en esencia otro libro hecho para grandes y chicos. Especialmente para éstos seres que —como los colores de sus muchas reproducciones de las páginas interiores— nos llenan de alegría ante el gusto de su visualización.

Olga de Chica se deja ver en sus cuadros reproducidos en la obra, así como Macías encontró en ellos al niño apasionado por el color, los cerditos, las flores, las aves de vuelo y de corral y tantos detalles que reflejan la vida rural de la infancia. Por eso no duda en calificar que “su pintura auténticamente ingenuista brotada de un corazón puro y de una mente desprovista de cualquier alarde, con una sencillez que solo pueden poseer las almas iluminadas, hace tornar los ojos a los pueblos de la montaña, a sus callecitas musicalizadas con el murmullo acogedor de sus habitantes que gastan sus vidas inmersos en costumbres locales”.
 

Los juegos de antaño

Los motivos de la infancia están incorporados a la integralidad de sus cuadros. Ninguno ignora la escena de la niñez, y si ella no está presente en figuraciones directas, se expresa en detalles superlativos, como los animales de corral, o en los infaltables escarabajos que suben por los troncos de los árboles. Y hasta en las mariposas de todos los tamaños y variados tonos cromáticos.

Los niños y niñas son tratados con sumo respeto representativo. Se ven acompañando a sus padres en las labores diarias, tomados de la mano de sus madres, jugando rondas, presenciando los animales domésticos, portando sombreritos, ruanitas y vestidos de colorines, compartiendo labores tradicionales, recordando con su figuración los juegos de antaño. En vuelos de cometas, correteo de gallinas, en recogida de flores y meciéndose en sus columpios, entre otras faenas, los niños protagonistas hacen de este libro de imágenes un mosaico de fantasías. Cual texto infantil de ricas láminas, es una obra que invita a soñar de nuevo.

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Olga de Chica, con sus niños como aliados en las escenas pintadas, refleja en sus cuadros el estilo nativo de forma sincera y, como lo señalan sus críticos, busca con él “conmover al público con el mundo candoroso y puro que expresan sus formas y colores”.

El éxito de su arte, como que sus cuadros están en muchas colecciones particulares del mundo o en pinacotecas de entidades diversas, estriba en que todos reflejan la colombianidad en sus matices. Y ese sentimiento de ser nacional es también —como los niños de este país— de simplicidad y de espontaneidad hasta en los puntos más pequeños.

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Desde la premisa de considerar a sus alumnos como pedagogos que son de formadores de seres humanos y como “escultores de sensibilidades”, el programa de licenciatura de educación preescolar de la universidad de San Buenaventura Medellín, Extensión Armenia, celebró la Semana del Niño, la cual culminó con un taller basado en la presencia de los infantes en la obra artística de Olga de Chica. Se recordó en esta y otras actividades, y a través de varias conferencias y conversatorios, el aspecto neuropsicológico —a cargo de David Arturo Cubillos—, talleres artísticos y lúdicos, los temas de los derechos de la infancia y la faceta amplia de las “cien miradas de los niños” y el reto de la educación infantil, intervención ésta a cargo de la directora del Icbf Quindío.

Celebración académica dirigida no solo a los niños, sino a sus futuros maestros y que son también como “artistas a quieres se les entrega la piedra o el lienzo para que produzcan una obra de arte”. En otras palabra , —y extensivo a quienes también somos padres— “se nos entregan seres humanos para que les ayudemos a cultivar su sensibilidad”.


Roberto Restrepo Ramírez
Especial para LA CRÓNICA



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